Una muerte sospechosa

 Ocurrida en una celda de máxima seguridad, despierta no pocos interrogantes

Por Luis R. Carranza Torres

Acusado de cometer delitos federales -abuso y tráfico sexual de menores en Florida y Nueva York-, denegada su fianza y encarcelado, Jeffrey Edward Epstein fue hallado sin vida en su celda del Metropolitan Correctional Center (MCC) de la ciudad de Nueva York el 10 de agosto pasado a la hora 6:30 EDT -o Eastern Daylight Time, la hora oficial de la costa este de Estados Unidos en verano.
El cuerpo presentaba signos de ahorcamiento. El Federal Bureau of Prisons informó que luego de descubierto “se hicieron los manejos adecuados para salvar su vida”, se avisó a los servicios de urgencia y se lo derivó a un hospital.
Las circunstancias de su muerte originaron una investigación del Departamento de Justicia y una autopsia fue realizada el 11 de agosto por médicos forenses de la ciudad de Nueva York. Declarada inicialmente “aparente suicidio” y confirmada luego por la autopsia, no impidió que surgieran numerosas teorías conspirativas. Hasta el propio presidente estadounidense, Donald Trump, había señalado que pudo haber habido juego sucio.
El multimillonario financiero estadounidense, de 66 años, esperaba ser juzgado, en un juicio a punto de iniciarse, sin posibilidad de fianza, por haber sido acusado de protagonizar un oscuro esquema de abuso y tráfico sexual de menores.

Ya detenido, el 23 de julio -tres semanas antes-, había sido encontrado inconsciente en la celda de la cárcel con lesiones en el cuello en un intento suicida fallido, por lo que fue puesto bajo severa vigilancia: se lo colocó en una celda con otro recluso, que un guardia controlaba cada 30 minutos.
Pero un día antes de la muerte, el 9 de agosto, Epstein fue transferido a una celda en solitario y en la noche los dos guardias que fueron asignados para controlarlo se quedaron dormidos y no lo vigilaron durante tres horas. En la mañana, fue encontrado sin vida.
Los dos custodios fueron suspendidos y el director del establecimiento transferido a otro. William Barr, secretario de Justicia de EEUU, dijo que se estaban descubriendo “serias irregularidades” en la instalación. “Estaba consternado, y de hecho todo el departamento lo estaba, y francamente enojado por saber del fracaso del establecimiento en asegurar adecuadamente a este prisionero”, conforme sus palabras.
Construido en 1975, el Centro Correccional Metropolitano era llamado “El Guantánamo de Nueva York”, según Los Angeles Times, por sus medidas de alta seguridad. Con una capacidad para alojar a 474 reclusos, tenía 763 en el momento de la muerte de Epstein, quienes permanecen allí mientras se desarrollan sus juicios en la corte federal, a sólo unas cuadras de distancia. Acogió en su momento a mafiosos como John Gotti, al autor del atentado contra el World Trade Center en 1993 Ramzi Yousef, al financista estafador Bernie Madoff y al narco mexicano Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Promos Naranja

Varias denuncias de organizaciones civiles hablan de que tiene problemas de escasez de personal y recursos, hacinamiento de prisioneros, violencia y malas condiciones sanitarias. La profesora del Brooklyn College Jeanne Theoharis, quien ha escrito extensamente sobre el MCC, le comentó al sitio web Gothamist en junio que la cárcel reunía condiciones similares a las de países como “Irán o Rusia”, luego de calificar el lugar como “gulag” por sus celdas faltas de aseo, heladas y sin luz natural. “El aislamiento es tan extremo que te castigan por hablar a través de las paredes. Hay reglas absurdas como que los prisioneros no puedan ver los periódicos a menos que tengan 30 años y un secretismo tan profundo que las personas son alimentadas a la fuerza”, afirmó.
Por su parte, el abogado Andrew Laufer, que demanda actualmente al gobierno de EEUU después de que su cliente fue golpeado hasta la muerte en el MCC en 2015, considera que es demasiado pronto para saber si la riqueza de Epstein pudo haber jugado un papel en su muerte, en medio de la especulación de que podría haber sobornado a los guardias para que lo dejaran solo.

El deceso de Epstein determinó la clausura del juicio en su contra, antes que se iniciaran las audiencias. El secretario de Justicia, al respecto, prometió proseguir con la investigación a fin de llevar a la justicia a otros posibles conspiradores.
Kimberly Lerner, abogada de una de las víctimas, entendió: “Hay toda una red que permitió que esto ocurriera, y es hora de que todos los que formaban parte de ella respondan ante la justicia”, asegurando que la muerte de Epstein “no es el final sino un nuevo comienzo”. Su clienta, Jennifer Araoz, quien acusó al financiero de haberla violado cuando ella tenía 15 años, expresó al conocer su muerte: “Deberemos vivir con las cicatrices de sus acciones el resto de nuestras vidas, mientras que él no se enfrentará nunca a las consecuencias de los crímenes que cometió. Espero que las autoridades continúen y acusen a sus cómplices y posibilitadores, para asegurar la reparación de las víctimas”.
Es algo que esperamos todos. Porque, parafraseando el poema de John Donne que popularizara Ernest Miller Hemingway, “…porque estoy ligado a la humanidad; y por tanto, nunca preguntes por quién doblan las campanas, porque están doblando por ti…”.