Trece años a la periodista y 18 al falso pastor

Sonia Marisol Molina

Estefanía Heit y su esposo Jesús Olivera fueron condenados por un tribunal de Bahía Blanca. Se los acusó de reducción a la servidumbre, lesiones graves, estafa y al hombre, también, de abuso sexual agravado.

El horror que sufrió Sonia Molina cuando fue secuestrada por la periodista Estefanía Heit y su pareja el falso pastor Jesús Olivera terminó ayer cuando el Tribunal Oral Criminal Nº 1 de Bahía Blanca los condenó a 13 y a 18 años de prisión, respectivamente.

Heit fue encontrada culpable de reducción a la servidumbre en concurso real con lesiones graves y estafas reiteradas. Mientras que Olivera fue encontrado culpable de lo mismo, además de autor penalmente responsable de delito de abuso sexual con acceso carnal agravado.

En los alegatos de la semana pasada, el fiscal Eduardo Zaratiegui había pedido una pena de 22 años de prisión para el acusado y de 16 para la periodista por los delitos de privación ilegal de la libertad con fines coactivos, agravada por haber causado a la víctima lesiones graves, homicidio en grado de tentativa y estafas reiteradas en concurso real.

Sin embargo, el Tribunal decidió reducir esas condenas tras considerar que no se comprobó a lo largo del debate oral que el estado de desnutrición que sufrió la víctima hubiera tenido como intención última su muerte. Luego de la lectura del veredicto, Molina aseguró: “Hay tranquilidad desde que me escapé. Lo importante es que estas personas no estén sueltas”.

“No siento nada por ellos. Entiendo que son dos personas totalmente enfermas. Tienen que estar presas sin ningún tipo de derecho a salir. Ahora soy más precavida a la hora de tratar a las personas. Esto no cierra, se queda para el costado. Mi fe en Dios es total”, agregó la mujer.

Sobre el sobreseimiento de la pareja por intento de homicidio, Molina afirmó: “Ellos iban a matarme, si no me escapaba lo hacían. Él decía que me iba a matar, a mutilar y a enterrar en el patio”.

Tres meses
La madrugada del 12 de noviembre de 2012, Sonia Molina, una rionegrina de 33 años, usó las últimas fuerzas que le quedaban para romper un ventiluz y escapar de la casa en la que estaba cautiva desde hacía tres meses.

Mientras corría rumbo a una medianera rogaba para que los ladridos de los perros no despertaran a Heit y Olivera, sus captores. Una vez en la calle pidió ayuda. Con veinte kilos por debajo de su peso, sucia, deshidratada y con golpes, asustó a las primeras personas que se cruzó en su camino.

Al final la asistieron en el hospital local, donde relató la odisea que había estado viviendo en la casa de Heit, conductora del noticiero local, y su marido, Olivera.

Explicó que la tenían cautiva bajo amenazas, reducida a la servidumbre y que, día y noche, era golpeada, abusada y obligada a comer comida y excrementos de perros.

Molina conoció a Olivera a principios de 2012, en Río Colorado, su ciudad natal. El hombre llegó allí diciendo que era pastor y pronto se mudó a la casa de la mujer que, poco a poco, se fue alejando de su familia. Allí, le prometió llevarla a estudiar derecho a La Pampa, por lo que Sonia dejó a su hija de 10 años en la casa de su ex marido y se fue.

Nunca llegó. Olivera la llevó a Coronel Suárez y ahí empezó su calvario. Durante el cautiverio llegó a pesar 45 kilos y contó que Olivera abusó de ella en numerosas ocasiones mientras Heit los filmaba.

“Olivera me abusaba y me decía que era para sacarme el demonio”, declaró durante el juicio y explicó que fueron tantas las veces que había sido abusada por el hombre que ya había perdido la cuenta.

 

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