Revelan detalles de enterramientos clandestinos

El testimonio de un ex empleado que se desempeñó desde 1974 hasta 1980 en la Morgue Judicial de Córdoba contribuyó ayer a dilucidar cómo se realizaron los enterramientos clandestinos durante la última dictadura militar.
En su declaración, José Adolfo Caro -el tercero de los testigos que declaró ayer- involucró a un militar, a quien identificó como el “teniente Manzanelli”. Según explicó, éste era quien daba las órdenes a los empleados de la morgue sobre el destino que se le daba a los cadáveres que ingresaban en carácter de “NN”.
El testigo, que fue despedido “por decir la verdad”-según él mismo aseguró- relató que en tres o cuatro oportunidades fue al Cementerio San Vicente, donde en fosas comunes dejaban a las personas muertas, cuando se ordenada “evacuar” la morgue.

Según relató, en el 76 no daban “abasto con la cantidad de cuerpos que había”, razón por la cual los cadáveres eran apilados “en forma de cruz” para tener lugar. “Llegamos a tener unos 200 cuerpos”, advirtió”. Los que venían del Hospital Militar, tenían un número colgado, los dedos pintados y eran “NN”, agregó.
Más adelante, Caro recordó que él mismo junto con otros tres empleados trasladaron unos 70 cadáveres para dejarlos en una fosa común. En esa oportunidad, el testigo dijo que al descender se dio cuenta que esa fosa “estaba a la mitad (…) había cuerpos abajo semitapados, que no habían pasado por la morgue”, recalcó.

Acosta estuvo en La Perla

María Victoria Roca es otra de las sobrevivientes de La Perla que declaró ayer, en la última semana de testimonios en el juicio a Luciano Benjamín Menéndez y otros siete represores. El testimonio de la mujer fue importante para confirmar que el capitán Jorge Acosta estuvo a cargo de La Perla cuando ocurrieron los hechos que hoy se juzgan.
Tal como lo hicieron Mirta Iriondo y Héctor Kunsman, la testigo recordó que al momento de ocurrir el terremoto de Caucete, en San Juan ( el 23 de noviembre de 1977), Acosta era responsable de ese centro clandestino y lo hizo hasta fin de ese año, según explicó.
Roca, hoy madre de tres hijos, permaneció detenida en La Perla un año y medio y, si bien su estadía coincidió con la de las cuatro víctimas de este juicio, aseguró no recordarlos. Tampoco pudo hacerlo luego de que se le exhibieran las fotografías de estas personas. A quienes sí pudo reconocer fue a los ocho acusados del debate. Al ingresar a la sala de audiencias, la testigo los mencionó uno a uno, incluso indicando el alias de alguno de ellos.

Roca era militante de la Juventud Guevarista y sobrina de Gustavo Roca, quien en Estados Unidos, junto con Lucio Garzón Maceda, había denunciado las violaciones a los derechos humanos que se cometían en Argentina en aquel momento.
Tal como la mayoría de los detenidos en La Perla, la mujer relató que fue torturada, picaneada y lo largo de su estadía sufrió acosos sexuales permanentemente.
Tras un cuarto intermedio, declaró el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde. El funcionario circunscribió su relato a detallar lo que se denominó “un plan sistemático de

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