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Las mejoras económicas no cambian la mala percepción sobre la democracia

El declive de la valoración popular sobre los beneficios del sistema político de mayorías es paralelo al crecimiento de los países de la región. Política y economía no van para el mismo lado

Javier De Pascuale - jdepascuale@comercioyjusticia.info

“El año 2017 muestra dos extremos, por una parte se acentúa el declive de la democracia, al mismo tiempo que los avances económicos de la región indican la menor cantidad de hogares con dificultades para llegar a fin de mes, desde 1995. El crecimiento económico y la democracia no van para el mismo lado”.
El concepto pertenece a los párrafos finales del Informe Latinobarómetro 2017, que será presentado en Santiago de Chile en pocos días más. Se trata de un estudio de opinión pública anual basado en 20.000 entrevistas realizadas en 18 países de América Latina, que representan a más de 600 millones de habitantes.
Corporación Latinobarómetro es una ONG sin fines de lucro con sede en Santiago, dirigida por Marta Lagos, que investiga el desarrollo de la democracia, la economía y la sociedad en su conjunto, usando indicadores de opinión pública que miden actitudes, valores y comportamientos. Los resultados son utilizados por los actores sociopolíticos de la región, actores internacionales, gubernamentales y medios de comunicación.
Para este año, el estudio concluye que el declive de la satisfacción con la democracia se acentúa este año respecto de las bajas precedentes, por una disminución sistemática del apoyo y la satisfacción con el sistema político, así como de la percepción de que se gobierna para unos pocos.
“El informe da cuenta de múltiples indicadores que también confirman la baja. Los gobiernos sufren la misma suerte, cada año los latinoamericanos los aprueban menos. Lo que hoy es el promedio antes era el mínimo. Lo normal ahora es el mínimo de antes”, asegura Lagos en el estudio.
“Venezuela abandona la democracia, quebrando reglas centrales para su funcionamiento como tal, atrae toda la atención, dejando los malestares de otras democracias de la región sin atención alguna. Es una democracia diabética que no alarma, con un lento y paulatino declive de múltiples indicadores, distintos según el país y el momento, que permite de alguna manera ingnorarlos como fenómeno social. Sin embargo, vistos en conjunto, esos indicadores revelan el deterioro sistemático y creciente de las democracias de la región. No se observan indicadores de consolidación sino, acaso, indicadores de des-consolidación. Los avances se ven en los indicadores económicos, no en los políticos y sociales. Es como una disociación entre dos mundos, el mundo de la economía, y el mundo del poder político”, agrega la cientista social en los párrafos finales del Latinobarómetro 2017.

No obstante este concepto general, si hablamos de Argentina es de destacar que se encuentra en el quinto lugar con mayor satisfacción popular con la democracia como sistema político y de gestión de los conflictos sociales. Se ubica detrás de Uruguay, Nicaragua, Ecuador y Costa Rica y es el primero de los países grandes y con desarrollo mediano, con mayor satisfacción con el sistema político.
Si la consulta a la población se refiere específicamente a la alternativa entre un gobierno autoritario y uno surgido como expresión de la voluntad mayoritaria de la población, la democracia está más valorada en Venezuela (78%), Uruguay (70%), Ecuador (69%), Argentina (67%) y Costa Rica (62%). Son los países de la región que más apoyo a la democracia concitan. Ecuador es el nuevo miembro de ese grupo de países que históricamente han apoyado más la democracia.
Los países donde sus ciudadanos menos apoyan la democracia son Honduras (34%), El Salvador (35%) y Guatemala, con 36 puntos porcentuales.
Como nota destacada del informe, la ONG revela que “América Latina ha tenido notables avances en la autoexpresión de sus ciudadanos, el crecimiento económico ha tenido un efecto esperado, con la disminución de las tasas de fertilidad, la atomización de las familias, y el acceso a bienes de consumo por partes significativas de la población; observamos también el materialismo y su impacto en los valores, cuando los pueblos se preocupan de los asuntos más materiales que espirituales, con las consecuencias morales que ello implica: el relajo de los estándares éticos, el aumento de la corrupción, la violencia y la delincuencia”.
Ya el informe Latinobarómetro 2016 reveló el reconcomiendo mundial sobre el retroceso que tenían las democracias de la “tercera ola”, especialmente en los países del primer mundo. “No podemos ignorar, al mirar América Latina, la manera cómo influyen sucesos políticos de envergadura en otras partes del mundo. Hoy todo tiene influencia a través de los medios electrónicos, hasta el más alejado de los ciudadanos está conectado con su smartphone con el mundo”, señala la ONG.
“El panorama político mundial cambió entre 2016 y 2017. Lo sucedido tiene consecuencias de largo aliento, el surgimiento de la extrema derecha como fuerza política en Europa, la llegada de ella al parlamento alemán son acontecimientos en occidente que tienen implicancias mundiales. No menos significativo es observar la socialdemocracia y el socialismo. ¿Son ésos los efectos de la caída del muro de Berlín, con impacto rezagado de un cuarto de siglo?”, se pregunta el informe.

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