15 de junio: “Día Mundial de la Toma de Conciencia contra el Abuso y Maltrato en la Vejez”

Reseña de un día para no olvidar. Una problemática multidimensional ignorada que nos atraviesa y nos atravesará pero que podemos solucionar para el futuro.

Por Andrea Sánchez (*)

En 2012, la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) instauró al 15 de junio como el “Día Mundial de la Toma de Conciencia contra el abuso y maltrato en la vejez”.
Subestimado e ignorado por la sociedad, el abuso y el maltrato de las personas mayores está dejando de ser un tema tabú del cual poco se habla para, de a poco, ir instalándose en la pantalla social. Este día, conocido como el Día Internacional del Buen Trato, nos da la oportunidad de reflexionar acerca del maltrato real y simbólico que la sociedad ejerce sobre este grupo etario.

Se ha definido al maltrato como: “Cualquier acto u omisión que produzca daño, intencionado o no, practicado sobre personas adultas mayores de 60 años o más, que ocurra en el medio familiar, comunitario o institucional, que vulnere o ponga en peligro su integridad física o psíquica, su autonomía o sus derechos fundamentales, constatable objetivamente o percibido subjetivamente”. Dentro de este concepto se incluye no solo el maltrato físico sino también el maltrato psíquico, emocional, sexual, económico, institucional y el llamado “viejismo”.
En esta oportunidad me gustaría hacer referencia al maltrato institucional y al viejismo.

Promos Naranja

El maltrato social que las personas mayores reciben en su transcurrir diario se manifiesta con mayor frecuencia en los ámbitos institucionales de los cuales son usuarios exclusivos y que les proveen distintos servicios como por ejemplo los hospitales; los bancos o los organismos públicos. Este maltrato institucional siempre ha existido y solo a modo de ejemplo podemos interrogarnos acerca de cuántos de nosotros hemos sido espectadores en más de una oportunidad, de largas colas de personas mayores frente a bancos; organismos públicos o establecimientos de salud.
Con seguridad, varios hemos podido palpar esta realidad y darnos cuenta de que la violencia simbólica que estos ámbitos ejercen sobre las personas mayores es real, producto de verse superados por las demandas de usuarios cuyos requerimientos no pueden cubrir por no contar con la infraestructura suficiente o el recurso humano de atención necesario o cuando reconocen. Sin asumirse como responsables de que el uso de las herramientas tecnológicas existentes no ha sido lo suficientemente difundido y aprehendido por los adultos y adultas mayores, que se ven imposibilitados de acceder a estos por sus propios medios.

La situación sanitaria reinante, si bien nos ha obligado a hacer un parate en nuestras actividades diarias, nos ha enfrentado con problemáticas de distintas índole y entre ellas la que aquí estamos refiriendo, encendiendo una alarma social que quizás en otras situaciones hubieran pasado desapercibidas para la población. De pronto, lo invisible se ha hecho visible: las personas mayores han tomado protagonismo y se ha comenzado a debatir en medios de comunicación visual o escrito acerca de las distintas y variadas problemáticas por las que atraviesan.
Otra forma de maltrato, quizás no tan evidente como la anterior, es el llamado viejismo entendido como “maltrato fundado en prejuicios y estereotipos negativos hacia este grupo etario” que implica representaciones disvaliosas vinculadas con la vejez sin ningún tipo de fundamentación en hechos reales. Asociar la vejez con enfermedad, dependencia, incapacidad y pasividad es también maltrato social, es viejismo.
Esta forma de maltrato ha estado presente en todas las sociedades, pero quizás en la actualidad está más enfatizada, lo cual resulta ser una paradoja puesto que la población envejecida va en aumento mundialmente y, sin embargo, seguimos forjando una sociedad cuyos valores predominantes son la belleza, la juventud, la fuerza, la producción y la rapidez.

Lo relatado anteriormente resulta ser una pequeña muestra del gran universo que se puede traer a colación para referirnos al maltrato, pero debe transformarse en un llamado de atención para generar mecanismos de gestión que tengan presente las verdaderas necesidades de este grupo etario y para que se asuman nuevas formas de trato y atención respecto de los adultos mayores.
Quizás ayude no perder de vista que Argentina envejece, ya que se encuentra atravesando una etapa de envejecimiento avanzado, en la cual la representatividad de la población mayor crecerá rápidamente respecto del total de los habitantes. Y se estima que para 2050 en nuestro país uno de cada cinco argentinos tendrá 65 años y más. Córdoba misma hoy cuenta con un porcentaje de población mayor de 60 años de 15,5% y de personas de 65 años y más de 10,8%.

Hoy como sociedad tenemos la gran oportunidad de anticipar la evolución de nuestra población para los próximos veinte años, siendo de gran importancia que modifiquemos la forma en que percibimos este fenómeno poblacional, puesto que esta reestructuración etaria que combina menores nacimientos y fallecimientos con mayor longevidad incide en la forma en cómo percibimos y nos comportamos respecto a esta población envejecida.
Recordemos en este día las palabras de la OMS: “Una sociedad que no protege a sus mayores es una sociedad que necesita replantearse toda su ética y las bases de su civilización y progreso”.

(*) Abogada

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