Ni tontas ni malas ni locas

Por Carolina López Quirós y Gabriela Coffa * especial para Comercio y Justicia

Esta causa comenzó como una Etapa Prejurisdiccional de Familia. Se trataba de un caso que involucraba a cuatro hermanas. Con la particularidad que tres de ellas estaban a cargo de la otra, Malena, con la capacidad restringida. Teresa, la mayor, era rotulada por sus hermanas como rígida, inflexible, dura. La del medio, Paula, con el mote de fresca, que sólo pensaba en divertirse y la menor, Victoria, la que hacía de cuenta que no pasaba nada y miraba para otro lado.

Lo cierto es que las tres afrontaban a su manera, desde chicas y dentro de sus posibilidades, la responsabilidad de acompañar y cuidar a Malena, debido a que sus padres desde hacía años no pudieron hacerse cargo de ellas por severos problemas psiquiátricos; incluso las hermanas debían velar por la salud de ellos. El panorama era muy complejo y la relación con la que llegan a la mediación muy tensa.

Cuando debieron resolver la situación de Malena finalmente decidieron que la curadora sería Teresa, La Estricta. Esto fue así, según la versión de Teresa, por comodidad de Paula, La Fresca. Según la mirada de Paula, porque en su momento evaluaron que Teresa tenía mejor trabajo y era seguro. Si bien Paula trabajaba, su situación era inestable, no lograba mantener trabajo fijo. Y Teresa le achacaba todo el tiempo que en realidad ella quería vivir de juerga y no asumía adecuadamente la responsabilidad, lo que no le sorprendía porque nunca había cumplido las reglas. Victoria, La Distraída, ingresó a la mediación casi sin entender qué hacía allí. Ella consideraba que ya había cumplido con todo lo que le correspondía y ahora había formado una familia y estaba realmente fastidiada de seguir involucrada en esta situación de la que ya no se hacía cargo.

Ella, tal como dijeron sus hermanas, “estaba en otra”: formó familia y se mudó. Después de tener a su bebé les manifestó a sus hermanas que ya no podría cuidar y acompañar a Malena. Pero la pica era entre Teresa y Paula, que parecían competir todo el tiempo por quién hacía más por Malena. La situación entre ellas llegó a una escalada de tal magnitud que terminaron involucradas en una gran pelea cargada de golpes que implicó que Teresa no le permitiera ver más a Malena; hasta dijo que se drogaba con la medicación de Malena. Por tal motivo Paula decidió mudarse. La convivencia se volvió, a esa altura, imposible.

La mediación comienza a instancia de Paula para lograr un régimen de visitas con su hermana Malena ya que ella, después del incidente, continuó viviendo con Teresa. Al tiempo que concurrieron a mediación Teresa les continuaba impidiendo a Paula y Victoria todo contacto con Malena. Paula se mostró muy angustiada; dijo que estaba acostumbrada a pasar mucho tiempo con su hermana Malena que la extrañaba mucho.

Los ánimos estaban tan caldeados que consideramos más efectivo comenzar con reuniones privadas, siempre explicando, sobre todo a la parte que se queda afuera esperando, que esta metodología era parte del proceso y que seguidamente nos reuniríamos con la otra. Ambas lo agradecieron. No querían estar juntas en la sala. Debieron pasar tres meses y tres audiencias hasta que las hermanas aceptaron reunirse de manera conjunta. Cuando lo hicieron, hubo muchos reproches, mucha catarsis, llantos, pero paulatinamente se fueron calmando y pudieron comenzar a reconocerse, salirse de las rotulaciones iniciales y a admitir que todas habían contribuido a su manera y que era muy difícil relacionarse entre ellas. Comenzaron a mostrar mayor empatía por la situación de cada una. Pudieron ver que si bien Teresa era bastante dura, era fundamentalmente estructurada y metódica y esto fue clave en el sostén del hogar y no era la mala. Paula, bastante desorganizada, libre, descontracturada pero no era la loca y mostró ser muy sensible. Victoria era tranquila, estaba con otras prioridades, pero tenía una faceta protectora y no era -o no se hacía- la tonta.

Cada una, en mayor o menor medida, pudo comenzar a construir una narrativa en la que ocupaba un rol indispensable para logar que todo funcionara. Y no les había tocado una historia fácil.
Tal como sostiene Robert Fisher junto a otros en “Conversaciones Difíciles”, en general, salvo cuestiones excepcionales, las personas no son ni malas ni tontas ni locas sino que tienen razones, han construido percepciones y realizan interpretaciones que las llevan a pensar, sentir, decir o hacer lo que hacen.

Se trataba en realidad de tres hermanas aguerridas que debieron enfrentar una vida cargada de dificultades, madurar antes de tiempo y pelearla a su manera. En el devenir de la conversación pudieron darse cuenta de cuán importante fue el rol que desempeñaron todas, que le permitió a Teresa salir a trabajar y ser el sostén económico de todas, a Paula darle la contención que su hermana Malena necesitaba y a Victoria hacerse cargo de los quehaceres de la casa a fin de convertir en un verdadero hogar lo que habría terminado siendo seguramente un conventillo sin norte. Cuando pudieron escucharse, verse y entender todo lo que habían logrado a pesar de que el destino las había colocado en un lugar de casi imposible resolución, el amor por Malena pudo más y se fueron con una mirada más compasiva la una de la otra y reconociéndose como como tres valientes que dejando a un lado las broncas, las desconfianzas y la sensación de injusticia, lograron aunar esfuerzos y empezar a mirarse desde el respeto y el reconocimiento como verdaderas luchadoras que le habían hecho la vida lo mejor posible a esa hermana. Al final, sólo querían organizar sus vidas en función de Malena; con un cronograma de horarios y actividades, logrando acordar y entender que esa era la forma para poder seguir disfrutando de su alegría, frescura y sensibilidad.
Parte del texto de este artículo es una reproducción de una intervención denominada técnicamente historia alternativa. La misma se nutre de todo el trabajo en torno a la legitimación que el mediador realiza con las partes. El primer paso siempre es lograr que ellas mismas puedan reconocer su propia valía, luego que puedan reconocer este valor en los demás hasta llegar a un modo de contar la historia más compasivo y más humano, apoyado en las contribuciones y no en las culpas
En estos tiempos de cambios, comparar las fotos del principio y del final de este tipo de causas debe ser lo que nos incentiva y mantiene nuestra convicción de que la MEDIACIÓN ES UNA GRAN OPCION DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS.

* Mediadoras

4 Comentarios en "Ni tontas ni malas ni locas"

  1. Felicitaciones Caro y Gabi. La comparación de esas fotos es la gratificación que nos nutre en una tarea a veces dura pero tan bella

  2. Avatar Elba Fernández Grillo | 24 septiembre, 2020 en 8:40 am | Responder

    Muy linda nota, historias y relatos que nos gratifican

  3. Avatar Margarita del Corro | 24 septiembre, 2020 en 8:37 am | Responder

    Maravillosa visión integradora de las mediadoras que logran poner en palabras, los actos de valor ya realizados por sus protagonistas, y por ello devolver a esas mirada el reconocimiento que alimenta y sostiene el amor.

  4. Excelente!

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