Sólo el 7,5% de los socios de grandes bufetes de abogados son mujeres

Mientras la feminización de la profesión sigue creciendo y ellas superan en un 10% a la cantidad de hombres que egresan de Abogacía, tan sólo el 7,5% de los socios de los grandes bufetes del país son mujeres. En este ámbito, apenas una de cada 20 llega al nivel superior.
Entre los atributos que inciden para la movilidad dentro de la jerarquía organizacional se destacan la antigüedad, especialización, logros académicos, idiomas y la vinculación con el extranjero.
La desigualdad de género hacia el interior de estas empresas jurídicas -que reúnen cada una en su seno más de 50 profesionales- fueron reveladas por una investigación del Centro de Investigaciones Jurídicas y Sociales (CIJS) de la Facultad de Derecho de la UNC, llevada adelante por María Inés Bergoglio, especialista en sociología política.
Para este estudio se reunieron datos sobre 1.222 abogados que trabajan en la 12 principales firmas jurídicas del país, todas con sus oficinas centrales en Buenos Aires y la mitad de ellas con más de 50 años de trayectoria.

El perfil de la composición de estas modernas organizaciones indican una fuerte presencia de jóvenes: el 75% tiene menos de 40 años y fueron reclutados principalmente en los estratos medios y altos, dato que surge por la alta presencia de graduados en universidades privadas. Además, el 92% de los integrantes maneja al menos dos idiomas y una cuarta parte de ellos puede comunicarse en tres o más lenguas.
“Especialización y salarización crecientes subrayan el distanciamiento de los nuevos abogados respecto del tradicional perfil de la profesión. Las grandes empresas jurídicas se convierten en un sector innovador dentro de la profesión, un atractivo como espacio laboral para los jóvenes. Su estilo organizacional es percibido como un modelo y medianos y pequeños despachos imitan su forma de trabajo”, señala Bergoglio en su estudio, relevado en 2007 y recientemente publicado en un Anuario del CIJS.

Llegar a ser

La antigüedad es el criterio más fuertemente relacionado con las posiciones jerárquicas. “En promedio, los socios tienen 46 años de edad y 22 de experiencia profesional. Por su parte, los asociados, generalmente apenas por encima de los 30, tienen siete años de actividad laboral”, diferencia Bergoglio respecto de los posicionamientos dentro de la firma.
Por otro lado, los logros académicos y publicaciones realizadas son atributos de gran peso para llegar a ser socio, como así también la realización de posgrados o prácticas en el exterior.
Entre los datos que aporta el estudio, de la generación que tiene hoy entre 40 y 50 años, sólo una de cada cuatro mujeres ha estudiado en el cuarto nivel, mientras que la mitad de los hombres de esa franja etárea lo ha hecho.
Aunque el modelo organizacional de las grandes firmas es visto entre los más innovadores de la actividad jurídica, que renuevan los estilos del ejercicio abogadil generando altos ingresos, las desigualdades de género se siguen reproduciendo y parecen tener raíces en restricciones vigentes en el pasado (ver gráfico).

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