Pompa y “circunstancias”

Por José Emilio Ortega – Santiago Espósito (*)

Pompa

Todavía en un mundo en el que predominaban reyes y príncipes europeos, el músico Edward Elgar compuso en 1902 para su coterráneo y homónimo británico Edward VII las primeras versiones de una serie de cinco marchas, que con los años se dieron en llamar “Pompa y circunstancia” por la inclusión de un verso de “Otelo” en la composición N° 4.
Elgar logró renombre, aunque su ascenso fue trabajoso. Católico, de origen humilde, interesado por la música francesa y alemana, no era un hombre del establishment cultural londinense. Su reconocimiento completo llegó, como suele ocurrir, con el homenajeado bajo tierra.
Cierto es que ese notable conjunto de allegros trascendió, atravesando las barreras del tiempo, clases sociales, continentes. Utilizada mundialmente en cumpleaños, graduaciones o actos oficiales, fue emblema del orgullo británico y del sentir aliado en la segunda guerra mundial. Y pudo haber sonado -no lo sabemos a ciencia cierta-, estridente y altiva, en los fastos galos del domingo 11, cuando el presidente Emanuel Macron, tras conmemorar el centenario de la finalización de la Primera Guerra Mundial, convocó a Jefes de Estado y de Gobierno del mundo a participar del Foro de París por la Paz.
Alrededor de sesenta países relacionados con los dramáticos acontecimientos de la Gran Guerra, por la drástica ebullición del mapamundi que luego volvería a mutar tras los acuerdos de Yalta y sucedáneos, se dieron cita en una reunión que su anfitrión planteó para revalorizar el multilateralismo.

Ciento veinte iniciativas se discutieron en clásicas comisiones: Paz y Seguridad, Medio Ambiente, Desarrollo, Nuevas Tecnologías y Economía Inclusiva. Un congreso “ochentoso”, del siglo pasado; Macron y la premier alemana Angela Merkel rescataron la solidaridad internacional y advirtieron contra el aislacionismo, acompañados prudentemente por figuras como el ruso Vladimir Putin, el turco Tayyip Erdogan, el rey Felipe de España y otros.
Aunque Theresa May sólo adhirió desde Londres, y Donald Trump realizó una “visita de médico”, que comenzó mal el sábado 10, en la que tras una cumbre con Macron siguieron las diferencias por la defensa hemisférica en el marco de OTAN.
Trump se movió y habló poco -alguna palabra con Putin-, canceló actividades oficiales por mal tiempo -criticado por el protocolo francés- y se marchó de París sin sumarse al foro.
Se llevó un dato bajo el brazo: según Le Figaro, su imagen positiva en Francia creció de 20% a fines de 2016, a 35% en la actualidad. Y asegura el prestigioso medio que, de no mediar imprevistos, la tendencia lo llevará a completar su ¿primer? mandato con imagen positiva en las tierras de Bonaparte. ¿Pasará lo mismo en el resto de Europa?

Circunstancias

Mientras la pompa de una dirigencia encapsulada revuelve el boticario de viejas medicinas, un mosaico de voluntades descontentas quema las naves y atraviesa de sur a norte el tan extenso como cambiante territorio mexicano.
Fueron noticia global desde el 19 de octubre. En su mayoría hondureños, aunque sumándose ciudadanos de otros países centroamericanos y no se descarta que en el camino también lo hayan hecho algunos mexicanos.
El objetivo es cruzar por Tijuana. Hasta aquí han rechazado las diversas ofertas realizadas por las autoridades locales -incluso las electas como Andrés Manuel López Obrador, quien asumirá la presidencia de su país el próximo 1 de diciembre-. Se dijo inicialmente que eran poco más de mil, aunque en la actualidad se habla de más de cinco veces más.
El grupo es heterogéneo, se sabe. Los móviles, también.
México, tradicionalmente receptivo de inmigrantes, extremó sus controles e incluso ha rechazado ingresos (más de 1.100 en este año según estadísticas oficiales). Aunque no es fácil saber cuántos han cruzado o pretenden cruzar.
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que ha tomado intervención en este caso, señala haber registrado sólo en el estado de Chiapas 3200 ingresos en los últimos meses, considerando que existen técnicamente condiciones para otorgarles trato de refugiados.

No los mueve sólo la necesidad de un trabajo: muchos escapan de la extrema violencia. América Latina es la zona más violenta del mundo. Entre 2000 y 2016, han muerto por esta causa más de dos millones y medio de personas (dos ciudades de Córdoba enteras).
El Salvador (60 muertes -la media mundial es 7- cada 100.000 habitantes) y Honduras (42,8 decesos) están entre las más castigadas. En ciudades como San Salvador (136,7 muertes cada 100.000 habitantes) o San Pedro Sula (Honduras, 104,3), extensas zonas urbanas y suburbanas se encuentran bajo el absoluto influjo del terror.
El gobierno norteamericano está atento a la tormenta que se acerca a Texas; el presidente ha firmado un decreto que establece un período de especiales restricciones para los próximos 90 días, que pueden prorrogarse o modificarse tras un acuerdo con México.
A su vez, este país transita los dramas de su propia inestabilidad en la lucha contra los cárteles -dio vuelta al mundo el brutal asesinato de una joven de 22 años en Ciudad Mendoza el pasado jueves 8, confundida con una allegada a las grandes bandas narcotraficantes de Veracruz- mientras analiza cómo enfrentar su condición de país de tránsito y destino de migrantes.
El diálogo entre Ciudad de México y Washington es imprescindible.
Pompa y “circunstancias”. Simultánea contracara de un mundo cada vez más difícil. Aunque las llaves, una vez más, están en el Salón Oval.
Después de todo, ambas realidades han tenido que ver con antiguas decisiones tomadas allí, que esperan replanteos.

(*) Docentes UNC

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