«El derecho penal protege muy poco»

“Pregonar que el derecho penal tiene por objetivo tutelar los bienes jurídicos es falso”. Con esta expresión comenzó su exposición Guillermo Yacobucci, en el marco del Congreso de Derecho Penal Mínimo organizado por la Universidad Blas Pascal y auspiciado por Comercio y Justicia.
La expresión de Yacobucci fue más allá cuando se refirió a los alcances reparadores del sistema punitivo argentino. “Son limitados”, dijo, agregando que tal reparación sólo es simbólica. “Al muerto no se le puede devolver la vida”, sentenció. “La sociedad sólo puede esperar del derecho penal una especie de tranquilidad normativa”. La solución, para el jurista: una política criminal que permita prevenir los hechos delictivos. Al término de su alocución, Yacobucci dialogó con este diario.

– ¿Para usted el descreimiento de la sociedad en la Justicia está relacionado con las limitaciones del derecho penal para reparar el daño a la víctima?
– Creo que la gente no tiene claro cuáles son los límites del derecho penal. La sociedad argentina está muy crispada, con un índice muy alto de conflictividad. En otra época, una discusión con un vecino se resolvía de manera informal. Hoy se resuelve en la Justicia. El derecho penal genera mucha frustración en la gente, justamente porque, en realidad, sirve para pocas cosas. Decirlo públicamente suena mal, pero realmente es así. En este sentido, es importante hacer una diferencia entre el derecho penal y la política criminal. La política criminal es una estrategia que tiene el Estado para resolver conflictos graves. Uno, cuando se para frente a un tema conflictivo muy grande, como puede ser el caso de la ocupación de terrenos, el reclamo de alimentos, los jóvenes excluidos, lo puede hacer de diferentes lugares. Si el político o el funcionario elige resolverlo reformando el sistema penal, yo diría que está haciendo una mala elección. Lo importante es tener una buena política criminal. Si yo quiero extinguir el robo de automotores, deberé comenzar con controlar el mercado negro de repuestos usados; así le doy un golpe grande a toda una especie de pequeño ejército de personas que se dedican a la extracción de automotores. Ello daría más resultado que castigar con más pena a quienes roban automotores. Explicar esto a la sociedad está mal visto porque pareciera que no se quiere trabajar o que se le da el visto bueno a la impunidad.

– Para usted, ¿no le cabe ninguna responsabilidad a los magistrados sobre esta frustración de la sociedad frente a decisiones judiciales?
– Claro que sí. Creo que hay un porcentual de descreimiento porque la gente ha puesto tanta esperanza en la Justicia penal que al no haber una respuesta proporcional a sus expectativas, surge como una especie de desenganche emocional. Por otra parte, está claro que el servicio de justicia se materializa con cierto grado de lentitud. Además, también es cierto que necesitamos cuadros profesionales y leyes mejores, en esto hay que hacer una autocrítica.

– ¿Piensa que en Argentina está faltando una política criminal sustentable?
– Creo que la política criminal es un hecho complejo, que requiere mayor profesionalismo. Cuando usted va a hacer política criminal, no puede hablar en abstracto; no es lo mismo hablar de política criminal para el ámbito urbano de Córdoba que para las zonas adyacentes. Y para hacer política criminal, pri

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