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Superávit de Córdoba cayó 66% en el primer trimestre, a pesar de la fuerte baja del gasto en obra

Alcanzó 1.902,7 millones para el consolidado de la Administración Pública no FInanciera.
Los ingresos totales crecieron 29,8% y los gastos totales, 42,4%. Las erogaciones de capital, emblema de los dos últimos años de la gestión de Schiaretti, ahora apenas suben la mitad que la inflación

Por Alfredo Flury – aflury@comercioyjusticia.info

El Gobierno provincial logró al 31 de marzo pasado un resultado financiero de 1.902,7 millones de pesos, 66,53 por ciento menor al obtenido en igual período del año pasado.
La cifra, resultado de restar los gastos totales a los ingresos totales en este caso de la Administración Pública no Financiera (APNF) se produjo pese a la fortísima desaceleración del gasto en obras, que en este caso creció sólo 25,88 por ciento, menos de la mitad del alza de la inflación, que en la comparación interanual subió 53,87 por ciento.
El dato no es menor. Es que si bien el resultado financiero de las cuentas públicas venía mostrando flaquezas y ya en enero exhibió una drástica merma con relación al año pasado, la caída obedecía en buena medida a la sostenida dinámica del gasto de capital, principalmente destinado a obra pública que, según datos de enero pasado, subía a un ritmo del 56,2 por ciento.
Pero ahora esa erogación clave para la gestión, que crecía a tasas reales positivas desde hacía casi tres años, desaceleró bruscamente y nada hace suponer que vuelva a su evolución anterior.

En resumen, si antes buena parte de la explicación de porqué se reducía el resultado financiero -de hecho el año pasado cerró con fuerte déficit- era porque el ahorro corriente se volcaba a financiar el amplio plan de obra pública, ahora ese argumento quedó sin sustento. En definitiva, la caída del superávit financiero es hoy lisa y llanamente producto de que los ingresos corrientes crecen muy por debajo del gasto.
De acuerdo con datos de la ejecución presupuestaria al 31 de marzo pasado informada por el Gobierno provincial, los ingresos corrientes de la Administración Central -excluye agencias y Caja de Jubilaciones-, alcanzaron 51.082,05 millones de pesos, 30,05 por ciento por encima de igual período del año pasado.
En tanto, los gastos corrientes llegaron a 41.238,8 millones de pesos, 49,36 por ciento más que en 2018, casi 20 puntos porcentuales por encima de la suba de los ingresos.
Está claro que si la evolución de uno y otro concepto siguen en esa línea, las cuentas públicas tendrán serios problemas en el corto plazo.
Y no será fácil cambiarla, al menos por el lado del gasto. Es que la mitad de las erogaciones corrientes corresponden a la partida de personal que al 31 de marzo creció 40,82 por ciento hasta alcanzar los 21.194,7 millones de pesos. Es cierto que ese gasto subió por debajo de la inflación -más de 13 puntos abajo- pero el problema es que crece más de 10 puntos por arriba de la evolución de los ingresos corrientes. Sumado a que la paritaria con los estatales cerró con cláusula gatillo plena hasta agosto, todo hace suponer que el crecimiento de esa partida, pondrá en jaque las cuentas de la Provincia.

En ese marco, el ahorro corriente, esto es la diferencia entre ingresos y gastos corrientes, alcanzó a 9.843,2 millones de pesos, apenas 8,43 por ciento mayores a un año atrás.
En términos reales, la baja es contundente y sobre una partida que el gobernador Juan Schiaretti se ha encargado una y otra vez de destacar como clave en la estructura del presupuesto. Si flaquea el ahorro corriente, se complica el panorama.

La inversión en obras
En cuanto a los ingresos y gastos de capital, ahora ya en el consolidado de la APNF para incluir a la Agencia Córdoba Inversión y FInanciamiento (ACIF), llegaron a 693,5 millones y 7.783,6 millones de pesos, respectivamente. En el primer caso, la cifra representó una caída de 56,5 por ciento mientras que las erogaciones de capital subieron 25,88 por ciento.
Ese aumento se ubica muy por debajo de la inflación que en ese período acumulo más de 53 por ciento. Pero también muy lejos de la dinámica que tenía ese gasto en meses anteriores. De hecho, el último dato disponible correspondiente a enero mostraba una suba de 56,2 por ciento.
Está claro que el Gobierno provincial tomó nota del panorama y decidió desacelerar el ritmo de obra para no comprometer el ahorro corriente que viene en franco declive y preservarlo para atender obligaciones impostergables como salarios o inversión social que ajustan por inflación.
Es de esperar que la baja en el ritmo de obra se termine por consolidar con los datos del segundo y tercer trimestre. Superadas las elecciones del 12 de mayo, que mostraron un contundente triunfo de Schiaretti, reelecto gobernador, es lógico que el ritmo de trabajos públicos desacelere, más aún considerando que la base de comparación del año pasado es muy elevada.
Con todo, las obras públicas que aún se mantienen, se seguirán ejecutando principalmente con fondos externos gestionados oportunamente por el Ejecutivo provincial.

Resultado
En ese marco, el resultado financiero de la Administración Central llegó a 4.322,7 millones de pesos, 56,66 por ciento por debajo del año pasado.
En tanto, para el caso de la Administración Pública no Financiera, el resultado fue de 1.902,7 millones de pesos, 66,53 por ciento menos que en 2018, producto de ingresos totales por 63.925,8 millones de pesos y gastos totales por 62.023 millones de pesos, 29,84 y 42,43 por ciento mayores al año pasado, respectivamente.
El consolidado de la APNF incluye además de la Administración Central, el resultado de ACIF, del resto de las agencias y de la Caja de Jubilaciones que al 31 de marzo cerró con un rojo de más de 5.200 millones frente a los 2.286 millones de pesos negativos del año pasado.
Por lo demás, las fuentes financieras llegaron a 10.657,5 millones de pesos mientras que las aplicaciones financieras fueron de 12.560,3 millones de pesos, dentro de las cuales casi 4 mil millones fueron a amortización de deuda.

La deuda llegó a $118.689,7 millones,127% más que en 2018.
El pasivo provincial alcanzó al 31 de marzo pasado 118.689,76 millones de pesos, 127,6 por ciento mayor que un año atrás.
En forma paralela, la deuda se situó más de 15 mil millones de pesos por encima de la registrada al cierre del año pasado. Es decir, en tres meses subió 15 mil millones de pesos.
El aumento del pasivo se vinculó casi exclusivamente por la devaluación del peso respecto al dólar toda vez que más de 95 por ciento del quebranto está nominado en divisas estadounidenses.
El 31 de marzo del año pasado, el dólar se ubicaba en 20,149 pesos mientras que el 31 de marzo pasado se situó en 43,35 pesos, según consta en la página del Ministerio de Finanzas.
Es más, si el pasivo se corrigiera con el dólar a la fecha -ayer cerró en 46,2 pesos-, la deuda llegaría a 126.379 millones de pesos.
El aumento se produjo aún sin computar nuevos préstamos de fondos árabes o de bancos de inversión y tampoco de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD). Cuando esas deudas impacten, el pasivo total será ciertamente más elevado.

FInalmente, la denominada deuda flotante, esto es los pasivos del Tesoro, llegaron a 11.725,5 millones de pesos, casi tres mil millones de pesos más que en el mismo período del año anterior. De ese monto, 4.113,4 millones de pesos fueron pasivos por salarios a agentes públicos que se pagaron días después. El resto corresponde a deudas por obra pública y servicios prestados al Estado, entre otros.
Desde el Gobierno insisten en minimizar el impacto del rojo desde varios frentes. Recuerdan que endeudarse en moneda dura es clave para preservar el poder adquisitivo de los fondos para poder financiar el ambicioso plan de obras en ejecución.
Asimismo, señalan que los vencimientos están estructurados para poder ser atendidos en tiempo y forma. No obstante, en 2023 hay una amortización de capital clave que exigirá refinanciar ese pasivo tal como se hizo con los Boncor 2017.
De todas formas, todos los análisis quedan en el aire si la economía no se recupera en el mediano plazo y el dólar no logra mantenerse a raya en un escenario de alta volatilidad y en medio de un proceso electoral clave para el país.