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Arquitectos y diseñadores aprenden y experimentan con dispositivos para el espacio público

Mangueras de motor de camiones, bisagras y resortes de acero forrados en vinilo negro son utilizados en esta cátedra conjunta de la Universidad Nacional de Córdoba. Se pueden apreciar en plazas

En un laboratorio conjunto, estudiantes de arquitectura y diseño construyen elementos que invitan al uso del espacio público o señalan algún aspecto crítico referido a aquél. Aprovechan materiales de descarte de la industria automotriz y este año incorporaron madera, con una lógica de eficiencia y reutilización.
Se trata del Laboratorio de Dispositivos para el Espacio Público, una materia electiva que se dicta en la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Es la primera asignatura optativa para estudiantes de las dos carreras, indicó UNCiencia, la agencia de noticias de la UNC.
“La propuesta tuvo que ver con la necesidad que pudimos percibir, con un grupo de colegas, de un espacio institucional que uniera las dos carreras. Hasta el momento solo se habían dado algunas experiencias puntuales, pero ninguna cátedra conjunta”, precisa Santiago Canén, parte del cuerpo docente.

El contacto entre los alumnos de ambas disciplinas propició un intenso intercambio entre las carreras y allí el concepto de dispositivo se volvió fundamental. “Desde la cátedra invitamos a pensar en una arquitectura que no está fija, que se mueve, donde hay una proximidad con el cuerpo, una arquitectura de dispositivos en otra escala”, agregó.
En esa línea, asegura que la intersección más interesante sucede cuando el arquitecto supera el campo de la abstracción y “establece un contacto más tangible con los materiales, algo que el diseñador industrial tiene mucho más asimilado”. Como contrapartida, el diseñador industrial puede llevarse una noción del espacio público y sus usos.

“Desobediencia tecnológica”
Cada año, la cátedra se asigna como meta la construcción colectiva, y en escala, de variados dispositivos. “Hay una gran falta de cultura de uso del espacio público. Desde el momento que se decide proyectar un dispositivo, es necesario trabajar con otra interpretación de la eficiencia. Los dispositivos inducen una determinada práctica en el espacio, por eso implican un ejercicio activo del proyecto de arquitectura y ciudad que revela su capacidad política”, reflexiona el arquitecto.
Respecto a la revisión de la eficiencia y uso de un objeto, la cátedra apunta que sigue una determinada lógica de construcción, en función del material y sus posibilidades. “La idea que sostenemos es la reutilización y la potencialidad de algunos elementos que en otras ocasiones se desechan”, detalla Canén. De ahí que los elementos generados hasta ahora se realizaron con material de descarte de la industria automotriz, en los dos primeros casos, y con madera el creado este último año.

El arquitecto explica que trabajan con el concepto de “desobediencia tecnológica”, acuñado por el diseñador industrial Ernesto Oroza, en la Cuba de los años 90. Básicamente, propone una revisión radical y cuestionamiento de los objetos y sus procesos industriales desde una perspectiva artesanal.
“Durante la crisis cubana de los años 90 comenzaron a transformarse lavarropas en batidoras o ventiladores, o bandejas en antenas. La población reparaba sus aparatos y construía nuevas máquinas con piezas de objetos estropeados”, relata Canén. Una vez ideado el dispositivo, el siguiente paso es trasladarlo al espacio público. “Con estas instalaciones nos interesa abordar qué es el espacio público, cuáles son sus dominios y, por otro lado, hacer una lectura que tenga que ver con los usos y las prácticas dominantes del mismo”, subraya.
A su criterio, el laboratorio es un lugar de ensayos y prototipos, donde se trabaja con los avatares de nuestra cotidianeidad para cuestionarlos, modificarlos, torcer su curso y dar cuenta de cómo la cultura, la economía y la política afectan al diseño de nuestro entorno.

Dos ejemplos

Desde su creación, el Laboratorio de Dispositivos llevó adelante proyectos diferentes. Por ejemplo, se construyeron redes fabricadas con mangueras del motor de camiones para que se puedan montar y desmontar en los árboles del Pabellón Brujas de Ciudad Universitaria. “Este primer proyecto se trató de una mirada nostálgica pero también crítica de la sobreocupación de Nueva Córdoba y el Centro de nuestra ciudad. Elegimos uno de los pocos lugares del centro de la ciudad en donde todavía podía observarse el atardecer”, explica Canén. Otra idea concretada fue “Pasto Negro. Superficie de Placer”. Realizado a partir de cajas con bisagras y resortes de acero forrados en vinilo negro, la intervención reflexiona sobre la condición del pasto en los espacios públicos de la ciudad, ya que la inestabilidad de la zona climática serrana y la intensidad de uso hacen que generalmente el pasto no perdure. Este dispositivo obtuvo una mención especial en la Bienal Internacional de Arquitectura de Argentina.