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La intervención temprana es central para prevenir la violencia contra mujeres e infantes

Cambiar las normas y los comportamientos sociales es fundamental. También advierte de que las consecuencias a largo plazo de las agresiones en la salud mental todavía son “poco reconocidas”.

Por Luz Saint Phat – lsaintphat@comercioyjusticia.info

Cada día se conocen nuevos casos de violencia contra las mujeres y los niños. La problemática, que se hace todos los días más visible, se presenta como una emergencia para el sector de la salud y para la justicia, ámbitos que todavía no logran desarrollar las herramientas necesarias para lograr prevenir los hechos más trágicos.
Al respecto, puede resultar una contribución recordar algunas de las recomendaciones realizadas por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en una cartilla que se encuentra disponible online.
En ella se destacó la importancia de la intervención temprana en los casos de abuso y la contribución que debe hacer el sector de salud para cambiar normas y comportamientos sociales que posibilitan la recurrencia de los casos en toda la región.

La organización internacional especificó que “la violencia contra las mujeres adopta muchas formas, incluyendo violencia física, sexual y emocional por la pareja, la violación y la coerción sexual por cualquier agresor, tráfico, femicidio y formas culturalmente específicas tales como los llamados asesinatos por honor, la mutilación genital femenina y el matrimonio precoz y forzado”, y a la vez advirtió de que la “violencia de pareja es la forma más común” de agresión contra las mujeres en todo el mundo.
Por otro lado, la cartilla destacó que “la violencia contra los niños y las niñas incluye todas las formas física, sexual y emocional, descuido, trato negligente y explotación”, y que el “maltrato infantil se refiere más concretamente a actos perpetrados por adultos en posiciones de responsabilidad, confianza o poder”.

En cuanto a las diferencias entre ambos tipos de violencia y a la relación específica con el género, la OPS indicó que “los patrones varían según el sexo”. De esta manera, en términos generales “los hombres son más propensos que las mujeres a sufrir actos de violencia relacionados con la actividad criminal y los conflictos armados”.
En tanto, las mujeres son generalmente víctima de agresiones físicas y sexuales por la pareja. Además, “los patrones también varían según la edad. Por ejemplo, los niños y las niñas corren el riesgo de maltrato por parte de adultos en posiciones de autoridad y confianza”, explicó el documento.
En este marco, el papel del sector de la salud resulta fundamental si se tiene en cuenta que esta problemática “contribuye a altos niveles de mortalidad y morbilidad en América Latina y el Caribe”. Además, “tiene consecuencias a largo plazo y poco reconocidas para la salud de las mujeres, los niños y las niñas”, dice la OPS, enumerando al mismo tiempo efectos en la salud mental tales como depresión, ideación suicida, abusos de sustancias y problemas de desarrollo social, emocional y cognitivo.

También, en estos contextos agresivos se generan las condiciones para los embarazos no deseados y las infecciones de transmisión sexual, se alertó.
A la luz de estas descripciones, la OPS realizó recomendaciones en tres ejes para abordar la problemática.
Así, destacó que “el sector salud puede desempeñar un papel esencial en la prevención y respuesta”, tomando acciones que posibiliten, en primer lugar, “recopilar datos sobre la prevalencia, factores de riesgo y consecuencias de la violencia y crear conciencia sobre la violencia contra las mujeres y la violencia contra los niños y las niñas como problemas de salud pública”.
En segundo lugar, se sugiere “utilizar estrategias de salud pública para cambiar las normas sociales y comportamientos, y proporcionar una intervención temprana para las familias en riesgo (por ejemplo, visitas a los hogares y programas para padres y madres)”.
Finalmente, sostiene la importancia de brindar una atención integral a las y los sobrevivientes. ”Identificación temprana, atención de urgencia y servicios adecuados de salud sexual y reproductiva, evaluación del peligro, planificación de la seguridad, atención en salud mental y remisión a servicios de apoyo jurídico y social pueden mitigar las consecuencias de la violencia y prevenir la reincidencia”, aseguró la OPS.

Estrategia y Plan de Acción sobre el Fortalecimiento del Sistema de Salud para Abordar la Violencia contra la Mujer 2015-2025
– En 2015, el Consejo Directivo de la OPS, compuesto por ministros y ministras de Salud de 38 Estados miembros, aprobó unánimemente la Estrategia y Plan de Acción sobre el Fortalecimiento del Sistema de
Salud para Abordar la Violencia contra la Mujer 2015-2025. “Al aprobar este documento, los Estados adherentes reconocieron que la violencia contra la mujer
es un problema de salud pública y derechos humanos que los sistemas de salud deben abordar. Más de 100 personas representando gobiernos, organizaciones de la sociedad civil, instituciones académicas, organismos multilaterales y agencias de Naciones Unidas contribuyeron con su experticia al desarrollo del documento”, explicó la OPS en la cartilla.