¿Es posible mediar con jóvenes infractores y conseguir resultados? (II)

Por Blanca B. González / Abogada, mediadora

En la entrega anterior comentamos que, con el fin de que los niños puedan instaurar una estructura psíquica saludable, necesitan de elementos básicos imprescindibles como son los afectos, las relaciones interpersonales, el medio que los rodea, las pautas de socialización y el desempeño adecuado de roles y funciones paternas o de otros referentes adultos.

Por lo tanto, el amor y la puesta de límites son imprescindibles para la constitución de un sujeto ético, o sea aquel que puede sensibilizarse e identificarse de alguna manera con el sufrimiento del semejante respecto a las consecuencias nocivas de sus acciones u omisiones.

La constitución de límites internos en los niños, aparte del respeto debido a los terceros, ayuda a que puedan contener el miedo que les causa su propia violencia. Ese descontrol de sí produce un gran malestar que no pueden poner en palabras y a veces se manifiesta con más violencia.

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Con los jóvenes en general se trabaja en el proceso de mediación con técnicas, por ejemplo, “ponerse en lugar del otro” o “ponerse en los zapatos del otro”; ésta, especialmente, es muy importante trabajarla con ellos, ya que aparece la posibilidad de sensibilización para con la víctima de su acto dañoso. Otras: como agentes de la realidad; o cómo resolvería él la situación con el menor costo posible para sí y su familia.

Se pone en juego también la cuestión del ser–tener: aparece continuamente y conlleva consecuencias muy profundas. El tener implica pertenecer, elemento constituyente de las personas. En los jóvenes se da con mayor potencia (ya que son identitarios) la necesidad de ser reconocidos por el grupo o parte de la sociedad; es de importancia vital: “tanto tiene tanto vales”; o ganadores y perdedores. Hoy en día, “ ya no se trata de ser el ganador de un concurso, de un sorteo, se pasa a ser un ganador y en esto se marca la pertenencia a una especie, que articula una categoría transformándose así de descriptiva en valorativa. Uno no gana porque vale, vale porque gana (Silvia Bleichamr) mucho dinero, prestigio social; vale mucho ser parte de un grupo de ganadores.

El no pertenecer, ser un excluido, es un no existir; habría que ponerse en el lugar de los niños o adolescentes en esa situación y se podrá comprender en parte la frustración y deterioro sostenido que lleva estar en ese lugar y del cual se tratará de salir de cualquier forma.

Después de lo descripto parecería que la mediación no es un método aconsejable para implementar con jóvenes infractores. Error: trabajando con mucha rigurosidad teórica y metodológica, durante el proceso de mediación se pueden lograr resultados más que satisfactorios. La experiencia lo demuestra.

Se pudo realizar una estadística sobre los procesos de mediación con jóvenes infractores en los casos requeridos desde los juzgados de Menores- Secretarías Correccionales, en los cuales se comprobó que, con diferentes tipos de delitos -como lesiones leves, graves, amenazas, amenazas calificadas, lesiones con armas de fuego, daños, robos, hurtos y casos de tentativas de éstos-, se lograron 32 casos con acuerdos (sobre 63 casos trabajados entre 2007 y 2009). En los dos años a contar desde la fecha del acuerdo, sólo cinco adolescentes reincidieron en cometer delitos. O sea que la reincidencia fue de aproximadamente 15%. Sería deseable que se pudiera hacer una comparación rigurosa con los resultados de las medidas tradicionales de institucionalización ante estas situaciones de infracciones o transgresiones a las leyes penales por parte de los niños y adolescentes, y poder evaluar así qué metodología debería implementarse en pos de un mejor tratamiento, con menores costos (humanos y económicos), con muchos menos recursos, menos iatrogénica y con resultados de mayor pacificación social.

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