La caída de Illia: la república perdida

Austero, pacífico y democrático, tenía cifras muy interesantes para mostrar de su gobierno

Luis Beresovsky

El 28 de junio de 1966 fue derrocado por Juan Carlos Onganía don Arturo Umberto Illia, presidente que ganó las elecciones realizadas el 7 de julio de 1963 y que fue una salida posible a la encerrona de los militares por la proscripción del peronismo.
De todas formas, éste se presentó con posibilidades por el voto en blanco ordenado por el líder justicialista desde Madrid, pero perdió frente al 25% (casi 2.500.000 de votos) de la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP), al igual que Oscar Alende, por la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) -Arturo Frondizi estaba preso- y el general Pedro Eugenio Aramburu, de la Unión del Pueblo Argentino (Udelpa).
Pero por la existencia de Colegio Electoral, don Arturo ganó en esa última instancia, por mayoría.
Cumplió estrictamente sus promesas electorales, anuló los contratos petroleros que entregaban el patrimonio nacional a capitales extranjeros (patrimonio que luego privatizó el gobierno de Carlos Menem).

Pese a que levantó la proscripción del justicialismo -con el sello de Unión Popular este movimiento ganó las elecciones legislativas de medio término de 1965 con 2.828.698 votos, seguido por el partido del presidente muy cerca con 2.676.853 sufragios, 587.790 del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID, nueva agrupación de Frondizi) y 329.458 de la UCRI de Alende-, el peronismo lo jaqueó por todos los frentes con órdenes estrictas llegadas de Puerta de Hierro, usando izquierda y derecha (que se disputaban la conducción partidaria) para impedir que el presidente pudiera gobernar.
La Confederación General del Trabajop (CGT) conducida por Augusto Vandor ocupó 11.000 fábricas y participaron en esas tomas 3.193.000 trabajadores.
Pero Illia no era sólo un hombre bueno, austero, pacífico y democrático que cumplía sus promesas. Tenía cifras muy interesantes para mostrar de su gobierno.

Fomentó la industria nacional, destinó 23% del Presupuesto nacional a la educación (según algunos, la mayor cifra en la historia del país), bajó la desocupación, disminuyó la deuda externa, llevó adelante un plan de alfabetización y se sancionaron las leyes de Salario Mínimo, Vital y Móvil (que recuerdo personalmente que fue reivindicado por Agustín Tosco) y de Medicamentos (también llamada Oñativia).
El Banco Central contaba en sus arcas 363,6 millones en oro y divisas contra 323,4 con los que se encontró. Además de muchos logros más en materia social y económica.Illia gobernó sin intervenir una sola provincia, con amplia libertad sindical y política. Sin un solo día de Estado de sitio, pese a la virulencia sindical.
Pero Perón se peleó con Vandor, Onganía fue desplazado como jefe del ejército y estos dos comenzaron a trazar un plan para destituir al presidente constitucional, quien había logrado una libertad de prensa tan absoluta, que hasta fue víctima de ella.
Las fuerzas armadas dan otro golpe de Estado y, a partir de allí, es nombrado presidente provisional Juan Carlos Onganía, quien asume con la presencia de Vandor y toda la cúpula sindical peronista. Comienza una escalada violenta, que todavía tiene sus efectos. Se cerraron las universidades y se asesinó en Córdoba a Santiago Pampillón. Se prohibió la actividad de los partidos políticos y se implementó una política económica totalmente antipopular.
Comenzó a actuar la guerrilla tucumana en Taco Ralo, luego el Movimiento Revolucionario Peronista y el Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara.
Perón asumió como propia la “guerra revolucionaria”, la estimuló desde Madrid y el 5 de abril de 1969 se inició la acción a gran escala al ser asaltado un escuadrón del Regimiento Patricios que efectuaba maniobras en Campo de Mayo.
A partir de allí y hasta fines de 1974, se realizaron 533 asesinatos, 320 heridos, 386 ataques por sorpresa a unidades policiales y militares, 168 tiroteos, 52 ocupaciones de pequeñas ciudades, 155 robos a bancos, 811 explosiones mayores y 185 secuestros por medio de los cuales se cobraron como rescate aproximadamente 35 millones de dólares.
En esas víctimas no se incluyen las producidas el 20 de junio de 1973 con el retorno de Perón, que habría dejado un saldo de incontables muertos y centenares de heridos (de lo cual fui testigo presencial).
Para ejecutar la acción revolucionaria y terrorista se organizaron “formaciones especiales” del peronismo (Montoneros, FAR y Fap) y del trotskismo (ERP).
Luego vino el Cordobazo, que debilitó económicamente a Onganía e hizo renunciar a su ministro estrella, Adalbert Krieger Vasena, quien había implementado una política económica tan nefasta que hubo que quitarle dos ceros a la moneda. Durante el Cordobazo, murieron Máximo Mena y otros estudiantes y trabajadores. Estas puebladas se reprodujeron con igual resultado en todo el país.
Luego, el 30 de junio de 1969 se dio muerte a Vandor en su despacho de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), y el 29 de mayo de 1970 fue secuestrado y muerto Aramburu, al cumplirse el primer aniversario del Cordobazo.
Perón desde España expresó: “Estoy completamente de acuerdo y encomio todo lo actuado”. Esto debilitó definitivamente a Onganía, quien renunció.

Pero las acciones violentas de la guerra revolucionaria que Perón propiciaba desde España no cesaron.
El 27 de agosto de 1970 fue asesinado el secretario General del gremio del vestido, José Alonso. Posteriormente, un pronunciamiento del caudillo desde Madrid aprobó dicha acción.
Y como ratificación de su apoyo, Perón nombró como su delegado personal en lugar de Paladino a Héctor J. Cámpora, a Juan Manuel Abal Medina (hermano del ejecutor de Aramburu) al frente del Partido Justicialista, y a Rodolfo Galimberti frente a la Juventud Peronista. La dictadura, en este caso presidida por Alejandro Agustín Lanusse -luego de un fugaz paso del ignoto Roberto Marcelo Levingston- respondió con métodos igualmente violentos e ilegales. Así se produjo la masacre de Trelew, en la que un grupo de guerrilleros huyó de la cárcel de Rawson y otro no pudo hacerlo. A estos últimos los fusilaron, fingiendo un intento de fuga.
Lo que siguió es historia conocida y culminó con la peor dictadura de la que se tenga memoria. Pasando por el asesinato de otros dirigentes sindicales como Rogelio Coria y José Rucci, el Navarrazo, la Triple A, el Rodrigazo, López Rega, el asesinato de Atilio López, la muerte de Agustín Tosco y otros males que afectaron el país.
En suma, el gobierno de Illia no sólo fue desplazado injustamente, porque era pacífico, democrático y eficiente, sino porque vino después de su caída todo el accionar que tiñó de sangre el país, despedazó nuestra economía y condenó a la pobreza a millones de compatriotas.

(*)Periodista

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