El ocaso del modelo actual

Instalado desde la recuperación de la democracia, sólo fue renovándose en sus formas, pero mantiene inalterable el propósito de permitirles a determinadas élites el manejo discrecional de los dineros públicos

Por Luis Esterlizzi

Para una democracia, la dignidad social es esencia de su razón de ser ya que resulta una falacia reconocer la legitimidad de un régimen cuando la causa estructural de su decadencia lo constituye esencialmente la ausencia de un proyecto nacional compatible con la realización de la sociedad en su conjunto y la restitución del poder de gobernar al pueblo cuando es desalojado del gobierno por decisión y arbitrio de liderazgos circunstanciales.
A partir del golpe de 1976, se inició un proceso político que, impulsado por ciertas élites, se extendió después de 1983 bajo la idea de dirimir diferencias ideológicas y sectarias por medio de un sistema de partidos carentes de bases doctrinarias. Ese proceso se utilizó para dividir y enfrentar permanentemente al pueblo.
A ello se suma el peso de una visión economicista y deudas heredadas del gobierno de facto que llevaron al régimen democrático a instalar políticas públicas que impulsaron -especulativamente- una subsidiaridad permisiva que para muchos argentinos significó el anclaje de su futuro a la beneficencia del Estado.
Este modelo instalado desde entonces sólo fue renovándose en sus formas, pero mantiene inalterable el propósito de permitirles a determinadas élites el manejo discrecional de los dineros públicos.

Un país sin rumbo cierto
Así llegamos hasta el presente, con un desquicio institucional en el que la realidad deprimente nos identifica como país inestable sin destino cierto y con una parte importante de la dirigencia ganada por la corrupción. Esto que simboliza la crisis terminal del modelo actual que nos obliga a reemplazarlo con un proyecto trascendente que muestre la identidad, potencialidad y responsabilidad de una comunidad organizada.
Acontecimientos actuales van exponiendo, como una bola de nieve en caída, los distintos andariveles públicos y privados de la corrupción, trastocando el rol y la función de distintas instituciones como la culpabilidad de dirigentes que no pueden desmentir sus responsabilidades. Y lo que muchos sospechaban hoy es la triste realidad de una transgresión disimulada en grandes obras públicas, que desenmascaran la connivencia de corporaciones contratistas del Estado con diferentes gobiernos.

Ante ello, la justicia intenta redimirse ética y moralmente mientras por intermedio de las redes y medios de comunicación que responden a las ideologías en pugna se expone la frivolidad de partidos que siguen jugando en el carrusel de la especulación electoral.
En la desesperación de los que comandan un barco que se hunde y de una tripulación completamente desorientada, algunos deciden apoyarse en el juego peligroso de las grandes potencias y al ”resguardo” de organismos internacionales antes que integrarse al protagonismo de la comunidad nacional, que representa la única garantía de no traicionar el destino de los argentinos.
Hoy, en la dirigencia política actual, nadie propone una salida honrosa de la recesión, inflación y endeudamiento de Argentina, ni cuál es el programa de corto y mediano plazo con el cual, mediante el concurso organizado de los sectores nacionales, podamos terminar con tamaña decadencia.

Un proyecto de Nación
No hay lugar para planes personalistas, sectoriales o partidarios ya que lo urgente es elaborar un proyecto nacional que establezca el compromiso responsable del gobierno y el pueblo organizado sobre las tesis esenciales que nos unen, desechando las pequeñas que nos enfrentan y dividen.
Para ello es imprescindible concertar los ejes estratégicos de un “Proyecto de Nación” que:

• Reconstruya la soberanía e independencia en el manejo y preservación de nuestra cultura, territorio y recursos estratégicos.

• Determine un plan para el crecimiento económico y desarrollo social, en el que la educación, el trabajo y la producción sean los pilares insustituibles del empleo y la integración digna de los sectores marginados.

• Promueva un modelo democrático que asegure la participación del pueblo en la definición de las políticas públicas como en la ejecución de las mismas.

• Reconstruya un Poder Legislativo de representación genuina de todos sectores organizados de la comunidad con la misión de integrar a los argentinos en una agenda común.

• Responsabilice al Poder Ejecutivo para que gobierne para el pueblo, pero con el pueblo por medio de una integración público-privada que no esconda negocios incompatibles con la función pública, entendiendo esa integración en el marco de la idea de un gobierno centralizado, de un Estado ordenado y descentralizado y un pueblo libremente organizado.

• Consolide un Poder Judicial recuperado ética y moralmente, aplicando con sabiduría las normas para la convivencia de una sociedad integrada en sus valores y virtudes esenciales.

• Defina los perfiles del consumo, de producción y laboral, que protejan al país de la guerra comercial y financiera mundial, en la que corren graves riesgos los países en vías de desarrollo.

La concreción de un proyecto nacional es lo que nunca se intentó, porque ello pondría fin a las veleidades y pretensiones de intereses personales, particulares o corporativos. Dicho proyecto debe contener las bases liminares de una nueva organización política, económica y social que asegure la participación activa del pueblo y donde definitivamente nadie pueda realizarse en una comunidad que no se realiza.

 Ex ministro de Obras y Servicios Públicos de la Provincia de Córdoba

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