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Los encantos de “La linda” y sus alrededores

De día luce su arquitectura colonial de balcones floridos, portales de rejas trabajadas, tejas coloradas y calles adoquinadas. De noche maquilla sus edificios históricos y plazoletas con luces y colores como quién decide salir de fiesta. Así se presenta Salta, la linda, una ciudad que se enorgullece de sus tradiciones, sus paisajes y su gente, así como también ha sabido promover sus encantos para posicionarse en el mercado turístico mundial.
En cada esquina, bar, aeropuerto o excursión, se escuchan y se ven extranjeros. ¿Qué es lo que mas les atrae de este destino?
“Tanto los visitantes internacionales como los argentinos buscan disfrutar de nuestros paisajes, así como también vivir experiencias, como por ejemplo disfrutar de una jornada para preparar mate con bollo (como le llamamos al pan casero)”, cuenta Guadalupe Pereales, guía local de Salta.

Pero más allá de las preferencias de cada uno, el destino tiene sus imperdibles y entre ellos prioriza el paseo obligado por el casco histórico de la ciudad capital en torno a la plaza 9 de julio, la única del país rodeada por recovas, donde se destaca el Cabildo, la Catedral Basílica, el Centro Cultural América y el Teatro Provincial.
Frente a este espacio verde de estilo sevillano circundado por naranjos, se ubica el Museo de Alta Montaña (MAAM), una visita imperdible para conocer la historia y ver de cerca a los niños del Llullaillaco, uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de los últimos tiempos que data de hace más de 500 años y cuyas momias están consideradas entre las mejor conservadas del mundo.
A solo un kilómetro de esta plaza, se accede al cerro San Bernardo, que en esta época del año se tapiza del verde exuberante de la vegetación. En auto, desafiando unas 1.500 escalinatas o por medio del teleférico se arriba a la cima elevada a 260 metros de altura, que ofrece una vista espectacular de la ciudad.
En los alrededores de la urbe, se expande la Quebrada de San Lorenzo, un enclave alejado del ritmo citadino nutrido por arboledas y ríos. Allí se encuentra el castillo de San Lorenzo, ideal para un almuerzo gourmet.
La vida nocturna de la ciudad se concentra principalmente en la calle Balcarce y su gran cantidad de restaurantes, cafés y peñas ideales para degustar la gastronomía típica acompañada de un espectáculo folclórico.

Un día en Cachi
Desde la ciudad de Salta, son casi tres horas de viaje hasta Cachi, el pequeño poblado enclavado en lo más inhóspito de los valles Calchaquíes. Aunque el recorrido es largo y sinuoso, lo amerita con creces, sobre todo por la diversidad y la magnificencia de sus paisajes.
El trayecto regala los colores y extensiones eternas de la Cuesta del Obispo a casi 3500 metros sobre el nivel del mar, y atraviesa el Parque Nacional Los Cardones, un terreno de más de sesenta mil hectáreas salpicado por estos impactantes ejemplares que parecen vigías del desierto. Como telón de fondo se yergue el cerro Tin-Tin que le agrega a la panorámica, laderas multicolores dignas de una postal. El camino continúa bajo la mirada lejana del nevado de Cachi que solo en verano exhibe sus picos blancos.
En Cachi se detiene el tiempo y el ritmo citadino. Impone silencio y una caminata sin rumbo por sus calles de piedra y veredas elevadas para acomodarse a las inclinaciones del terreno. Reina el blanco en las fachadas de las casas de adobe, bares, tiendas de artesanías, restaurantes y hoteles.

La plaza principal, que linda con la Iglesia y el museo, es el centro neurálgico y donde transcurre gran parte de la vida social del poblado que suma poco más de dos mil habitantes.
“Vivo aquí hace casi veinte años y me encanta porque es tranquilísimo. En este lugar te olvidas de todo”, cuenta Martín, que desde pequeño se dedica al telar y comercializa sus producciones en una tienda ubicada a pasos de la Iglesia.
Al igual que él, y a unos 25 kilómetros de camino de ripio desde el pueblo, otros tejedores integran el Camino de los Artesanos, un circuito que contempla alrededor de veinte talleres donde crean y comercializan ponchos, roanas y caminos de mesa, entre otras prendas realizadas a mano y con la tradicional técnica del telar. Difícil resistirse a llevarse alguna de estas piezas, que por su historia, colorido y terminación, resultan una obra de arte. Un pedacito de Salta para recordar un viaje inolvidable.

Para más información ver: https://comercioyjusticia.info/salidas/destinos/salta-entre-las-…-visitar-en-2020/

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