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“En psicoanálisis se habla de la posibilidad de un amor digno”

La psicoanalista Laura Pepe aceptó la invitación a pensar sobre este tema, en una época de sitios online de citas, altos niveles de violencia y avance de los feminismos con relación a la igualdad de género

 

Luz Saint Phat
lsaintphat@comercioyjusticia.info

Las vidrieras comerciales y las publicidades de distintos lugares del mundo muestran esta semana una referencia al Día de San Valentín o Día de los Enamorados, que se festeja cada 14 de febrero.
No obstante sus orígenes religiosos y su devenir en fecha comercial, este momento del calendario puede también propiciar la reflexión sobre los lazos amorosos, en una época caracterizada por el uso de sitios online de citas, por los altos niveles de violencia, y también por el avance de los feminismos con relación a la igualdad de género.

Laura Pepe es licenciada en Psicología, psicoanalista y coordinadora de Contingencias Espacio Terapéutico y aceptó la invitación de

Comercio y Justicia para dialogar sobre este tema.
¿Cómo puede definirse el amor desde la perspectiva del psicoanálisis?

-En primer lugar, vale señalar que es difícil dar una definición unívoca y abarcativa porque, como sabemos, es un tema que toca una multiplicidad de factores que no llegaríamos a nombrar. Sin embargo, es posible comentar algo de las lecturas y aportes desde el psicoanálisis. Al respecto, me parece oportuna una frase de Sigmund Freud: “Si amas sufres; si no amas, enfermas”. Creo que ahí tenemos una primera aproximación al tema. Al consultorio llega tanta gente sufriendo por amor, con distintas cualidades en su enunciación: el amor “de su vida”, “de lo mal que la pasa cuando se enamora”, de los “desengaños”, de la ilusión del “para toda la vida”. En este sentido, es una orientación pensar el amor como una modalidad, dentro de las pasiones del ser, que sirve para tocar al otro, para llegar de algún modo, para hacer lazo.

Freud ubicó el amor de transferencia como el motor y obstáculo de una cura. Entonces, lo propiamente psicoanalítico tienen que ver con esta vía, la amorosa, por la cual acceder al otro.
Resulta interesante, por otra parte, cómo Jacques Lacan retoma esta cuestión pero haciendo especial hincapié en el lenguaje. Entre uno y otro se encuentra el muro del lenguaje, por
el cual podemos acceder y, a la vez, estamos impedidos de encontrar la totalidad de un encuentro con el otro, ya que estamos, cada uno, sujeto al lenguaje y a la propia singularidad.
Específicamente, con relación al amor de pareja, podríamos precisar la causa de amor, a lo que moviliza y despierta. En este punto, resulta interesante ubicar que la causa para alguien puede ser cualquier motor que implique encender, despertar el amor.
En esta línea, considero que en este tema, muchos paradigmas han incidido dejando marcas, especialmente aquellos que abonan en la cuestión de “dos que hacen uno”, la “media naranja”, esa ilusión de completud del enganche. Pero el psicoanálisis se ubica de manera diferente y propone pasar a otra cosa para no quedar presos de esos espejismos, de esa creencia/ilusión en la complementariedad entre dos. En psicoanálisis se habla de la posibilidad de un amor digno, como aquel que está advertido de que existe la castración. Hay encuentros y no es por combinación genética ni por citas on line que hagan coincidir mágicamente todos los gustos de uno y de otro. No hay garantías, sí encuentros contingentes. No sabemos cómo, cuándo, ni qué del otro nos
puede enamorar, causar, movilizar; sólo sucede.

Vivimos en tiempos de elevada violencia; ¿qué espacio le queda al amor?
– Me parece oportuno ubicar, como nos enseña el psicoanálisis, que el concepto del amor toca al odio. No se trata de opuestos. En la relación con el vecino, el amigo y la sociedad en general, pero especialmente en la relación con uno mismo. El amor enmascara ese núcleo pulsional. La función del amor sería la de habilitar un espacio en el cual pueda prescindirse del narcisismo propio y así, hacer lazo con otros y con lo propio de uno que no agrada, que genera rechazo. Entonces, en dirección a la propia incompletud, la parte que genera desconcierto de uno mismo es donde habría que revisar la incidencia de la violencia para cuestionar qué posibilidades existen para tolerar al otro, al diferente. Así como también replantear o encontrar una manera propia de vivir lo desarticulado. El trabajo del amor se funda en tolerar los signos de lo diverso.

El Día de los Enamorados es una fecha en la que usualmente se celebra el amor erótico o el de pareja ¿Es posible pensar el amor en otros lazos?

-Claro, desde luego hay varias formas de amor y hay varias formas de amar. Considero que al amor como el lazo que permite una transmisión, una construcción entre amigos, compa-
ñeros, parejas, padres, abuelos. En uno de sus seminarios, Lacan aborda el tema recurriendo a las posiciones del amante y del amado. En esta cuestión plantea que es del orden del milagro cómo sucede el encuentro y aquí se ubica algo del consentimiento, que es uno de los aspectos esenciales. También existe el amor al cine, a los libros, a animales, a las tecnologías. Hay muchas formas de amor que funcionan como causa.

– ¿Se puede considerar que los feminismos están permitiendo hoy una reelaboración del concepto tradicional de amor?

– Pienso que los feminismos insisten en una reelaboración de diversos conceptos, no sólo en el tema que nos convoca hoy. En el campo del amor, intentan cuestionar lo que culturalmente conocemos como la versión romántica y heterosexual. Esa versión impuesta en la que el príncipe azul que va a salvar a la doncella del peor enemigo. Estos movimientos buscan trastocar la norma establecida (pre-histórica) y generar o visibilizar otras formas.

¿Se puede trabajar a favor de la construcción de una sociedad “más amorosa”? ¿En qué puede aportar el psicoanálisis?
En el encuentro con el otro, ya sea en el amor o el odio, siempre hay que vérselas con lo diferente. La alteridad, otredad, es inherente al ser humano porque hablamos y estamos inmersos en el mundo del lenguaje. Lo ajeno, no sólo en el sentido del otro diferente de mí sino lo otro de uno mismo, aquello que uno no acepta de sí, genera conflicto, insatisfacción, molestias. Estar advertidos del propio deseo, de la propia inconsistencia, a la par que aceptar la diferencia y procurar un saber hacer con eso, son ejes por donde orientarnos desde el psicoanálisis. Saber que no hay encastre perfecto, que no hay un destino final ya programado. Esto también permite pensar que no es de una vez y para siempre sino que se va construyendo, armando, rearmando, mientras se pueda y ajustando el GPS cada vez.

Cuestión de época
DEL IMPERATIVO DE LA FELICIDAD A LA RECETA PROPIA

“Uno de los signos de la época tiene que ver especialmente con el peso del imperativo, lo impuesto en diversos aspectos de la vida.

Hay que ser felices, hay que viajar, hay que estar en pareja. El problema está cuando se pierde de vista lo que significa para cada quien y cuando la intención de concretar se vuelve una obligación, una check list”, indicó Pepe. “En este terreno, resulta importante ubicar que, mientras más imperativo, menos posibilidad hay que surja algo del orden del amor. Sólo es posible amar cuando no estamos del lado del deber, de la exigencia, de la orden estricta que hay que cumplir”, agregó.

“El discurso analítico propone la apertura hacia el ‘no hay’, en el sentido de que no hay recetas hechas a medida para cumplir el objetivo de la felicidad que la época, de la mano del mercado, impone”, dijo.

Comentarios (2)

  1. María Eugenia Pepe dijo:

    Muy buena nota! Gran psicoanalista. A repensar el amor en todas sus manifestaciones! 👏

  2. Romina minod dijo:

    Excelente, precisa y relanza a pensar y seguir trabajando sobre nuevos aspectos. Felicitaciones!!!

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