Advierten de los peligros psicosociales que los jóvenes enfrentan en el ámbito laboral

Señalan que este grupo es más vulnerable a la violencia, el acoso y la intimidación, lo cual puede provocar padecimientos físicos y psíquicos

Por Luz Saint Phat – lsaintphat@comercioyjusticia.info

El ingreso al mercado de trabajo formal de los jóvenes es una problemática de debate internacional. Particularmente en Argentina, la situación es difícil para quienes quieren comenzar a realizar sus primeras experiencias laborales y tienen hasta 29 años, dado que este grupo poblacional es el que menor tasa de empleo registra y -por ende- en mayor medida integra las cifras de desempleo.
De hecho, según el último informe sobre Mercado de Trabajo del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) difundido la semana pasada, sólo 9,5% de la población ocupada al finalizar el último trimestre de 2018 corresponde a mujeres menores de 29 años, mientras para el caso de los varones de la misma franja etaria el porcentaje apenas asciende a 14,2% del total de empleados registrados en el país.
En la misma línea, la mayor proporción de desempleados corresponde a las mujeres de este grupo (25,9%) y también a los varones (25,6%).

Estos indicadores -que en mayor o menor medida se replican en distintas partes del mundo- dan cuenta de los obstáculos que tienen los jóvenes para conseguir trabajo pero también permiten anticipar que son mayores los riesgos a los que esta población se expone si efectivamente consigue un empleo.
Sobre este tema versa un interesante informe de Organización Internacional del Trabajo (OIT) que fue distribuido el año pasado e insta a los gobiernos a implementar legislación y medidas específicas para mejorar la salud y la seguridad en el trabajo (SST) para la población más joven, de entre 18 y 24 años.
En el documento se detallan distintos peligros que pudieron detectarse en los ámbitos laborales este grupo está expuesto. En la enumeración, se destacan seis tipos de peligros entre los que se encuentran los relacionados con la seguridad, los físicos, los biológicos, los químicos, los ergonómicos y los psicosociales.
Dentro de estos últimos, la OIT detalla que “son el resultado del diseño y la gestión del trabajo y de sus contextos social y organizativo, que tienen el potencial de provocar daños psicosociales o físicos”.

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Como ejemplo, el informe precisa que “una reacción habitual a los peligros psicosociales es el estrés”, el cual “puede provocar distracciones puntuales, errores de juicio o deficiencias en el desempeño de actividades habituales, aumentando el riesgo de accidentes en el lugar de trabajo”. Además, indica la publicación, “puede contribuir al desarrollo de trastornos mentales (agotamiento y depresión) y otros problemas físicos (enfermedades cardiovasculares y TME), así como comportamientos de superación negativos (alcoholismo o mayor consumo de tabaco)”.
“Por consiguiente, el estrés provoca el deterioro del bienestar y de la calidad de vida de los trabajadores (OIT, 2016a). Como los jóvenes aún están desarrollándose, tanto mental como emocional y socialmente hasta bien entrados los 20 años, su exposición a peligros psicosociales puede ser especialmente nociva”, advierte el texto que se encuentra disponible en Internet (https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—ed_protect/—protrav/—safework/documents/publication/wcms_625298.pdf).

Clasificación
Para la OIT, los peligros sociales pueden dividirse en dos grupos. El primero refiere a las condiciones del trabajo como el diseño de tareas, la carga, el ritmo y los horarios. Mientras tanto, el segundo bloque está relacionado con la organización y las relaciones interpersonales, la cultura organizativa, el estilo de liderazgo y de gestión, la función que desempeña el trabajador en la organización, las oportunidades de desarrollo profesional, el poder de toma de decisiones y el control, y el equilibrio entre la vida personal y la vida profesional.
“Cuando no están claras las tareas que debe desempeñar y su influencia en el resultado de su labor es limitado, puede ocurrir que, en combinación con otros factores, el trabajador se sienta poco motivado y poco satisfecho”, indicó la organización internacional, a la vez que detalló que “los jóvenes parecen ser más vulnerables a la violencia y el acoso, incluida la atención sexual no deseada, debido a la combinación de distintos factores, como el tipo de trabajo, la modalidad de empleo y el escaso poder de negociación”.

Por otro lado, también se señaló que “la intimidación es una cuestión que está siendo objeto de especial atención” y que “se trata de un factor que contribuye al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, depresión, agotamiento, ansiedad, nerviosismo, satisfacción laboral menor y bienestar general menguado”.
“Los entornos mal organizados y estresantes y un liderazgo deficiente generan un ambiente negativo, aumentando el riesgo de intimidación. La conciliación deficiente entre la vida laboral y la vida personal también se da con frecuencia entre los trabajadores jóvenes, en parte debido a que tienden a aceptar trabajo por turnos, estacional, los fines de semana y horas extraordinarias”, concluye el apartado del informe referido a los peligros.

Costo de las lesiones

“El costo para la sociedad que comportan los trabajadores jóvenes que sufren lesiones profesionales graves y secuelas a largo plazo puede ser mucho mayor que el de los adultos que sufren lesiones similares. Un joven con una deficiencia prolongada puede, a consecuencia de la misma, dejar de ser un miembro activo de la sociedad y no poder aprovechar la educación y formación recibida” (OIT, Informe Mejorar la Seguridad y la Salud de los Trabajadores Jóvenes, 2018).