La gran decisión: de empleado a emprendedor

Todos los emprendedores nos imaginamos cómo va a ser el último apretón de manos con nuestro jefe.

Por Sebastián Gebara * 

La última vez que vamos a pasar la tarjeta por el lector para fichar la salida o la despedida de nuestros compañeros de trabajo. La relación de dependencia suele ser solamente un escalón, un trampolín que permite al entrepreneur concretar su proyecto en el corto plazo.
Sin embargo, tenemos que tener en cuenta que estamos ante una de las decisiones más importantes de nuestra vida, la cual puede tener diferentes implicancias según el grado de certeza que ofrezca nuestro proyecto, nuestra edad o las responsabilidades que tengamos a cargo.

El salto debe darse con la suficiente premeditación, ya que, de otra manera, podemos llegar a atentar contra el mismo emprendimiento que estamos encarando. Esto suele compararse con el debut de un jugador de fútbol en Primera División. Si lo concreta antes de tiempo, puede “quemarse” y reducir las posibilidades de éxito. Y si no lo hace nunca, probablemente, tampoco llegue a saber cómo le hubiera ido, por lo que vamos a evaluar algunos de los consejos que podemos dar al respecto, como para orientar la toma de decisión:

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1. Cada proyecto tiene diferente magnitud y distintos requerimientos, por lo que es muy difícil certificar cuál va a ser el tiempo correcto o afirmar que existe un estándar inamovible. Podemos afirmar que mi regla de oro se basa en lo siguiente:

“Recién cuando el emprendimiento supera mis ingresos en relación de dependencia durante seis meses consecutivos, puedo evaluar la posibilidad de renunciar a mi trabajo”.
Recordemos que no es una regla inamovible, pero a mí me dio buenos resultados, ya que, en ese momento, la persona está bombardeada por muchas percepciones diferentes, que hacen compleja la decisión.

2. Es muy importante recordar que, una vez que se renuncia, difícilmente ello pueda revertirse en el corto plazo, por lo que se debe tener una cobertura prudencial. Es decir, el emprendedor debe saber con certeza que puede financiar sus gastos personales (y los de su familia), por un plazo razonable. Dicho plazo varía en función de cada persona y tiene directa relación con el grado de maduración y las utilidades que genere cada proyecto en marcha.

3. Debemos recordar que, en muchos casos, debemos inyectar capital de trabajo en un emprendimiento recién iniciado, por lo que no podemos conformarnos con tener “cubierto” nuestro sustento, sino también los requerimientos de inversión que, mes a mes, necesite el proyecto.

4. La existencia de un socio altamente compatible con nosotros, que transite este camino a la par nuestra, aporta a la seguridad en la decisión a tomar y permite alargar los tiempos necesarios, como para desvincularse de la relación de dependencia en el momento indicado.

Recordemos que las acciones que se ejecutan sin meditar suelen llevarnos por caminos inciertos, mientras que la necesidad nos agudiza y nos hace más eficaces.

* Emprendimiento de Nuevos Negocios (UCA). Consultor Pyme.

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