Crisis en Egipto: “EE.UU. reforzará su presión sobre América Latina”

Anoche se esperaba la renuncia de Mubarak. La crisis en Medio Oriente influirá también en la política y la economía latinoamericanas.

Durante los últimos días conmovieron todo el mundo las imágenes llegadas desde Egipto, donde millones de personas que por décadas se habían mantenido atemorizadas se lanzaron a las calles a exigir la finalización del gobierno de Hosni Mubarak, largamente denunciado en el mundo occidental por sus violaciones de los derechos humanos, pero sostenido en el poder por varias décadas por el apoyo de Estados Unidos. Aunque aún no está claro cómo se resolverá la crisis, un largo ciclo parece estar llegando a su fin. Y la dimensión del cimbronazo es tan grande que algunos analistas no dudan en compararlo con la caída del Muro de Berlín en 1989 –y el fin del bloque socialista- o las revoluciones burguesas de 1848.

Frente a la dimensión de los hechos, Comercio y Justicia dialogó con Atilio Borón, uno de los politólogos más reconocido en América Latina, actualmente director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso).

Borón entiende que en la crisis en Egipto no sólo está jugándose el equilibrio –siempre frágil- de Medio Oriente sino el internacional. Desde su perspectiva, América Latina debe entonces prepararse para un reforzamiento de la presión norteamericana sobre la región, tras largos años en que Estados Unidos pareció atemperar su influencia, sin olvidar por ello su avance mediante bases militares y su papel en los golpes de Estado de Venezuela –en 2002- y de Honduras –en 2009-.

Para Borón, la primera clave de interpretación es entender el lugar de Mubarak en la estrategia norteamericana en Medio Oriente: Egipto era, junto a Israel, el ancla estabilizadora del equilibrio en esa región, uno de los dos países en que Estados Unidos anclaba su poder sobre esa zona, importante además por sus reservas de petróleo. “Para Estados Unidos es catastrófico que, con la neutralización de Mubarak, Egipto deje de ser el gendarme regional. Por eso allí se está jugando no sólo el equilibrio de Medio Oriente sino el equilibrio internacional”, consideró.

Frente a ello, el analista denuncia a su vez como “hipócritas” y “oportunistas” los llamados de Barack Obama y su secretaria de Estado, Hillary Clinton, para que el Egipto de Mubarak realice las “reformas necesarias”. “Estados Unidos se encargó de reforzar en Egipto un régimen en el cual la corrupción, el narcotráfico y el lavado de dinero crecían a un ritmo inusitado, sólo superado por el proceso de exclusión social que se vivía, complementado todo ello con una feroz represión sobre la más mínima disidencia. Un régimen, además, al cual Washington podía enviar prisioneros para torturar sin tener que enfrentar restricciones legales”, opina Borón.

Frente a esta encerrona, la opción de Estados Unidos “es el gatopardismo de construir un ‘mubarakismo’ sin Mubarak. De todas formas, por más que aún esté en su cargo, su régimen ya cayó porque ya no puede cumplir la función que venía cumpliendo”.

Influencia en América Latina
Más allá de la resolución en Medio Oriente, la pregunta que ronda sobre los analistas de la política internacional es qué influencia tendrán los sucesos en Egipto sobre América Latina, una región sobre la cual Estados Unidos parecía haber relajado –no abandonado- su presión en los últimos años, más preocupado por Afganistán e Irak.

“Ante esta situación de progresivo debilitamiento en Medio Oriente, lo que hará Estados Unidos es reforzar su presión sobre América Latina, tratando de acercarse y ampliar sus ‘gobiernos amigos’”, augura Borón.

Entiende que el imperio del norte recurrirá así a la misma estrategia que desarrolló cuando enfrentó problemas en el sudeste asiático –básicamente en Vietnam-, a finales de los sesenta.

¿Esto significaría un reenfocamiento sobre América Latina? Para Borón, Estados Unidos siempre estuvo “muy atento” a la región. “Pese a lo que suele escucharse, no es cierto que América Latina no sea relevante para Estados Unidos. De hecho sólo hay que recordar cómo reaccionó cuando invadió Granada en 1983, un país pequeño dentro de la región”.

Según el análisis del politólogo, América Latina es “la primera región en importancia” para el imperio del norte, dado que resulta su zona de influencia inmediata, una fuente de minerales para su industria de punta, una enorme reserva de agua dulce y un abastecedor cercano de petróleo. “Cuando todo se cae, Estados Unidos sostiene su presión sobre América Latina. Hay que recordar algo muy simple: un barco con petróleo que sale desde Arabia Saudita demora 20 días en llegar a Houston; si sale de Venezuela tarda tres días y medio. Eso significa costos altísimos que nadie quiere pagar”, sintetiza Borón.

Desde el punto de vista económico, el impacto en América Latina puede ser “grande” para los países importadores de petróleo, cuyo precio está subiendo aceleradamente. “Pueden tener crisis por el lado de las cuentas externas”, indica.

De todos modos, su análisis general es que se verá “una profundización de la crisis de 2008, de la cual aún no se salió plenamente, pues las tendencias recesivas de la economía mundial aún están presentes”.

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