Un monstruo con buen packaging y mejor marketing

Los delitos de un explotador sexual sistémico, desnudan no pocos lugares oscuros de nuestro tiempo

Por Luis R. Carranza Torres

Es el caso actual de más alto nivel en la justicia penal de los Estados Unidos. El más polémico y el que más puntos oscuros presenta. La denominación oficial del caso es «United States v. Jeffrey Epstein, 19 Cr. 490 (RMB)».
En tal proceso, Jeffrey Edward Epstein, con 66 años fue arrestado el pasado 6 de julio, por cargos federales por tráfico interestatal de menores con fines sexuales en Florida y Nueva York
Nacido en Brooklyn el 20 de enero de 1953, luego de pasar por distintos establecimientos educativos, comenzando en escuelas públicas y terminando en costosas instituciones privadas, comenzó su carrera como financiero en el banco de inversión Bear Stearns, antes de fundar su propia firma, J. Epstein & Co.
No era la primera vez que le ocurría. Ya multimillonario e influyente, en 2005 la policía de Palm Beach en Florida recibió la denuncia de un padre en su contra por acosar a su hija de 14 años. Epstein se declaró culpable y llevó a cabo un acuerdo con la fiscalía y el tribunal de Florida por lo cual en 2008 fue condenado a 13 meses de prisión y trabajo comunitario por solicitar actos sexuales e incitar a la prostitución.

En aquel proceso, ahora bajo escrutinio público, que ya costó la renuncia del fiscal general del Estado, se identificó a 36 adolescentes de hasta sólo 14 años, que habían sido acosadas. Sin embargo, se lo enjuició sólo por una.
Su nueva detención este año, al regresar al país en su avión privado, puso al descubierto una red de pedofilia de proporciones, a la par de la prostitución organizada de mayores de edad. El número inicial de víctimas es de unas 30, lo que llevó al Departamento de Justicia a establecer una línea gratuita y segura para poder recabar nuevas denuncias. David Boies, abogado de varias acusadoras, expresó que: «El número de personas menores de edad involucradas en este asunto es casi igual al de las que tienen más de 18. La proporción no es de 50 por ciento, pero por ahí anda».

La periodista Vanessa Griboriadis, en una nota para Vanity Fair relata el contexto de vida en que ocurrieron los delitos:»En aquel momento, al ser una periodistilla arrogante y de baja estatura, yo no era una de las jóvenes de Manhattan a las que Epstein y sus amigos abordaban (…) Pero estaba rodeada de muchas chicas así. Siempre eran las más guapas, normalmente modelos o ex modelos, con un leve aire de desapego, una actitud que ocultaba una vulnerabilidad a un nivel más profundo. En sus conversaciones solían aparecer ciertos nombres: Epstein, el magnate de los supermercados Ron Burkle, el productor cinematográfico Steve Bing y el ex presidente Bill Clinton, quien se hallaba en lo más alto de su carrera pospresidencial y viajaba en el avión de Epstein, bautizado “Lolita Express”, o en el de Burke, que recibía el sobrenombre de “Air Fuck One” (Ninguno de estos hombres ha sido acusado de delito alguno). Muchas veces estas mujeres eran rubias. A Epstein, concretamente, le gustaban las de aire aristocrático y rostro algo infantil. En su residencia del Upper East Side tenía una foto de Morgan Fairchild, la estrella de las telenovelas de los 80, de quien decía que era su mujer ideal, aunque, teniendo en cuenta que ambos habían rebasado la cincuentena, la actriz ya era demasiado mayor para él».

El 8 de julio de 2019, se realizó una presentación inicial y una lectura de los cargos en la sala 17 B del Edificio de la justicia federal «Daniel Patrick Moynihan», ubicado en Pearl Street 500 de la ciudad de Nueva York. Epstein consintió en la detención en espera de una audiencia de fianza posterior, que se estableció para el 15 de ese mes. El magistrado interviniente fue Richard M. Berman, Juez federal de Distrito de los Estados Unidos para el Sur Distrito de Nueva York.
Una semana después, en la audiencia de fianza se escucharon los argumentos del Estado rechazando la fianza ofrecida por el acusado, aunque sin decidir al respecto, fijando audiencia para tres días después. El 18 de julio pasado, luego en una audiencia preparatoria, el tribunal entendió que Epstein debía permanecer encarcelado hasta celebrarse el proceso.
La siguiente audiencia marcaría el inicio de un proceso en que los nombres de famosos y las denuncias de las víctimas no paraban de surgir. Cruzando, incluso, al otro lado del Atlántico para comprometer a un miembro de la familia real británica, Andrés de Windsor, Duque de York, acusado de abusar sexualmente en 2001, a los 41 años, en un baño y un dormitorio de una menor de 17 años, luego de hacerla consumir alcohol. Si bien inicialmente el susodicho negó toda relación y se manifestó «horrorizado», cuando las fotos tomando a la joven, Virginia Roberts, por la cintura aparecieron en los medios, anunció un «retiro de la vida pública», de momento.

Se sindicaba también a Ghislaine Maxwell, la celebridad de la alta sociedad y exnovia de Jeffrey, hija del magnate periodístico británico Robert Maxwell, como parte de la red de Epstein.
Cuando todos apuntaban a las audiencias de inicio del juicio, las situaciones extrañas y repentinas arreciaron. Empezando por la propia muerte del acusado en su celda de máxima seguridad. Pero la cuestión no se detuvo allí. Claro que eso ya es otra parte, nada agradable, de una historia que no lo es en lo absoluto.

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