Reflexiones en voz alta

Por Elena J. Saissac de Brito / Mediadora, abogada

Como operadores en contacto diario con la gente, los mediadores tenemos oportunidad de observar los cambios que se introducen en la sociedad, producidos por distintos factores tales como innovaciones en la ciencia, tecnología, usos y costumbres, actos de gobierno o sanción de leyes,  por mencionar los más importantes.  Estos cambios conmocionan la vida comunitaria y pueden ir apareciendo de manera inadvertida hasta constituirse en representaciones ineludibles, o instalarse entre nosotros de un día para otro y ser definitivamente reconocidos por los medios de comunicación. Así, la prolongación de la expectativa de vida, la adolescencia tardía, la influencia de los medios masivos de comunicación, el desempleo, el reconocimiento de la violencia doméstica, la determinación de la paternidad por ADN… Podrán algunos de estos cambios parecer auspiciosos, otros cuestionar el propio  estilo de vida o tener  impacto negativo, pero a la hora de mediar sólo nos interesa la valoración que le atribuyen las personas que requieren nuestro trabajo.

Veamos algunos ejemplos de cambios promovidos por usos y costumbres. Es común hoy la convivencia de parejas jóvenes sin formalizar matrimonio civil, fenómeno que marca diferencias con generaciones anteriores. Su presencia es mayoritaria en mediación cuando la pareja se separa y generalmente la motiva el tema del régimen comunicacional de los hijos con el progenitor no conviviente y la cuota alimentaria, que se resuelve sin mayores dificultades en esa instancia, a veces con el agregado de problemas de orden patrimonial que la pareja no tuvo en cuenta al iniciar la convivencia.

Las adicciones y sus secuelas conforman un núcleo problemático que aparece con frecuencia en nuestras mesas de trabajo. Generalmente acompañado de inestabilidad emocional y laboral, sacude no sólo al afectado sino a todo su entorno y, aunque siempre han existido, nunca como hasta ahora habían afectado tanto la vida societaria (interna y aun internacional). Cuando esto se plantea directa o indirectamente en Mediación, se habilita un espacio de diálogo que permite reconsiderar si está en juego lo estrictamente personal o algo más, evaluar pérdidas, ponderar si es posible contar con apoyo familiar y, en el mejor de los casos, decidir buscar ayuda especializada.

Respecto a la introducción de nuevas leyes, la difusión  de la Nº 9283 de Violencia Familiar generó un verdadero movimiento social y muchas personas que se sentían victimizadas se atrevieron a concurrir a unidades judiciales a denunciar y solicitar orden de exclusión para los agresores. Tal fue la respuesta de la gente que se contabilizaron 20.000 denuncias en un año (Comercio y Justicia, 28/4/10). En mediación familiar esta realidad motivó numerosas intervenciones y prácticas más cuidadosas para establecer la comunicación necesaria entre partes y al mismo tiempo evitar contactos cuando existía orden de restricción en tal sentido entre agresor y víctima.

Por estos días, la introducción de la Asignación Universal por Hijo también ha sacudido el tejido social más vulnerable y su trascendencia es observable en mediación. Así como la marea trae cosas diversas a la playa, esta institución atrajo a muchos padres en situaciones muy irregulares con un nuevo interés por su prole, peticionando tenencia de sus hijos menores, abandonados en algunos casos desde años atrás en manos del otro progenitor, algún abuelo o un hijo mayor.

El objetivo de dicha normativa es proteger a menores y adolescentes en situación de vulnerabilidad social, pero al privilegiar a la madre para la percepción del beneficio, el dispositivo legal tiene un efecto secundario importante: se produce un “empoderamiento” de la mujer que la posiciona en otra situación, la fortalece y la hace menos “menesterosa” con respecto al hombre a la hora de negociar temas familiares, y esto es puesto de manifiesto en nuestras mesas de trabajo.
Está claro que la adecuación de los sujetos a las nuevas situaciones tiene mucho que ver con la información con la que cuente. Y aquí tienen un papel preponderante los medios de comunicación social, tan en foco por estos días. Al igual que la lengua de la fábula de Esopo, servida como el mejor y el peor de los manjares, los medios de comunicación tienen un superior destino cuando muestran la realidad, informan e instruyen, saciando la avidez del ciudadano con veracidad; y el peor cometido cuando mienten, distorsionan la verdad o confunden la opinión pública.

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