«Un político que judicializa sus problemas está demostrando su propia incapacidad»

Con menos de 40 años de edad asumió en la Corte Suprema de Justicia de Mendoza. Era el comienzo de la democracia y se convirtió en la primera mujer de su provincia en ocupar un cargo del cual ahora se aleja, 26 años después. Aunque la ley no la obliga a jubilarse, ella entiende que “cumplió un ciclo” y que es hora de dejar el lugar a otro.

“La gente sólo es insustituible en los afectos; en el resto, vendrá otro y ocupará la misma función”, dijo Aída Kemelmajer de Carlucci, quien además de una reconocida jurista, es madre de dos hijos y abuela de tres nietos, a quienes -asegura- destinará parte del tiempo que hasta hoy le dedica a su labor judicial.

De visita en Córdoba con motivo de cumplirse el décimo aniversario de la Maestría de Derecho Empresario que dicta la UES 21, Kemelmajer habló en exclusiva con Comercio y Justicia y, como siempre, lo hizo sin prejuicios.

– A fines de este mes deja la Corte, ¿fue una decisión difícil de tomar?
– Estuve en la Corte durante 26 años; me parece un tiempo más que suficiente para que la gente no crea que estamos atados o enroscados al sillón. Aunque la Constitución dice que puedo quedarme ahí mientras dure mi buena conducta, creo que las cosas no son para toda la vida. He cumplido una etapa más que larga. Desde la Sala Administrativa no me tiembla el pulso cuando le digo a un funcionario que se tiene que ir porque tiene 65 años. Entonces, también debo irme yo, porque creo que uno debe dar el ejemplo.

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– ¿Han cambiado muchas cosas en la Justicia en estos 26 años?
– Sí, muchas cosas; para bien y para mal. Hoy la Justicia es más conocida por el hombre común, pero ese conocimiento que adquiere está muchas veces parcializado: conoce la patología del Poder Judicial, lo que sale en el diario, la mala imagen. De cualquier manera y, a pesar de ello, hoy más que nunca el hombre común se acerca para que la Justicia le resuelva los problemas. Son las grandes paradojas que, por otra parte, son propias de las épocas de crisis, porque esta crisis de la Justicia no es sólo de la Justicia.

– ¿Cómo pueden los jueces enfrentarla?
– Nuestra obligación es comenzar a dar buenas noticias y eso es lo que muchos jueces no entienden. Las cosas malas que conocen de nosotros no es que no suceden, no las inventan los periodistas. Hay que tener una mayor apertura, pero que sea real, no sólo discursiva. En Mendoza hemos tenido jueces que por años se han negado a publicar su sentencia en la página web. Hoy todos se han convencido de que somos funcionarios públicos, que nuestros actos son públicos, que si hay fallos que afectan el derecho a la intimidad, pues los sacamos sin nombres, pero los tenemos que dar a conocer.

– ¿Qué opina de la judicialización de la política?
– Yo creo que así como es malo que un juez crea que todo es político y entonces no se puede meter, también es malo el otro extremo, el del juez que puede resolverlo todo. Lo que es peor es que sean los propios políticos los que judicializan problemas que deben ser resueltos por ellos mismos. Ahora, marcar la línea divisoria es lo díficil. Un poder político que no tiene capacidad para resolver sus propios problemas y los está judicializando, es un poder político que tiene muchos problemas. En Mendoza tuvimos el caso de un intendente que tenía problemas con el Concejo De

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