Vaca Muerta, ¿rumbo a la paradoja de la abundancia?

Por Marcos Leonardo Zerpa* - Exclusivo para Comercio y Justicia

Aquellos países con abundancia en recursos naturales, como Argentina, poseen ventajas comparativas naturales para la especialización, producción y exportación de commodities. Pero, ¿esta ventaja comparativa es beneficiosa para la sociedad y el país en sí?

La teoría clásica indica que sí, pero a lo largo de la historia encontramos que países o regiones con mayores dotaciones de recursos naturales crecieron más despacio que aquellos que carecen de esta riqueza de la naturaleza. Un caso emblemático fue conocido como “La Enfermedad Holandesa” en la década del 60, tras el hallazgo de una gigantesca reserva de gas cerca del Mar del Norte en los Países Bajos. También podemos citar el caso del petróleo en Venezuela o, más contemporáneamente, la guerra civil que desato el boom de piedras preciosas en Sierra Leona.

Pero la inquietud es, ¿por qué estos países con ventajas comparativas sobre el resto, no logran capitalizar la abundancia en recursos naturales y traducirlo en un desarrollo más acelerado de su sociedad? A su vez, en Vaca Muerta, Argentina tiene la segunda reserva mundial de shale gas. Con tanta abundancia; ¿podrá evitar dicha paradoja y la temida maldición de los recursos naturales?

Difícilmente un gobierno encuentra objeción a explotar y exportar sus recursos naturales a gran escala, ya que seguramente significaran la mayor fuente de ingreso del país, como también los empresarios de las industrias satélites de dichos recursos se verán beneficiados al intensificar sus actividades.

Pero el olor a conflicto empieza a percibirse en otros estratos de la sociedad; el sector manufacturero y agrario ve socavar poco a poco su fortaleza competitiva. El abrupto ingreso de divisas producto del nuevo boom exportador tensa el tipo de cambio local, impulsando la moneda domestica a una revalorización. Esta apreciación, beneficia las importaciones y afecta la competitividad del sector exportador tradicional y, por consiguiente, el empleo. Por otro lado, los recursos económicos migran del sector secundario a los segmentos no transables del sector primario en auge como resultado del deterioro de los términos de intercambio. Este último movimiento en la economía de un país profundiza el debilitamiento macroeconómico, debido a la transferencia de recursos desde un sector manufacturero que es altamente generador de empleo y valor agregado, hacia un sector netamente exportador con nula capacidad de generar valor agregado (commodities), que tienen altos costos medioambientales y baja capacidad de crear empleo genuino, siendo este precario y de bajo salario. Entre otros factores, agudiza el deterioro su baja elasticidad ingreso, porque son sustituidos por sintéticos, porque no tienen poder monopólico, por su bajo contenido tecnológico y desarrollo innovador, y porque el contenido de materias primas naturales en productos manufacturados es cada vez menor, tendiendo su precio a la baja.

Como toda excepción a la regla, podemos mencionar casos de éxito en Europa e incluso en América al destino sombrío que ofrece la abundancia en recursos naturales. Noruega y Canadá son el modelo a seguir en gestión, previsión y administración de recursos en abundancia, equilibrado con la política económica local. Estos países cuentan con economías diversificadas, lo que evita generar dependencias y protegerse de ciclos económicos derivados del precio internacional de las commodities, como también instituciones públicas maduras para la administración de los fondos públicos percibidos de la actividad extractiva y exportadora.

Noruega, por ejemplo, creó el Fondo Soberano para destinar dichos recursos, que no sólo protege el dinero de cualquier inflación local, sino que evita el ingreso de grandes flujos de divisas al sistema financiero, revaluando la moneda que conllevan a los desequilibrios mencionados en el párrafo anterior.

El Fondo Soberano cuenta con cláusula de retiro ante emergencia nacional pero éste sólo es accesible mediante plebiscito público; de esta manera queda protegido ante cualquier emergencia inventada por algún político de turno.

Por otro lado, cuando el Fondo adquiere el volumen deseado, la sociedad puede empezar a beneficiarse del interés que deja ese dinero, pero dejando el capital intacto para generaciones futuras.

Seguramente, Argentina tiene mucho camino por recorrer tras el descubrimiento de Vaca Muerta, pero la prioridad que tenemos como sociedad es encontrar, afirmar y madurar las instituciones públicas para la correcta administración de sus recursos.

(*) Consultor. Técnico universitario en Ciencias Empresariales. 

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