Primer año de la mediación prejudicial obligatoria en Río Cuarto

Por María Victoria Cavagnaro *

Nos encontramos transitando el primer año de la vigencia de la ley 10543 de mediación prejudicial obligatoria en las ciudades de Córdoba y Río Cuarto, y como todo aniversario nos interpela a la reflexión del hacer, en términos de lo que se ha hecho y de lo que aún falta por recorrer.
Desde la Coordinación del Centro Judicial de Mediación de Río Cuarto quiero exponer mi análisis sobre los pasos avanzados, así como también promover la continuación de nuevos caminos en búsqueda de metas.
El cambio de una legislación debe ser analizado de un modo profundo y crítico, ya que no nos encontramos ante la modificación de la anterior ley de mediación N° 8858. Hacer esa lectura sería asumir una posición errónea e inexacta que nos llevaría a partir de una premisa equivocada, lo que nos impediría repensar y co-construir los desafíos impuestos.
La ley 10543 significa un cambio de paradigma y, como tal, debe gestarse en su devenir; interpelando a los diversos actores que se encuentran involucrados.

Comenzamos con los letrados, quienes deben transitar este proceso junto a sus clientes, generando un nuevo perfil en el ejercicio del arte de abogar. Ello exige pasar de un paradigma del conflicto -de una cultura del litigio- a uno nuevo, donde prevalezca una cultura colaborativa, aplicando transversalmente los conocimientos y prácticas para encontrar nuevas soluciones menos conflictivas.
Resulta importante pensar que el acuerdo alcanzado en mediación debe constituir para el abogado interviniente la confirmación de su rol como guía jurídica para su cliente, ya que acordar en esta instancia significa un resultado tan sustancial como una sentencia favorable.
Otro desafío, de enorme trascendencia, es repensar sobre el rol y perfil del mediador porque hoy más que nunca este proceso necesita de profesionales formados, idóneos, comprometidos ante semejante desafío. Que resulten conocedores de las herramientas propias de su hacer, como de otros saberes –tales los marcos normativos de fondo y procedimentales- presentes también en el complejo proceso de mediación prejudicial obligatoria. Insistimos en que la mediación es un procedimiento que se co-construye, siendo la legitimidad del mediador de trascendental importancia.

El Poder Judicial también debe readecuarse ante una cantidad y complejidad de causas muy importantes. Desafío que nos alcanza a los funcionarios y demás auxiliares, situándonos ante una permanente formación, más emparentada con las normativas de fondo y de forma, promoviendo espacios de gestión, en pos de un adecuado desarrollo del proceso.
Todas estas variables confluyen, persisten, se ensamblan hacia la búsqueda de procedimientos eficientes, que forjen a la mediación prejudicial obligatoria como una oportunidad de solución de conflictos, y no como un mero obstáculo al que hay que superar lo más prontamente posible.

Desde mi función, entiendo que hay mucho por construir, pero en esta época de balance, sería muy injusto no valorar el esfuerzo de quienes acompañaron el proceso. Hubo en este año muchas variables positivas que se gestaron: Desarrollo del Expediente electrónico, instalación de Internet en las salas de mediación, implementación de la Agenda Digital, mejoras en el procedimiento interno (coordinación de trámites con juzgados, Área de Tasa de Justicia, asesorías letradas, Área de Informática, etcétera), aumento en el número de mediaciones a distancia, como modo actual y acorde de solución de conflictos. Reuniones, espacios de encuentros a los fines de generar pautas de trabajo, cursos de capacitación con los mediadores de esta sede, todo con el fin de articular una mejor tarea conjunta.

En un universo de cambios, lo nominado parece un par de estrellas en un cielo colmado de constelaciones por descubrir, más es importante resaltarlo, para que también, en la agenda de lo que aún resta por hacer, podamos seguir gestando cambios y mejores resultados.
Por ello -reitero- la necesidad del compromiso, de férreas convicciones, de auténticas ganas y esfuerzos que se conjuguen, en una gesta por espacios de paz, de concordia. Estamos finalizando el primer año de la mediación prejudicial obligatoria, y si es posible pensar en deseos, uno de ellos es que podamos mejorar nuestro hacer, brindar nuevas posibilidades para que el ciudadano, los letrados y todos aquellos que ingresen a este sistema de solución pacífica de conflictos, encuentren un espacio de oportunidades y vuelvan a creer que las soluciones generadas desde el diálogo resultan posibles.

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