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Prácticas restaurativas: segunda oportunidad

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Por Gabriela Coffa y Carolina López Quirós (*)

Edgar ingresa al Centro Judicial de Mediación por derivación del juez, no en calidad de imputado sino tras haber cumplido condena. En su relato del caso hizo referencia a pelea de bandas; también habló de exceso de sustancias y de mucha confusión, todo lo cual causó un gran daño. Sin dar mayores detalles, aceptó su intervención en el hecho y las consecuencias que ésta acarreó. Durante el desarrollo de las reuniones, Edgar entendió su participación, responsabilidad y su voluntad de reparar más allá de ya haber cumplido condena.

Como en la generalidad de estos casos, los procedimientos de penal juvenil con prácticas restaurativas no se desarrollan en audiencias conjuntas, pudiendo trabajarse en reuniones privadas con victimario y víctima de manera independiente. En este caso se logró la aplicación de prácticas restaurativas solamente con el causante de lo ocurrido (Edgar); debido a que los padres de la víctima no quisieron participar del procedimiento porque esto implicaría remover recuerdos muy dolorosos para lo cual no estaban listos. 

En una de las reuniones privadas con Edgar, nos contó que había cumplido condena, y además continuó con todos los talleres ordenados por el juzgado, puestos en práctica por medio de la Senaf. Estuvimos en constante comunicación a fin de verificar el cumplimiento de los mismos. De esta manera, Edgar concurría a los talleres grupales e individuales de asistencia psicológica y sobre el abuso de sustancias; diversos talleres de capacitación de oficios, cada uno de ellos de regularidad semanal. Además, finalizó el último año del secundario, continuó realizando actividad deportiva (muy recomendada para estos casos) y mantuvo su estabilidad laboral. Todas estas medidas fueron establecidas por el juzgado a los fines de lograr una adecuada reinserción de Edgar en la sociedad. Advertimos un joven muy comprometido en cumplir con todas las indicaciones dadas por el tribunal, con una gran determinación para lograr rehacer su vida. Sin embargo, Edgar demostraba su profunda necesidad de algo más; sentía que para poder completar el ciclo debía de alguna manera poder expresar su arrepentimiento. Así es como decidió escribir una carta a los padres de la víctima, como una manera de pedirles perdón, ya que él entendía que ellos no desean verlo ni escucharlo; pero igualmente quería y necesitaba pedirles disculpas. Este manuscrito fue entregado a la madre, vía WhatsApp, debido a que ella había decidido leerlo; aunque consideraba que esto no le devolvería la vida de su hijo y que tampoco iba a lograr perdonarlo. Por su lado, el padre de la víctima de nuestro relato no quiso saber absolutamente nada; el dolor aún era tan fuerte que no le permitía siquiera vislumbrar la posibilidad de escuchar y menos aún perdonar al joven que para él le había arrebatado a su hijo. 

“(…) Me dirijo a la familia de la víctima, que pese al momento que están viviendo les pido disculpas por lo que pasó, no fue que yo quise que pasara.

Pido disculpas, sé que es muy duro para ustedes, pero en ningún momento pensé que se hubiera ido a mayor.

Vuelvo a pedir disculpas con la mano en el corazón, sé que para ustedes será duro perdonar, pero sé que mis disculpas no serán suficiente para calmar su dolor, pero quiero que sepan que además de mi arrepentimiento pasé varios años de mi vida encerrado, reflexionando, alejado de mi familia y aún estoy cumpliendo las condiciones que la justicia me ha puesto como pena (…)”.

El orden es importante. Se debe lograr antes que nada el reconocimiento para fomentar así en el joven la responsabilización y finalmente la restauración. 

Además de esta responsabilización por el daño causado, Edgar intentó de alguna forma restaurar o confortar a los padres de la víctima con un sincero y sentido pedido de disculpas, lo cual redundó en la posibilidad de que él también pudiera satisfacer su necesidad de completar el ciclo. 

Cabe destacar que se trató de una situación confusa, en la que estaban todos bajo el efecto del alcohol y sustancias y en la que hubo muchos heridos. No fue un hecho a sangre fría, pero sí una desgracia que se podría haber evitado.

El trabajo con prácticas restaurativas tiene por objetivo la responsabilización y reparación como una búsqueda real de crecimiento personal y en consecuencia: evitar la reincidencia. Consideramos que las prácticas restaurativas buscan restablecer el equilibrio roto por el hecho dañoso tanto respecto de la víctima como de toda la sociedad.

Actualmente Edgar se encuentra bien, habiendo logrado una paulatina reinserción en la sociedad, alcanzando la estabilidad familiar y laboral necesaria para su desenvolvimiento; tomando esta segunda oportunidad que le da la vida.  

(*) Mediadoras

Comentarios 1

  1. Elba Fernández Grillo says:

    Que buen trabajo están haciendo Caro y Gabi, ojalá haya muchos Edgar para sanar un poco esta Argentina rota, las felicito, sé que son mediadoras de alma, sigan adelante.

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