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La “congrejita” peruana

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Luciana Milagros León Romero, empañada por su belleza. Ha integrado desde siempre las listas de las “más deseadas” en nuestro subcontinente. Por Luis R. Carranza Torres.

Nacida bajo el signo zodiacal de Cáncer un 30 de junio de 1978, Luciana Milagros León Romero, ha dado que hablar desde que se inició en la vida pública del Perú. Siendo hija de Rómulo León Alegría, quien ocupara el cargo de ministro de Pesquería en el gobierno de su país la política es algo que le vino de cuna.
Tras estudiar en el Colegio limeño de Villa María ingresó a la Universidad de Lima en donde se graduó como abogada. Posteriormente, en julio de 2005, obtuvo una maestría en Gobernabilidad y Políticas Públicas en el Instituto de Gobierno de la Universidad San Martín de Porres, siendo su tutor y profesor Alan García, quien al año siguiente volvería a ser presidente del país.

Se desempeñó luego como asesora técnica legal de la Dirección General de Circulación Terrestre del Ministerio de Transportes y Comunicaciones, así como en el Congreso de la República, antes de resultar la congresista (cargo similar al de nuestros diputados) más joven electa al Congreso en 2006.
Quien la ha visto en los debates sabe de sobra de su capacidad para atacar con dureza sin perder la sonrisa. Integra esa nueva generación de políticos que se mueve en el universo digital como mucha más soltura que en el real y para quienes opinar en Facebook, Twitter o subir videos en YouTube es una forma habitual de fijar una postura.
Fue a través de un video subido a la red que le contestó en 2014 al ministro de Defensa, Pedro Cateriano, tildándolo de «mentiroso y cobarde», adjudicándole difundir rumores de que la había ayudado a aprobar un curso en la Universidad de Lima, cuando él era su profesor y ella su alumna.
Su familia ha sido un karma para su actuación política. En octubre de 2008 se vio involucrada en el escándalo Petrogate, debido a unos correos electrónicos encontrados en el disco duro de la computadora de su padre, Rómulo León, uno de los implicados en el caso. Se trataba de un tráfico de influencia para otorgar la concesión de cinco lotes petroleros a favor de la empresa noruega Discover.

Luciana manifestó que desconocía las actividades de su padre y se defendió indicando que dichos correos fueron adulterados. Fue citada como testigo en el proceso penal que se abrió al respecto, en el cual a su padre se le dictó primero la prisión preventiva en el  Penal San Jorge de Lima y luego la de carácter domiciliario. También la congresista tuvo que declarar ante la Comisión investigadora del Congreso, que en enero de 2009 emitió sus conclusiones finales, estableciendo su ajenidad en dicho asunto.
Dos años después, en 2013, su hermano se vio involucrado en una pelea en un restaurante “de alto vuelo” en San Isidro, con otro comensal. Hubo en tal oportunidad quienes lo acusaron de hasta haberlo atacado con un cuchillo.
En su cuenta en Facebook, Luciana “lamentó el incidente”, y aclaró: «Yo no puedo responder ni asumir responsabilidad por los actos y problemas de mi hermano o cualquier otro miembro de mi familia». También pidió: “Que me critiquen, juzguen o valoren por mi trabajo, por mis errores y por mis aciertos», y no por los familiares.

Cuando fue reelecta en 2011, los congresistas electos del Partido Aprista Peruano la eligieron por unanimidad como vocera y presidenta de la Célula Parlamentaria Aprista para el período 2011-2012 en el congreso de ese país. Algo similar al cargo de jefe de bancada entre nosotros. Una muestra de su capacidad para encumbrarse en las lides del poder parlamentario.
Si bien su labor legislativa se ha orientado a leyes de participación juvenil y en el ámbito de la cultura, el de su belleza ha sido el tema más tocado por los medios, por sobre el detalle de su actuación política. Al punto de hacer pasar a segundo plano muchos otros aspectos de esa actuación.
En 2013, la revista estadounidense Playboy la eligió entre las diez mujeres más sexis de la política mundial. Su inclusión se reiteró al siguiente año y también en 2015. Por eso un medio peruano la apodó la “congrejita”, dedicándole su tapa vistiendo el característico atuendo de las chicas de don Hugh Marston Hefner. Más discreto, un portal de Internet tituló en ambages en el aniversario de la independencia de 2013: “Luciana León se robó todas las miradas tras salir de Palacio de Gobierno”.

Ella misma ha hecho uso de esa ventaja, sobre todo en vísperas electorales. Por ejemplo, en 2011, según consigna la crónica, “posó muy sensual y divertida en una sesión de fotos” para el suplemento “Ellos & Ellas” de la revista Caretas, una de las publicaciones más influyentes del país. En la nota que acompañaba las fotos, al tiempo que declaraba estar “muy nerviosa por la aproximación de las elecciones presidenciales” en que se jugaba a renovar su banca, reconocía que “no se maquillaba demasiado” y afirmaba respecto de los hombres: “Si quieren estar conmigo, me tienen que soportar. Siempre busco a alguien que no me corte las alas ni me limite”.
Con tantos seguidores como detractores, hasta ahora Luciana Milagros ha probado no haber encontrado los suyos en la escena política de su país. Pero tampoco ha podido superar todavía los prejuicios sociales que la belleza encarna en algunas personas.

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