“La tasa de deforestación cordobesa supera aun la de los bosques tropicales de países pobres”

“Deforestación, agricultura y biodiversidad”, por Marcelo Cabido y Marcelo Zak, investigadores de la UNC

En medio del prolongado debate que lleva adelante la Legislatura cordobesa para alcanzar una ley que proteja los bosques nativos provinciales, el informe sobre la situación “Deforestación, agricultura y biodiversidad”, elaborado por Marcelo Cabido (colaborador del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático que ganó el premio Nobel de la Paz en 2007) y Marcelo Zak, ambos profesores de la Universidad Nacional de Córdoba e investigadores del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal de la UNC/Conicet, instruye y grafica sobre esta problemática que, según indican, “no registra precedentes en la historia de la humanidad”.

El texto, elaborado para el periódico digital Hoy la Universidad, asegura sin miramientos que “las tasas de deforestación sufridas por los bosques cordobeses no tienen parangón a nivel mundial, superando incluso las correspondientes a bosques tropicales en otros países pobres que, como consecuencia, resultan aún más infortunados”.

Sucede que cuando se pierden los ecosistemas de bosques “desaparecen también los servicios que éstos proveen (purificación del aire y el agua, formación y retención de suelos, control de sequías e inundaciones y polinización, entre otros). Lamentablemente, esto no es comprendido por muchos formadores de políticas y emprendedores privados y resulta necesario traducirlo: sin los ambientes naturales los sistemas de soporte de vida colapsan y con ellos nuestra propia existencia”.

“Siendo así, ¿existe aún algo que deba ser discutido al respecto?”, consultan, y aseguran: “Lamentablemente, al igual que en muchos otros aspectos relativos a lo ambiental, las posiciones de compromiso intermedias son inviables: no se puede abrir el juego simultáneamente a la protección de los bosques y a la expansión agroganadera”.

El problema
Según el informe, la expansión e intensificación de la agricultura durante los últimos 50 años no registra precedentes. Entre 1960 y 2000 la población mundial se duplicó hasta alcanzar 6.000 millones de habitantes, la economía global creció seis veces y la demanda de alimentos y de servicios ecosistémicos lo hizo en forma significativa. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, 2001), la producción de alimentos casi se duplicó en ese período. Parte de este incremento puede atribuirse al alza de 12% en el área cultivada, aunque no puede soslayarse la “revolución verde” (rendimiento, fertilizantes y pesticidas, mecanización e irrigación), lo que implicó un incremento global de 700% en el uso de fertilizantes y de 70% en la superficie bajo riego. Como consecuencia, el rendimiento por unidad creció 106%.

“Tales transformaciones ocasionaron la pérdida de hábitats y biodiversidad, la alteración de la estructura y funcionamiento de los ecosistemas y la disminución de su capacidad para sostener la provisión de servicios y recursos”, se indicó.

Actualmente, cerca de 40% de la superficie libre de hielos está bajo agricultura, en tierras anteriormente cubiertas por bosques, sabanas y pastizales. “Sólo el reemplazo de bosques tropicales por cultivos sería responsable de hasta 26% de las emisiones de dióxido de carbono”.
Se perdieron alrededor de 11 millones de km2 de bosques en 300 años (FAO, 2004), y los niveles de deforestación fueron de 146.000 km2 durante los 90. Al presente, la superficie cultivada se está expandiendo en cerca de 70% de los países del mundo, está disminuyendo en 25% de ellos y se mantiene en el 5% restante.

Aunque las estimaciones varían, la población mundial probablemente se incrementará hasta 8 y 10 mil millones de habitantes hacia 2050. “Junto a este crecimiento se observa un rápido incremento en el consumo per capita, siendo posible que la demanda de alimentos aumente entre dos y tres veces hacia mediados de siglo. A pesar de los progresos tecnológicos, la superficie total de tierras cultivadas debería incrementarse en 18% (15 millones de km2) en el mismo período”.

Frente a esta tendencia cabe preguntarse cuáles serán las consecuencias de un nuevo aumento en la producción de alimentos y qué impactos puede producir sobre los ecosistemas y sus servicios.
“Tal aumento ocasionaría la pérdida de unos 2,68 millones de km2 de ecosistemas naturales alrededor del mundo, por ejemplo los bosques subtropicales xerófilos estacionales remanentes en Córdoba y el norte argentino. Incrementaría la proporción de especies amenazadas y/o en peligro de extinción, causaría una emisión masiva de dióxido de carbono y  produciría un impacto desproporcionado sobre la biodiversidad global. De esta manera, el impacto ambiental sería aún más grave que el del cambio climático global”.

En Córdoba
En términos generales, la tasa de deforestación registrada por la FAO (2001) para Argentina (0,8 % anual) “es ya una de las más altas de América del Sur, aunque resulta ampliamente superada en algunos sectores del territorio, tal el caso de la provincia de Córdoba, que constituye el más dramático ejemplo: los procesos de expansión de la agricultura en los departamentos del norte cordobés, entre 1970 y 2000, ocasionaron la pérdida de más de 10 mil km2 de bosques xerófilos estacionales (chaqueños) por conversión a cultivos anuales, principalmente soja”.

“Bien sabemos entonces qué ocurrirá si persistimos en la conducta irresponsable, egoísta y malintencionada que nos ha llevado hasta el estado actual de cosas. Pero, ¿qué queda entonces por hacer? Tristemente no mucho. A esta altura, y en este orden de cosas, ello implica la puesta en vigencia de una ley que proteja sin más dilaciones los escasos bosques nativos del territorio provincial, lo cual sólo será posible si nuestros legisladores se comprometen con la propuesta realizada, sobre la base de un enfoque científico y ampliamente participativo, por la Comisión de Ordenamiento Territorial de los Bosques Nativos (COTBN). Si esto así ocurriera, podríamos comenzar a reandar un camino signado por numerosos fracasos en la política ambiental de Córdoba, 200 años después”, se indicó.

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