18 de septiembre: el voto en la Ciudad de Córdoba

Por Miguel Ángel Duarte / Licenciado en Ciencia Política (UCC). Profesor de Derecho Político en la Facultad de Derecho de la UNC. Prosecretario de la Asociación Argentina de Derecho Político.

Las elecciones provinciales del 7 de agosto en la Ciudad de Córdoba mostraron resultados que merecen análisis socio-políticos provisorios para visualizar tendencias hacia los comicios municipales del 18 de septiembre, en los cuales se eligen intendente y viceintendente, concejales y tribunos de Cuentas.

Los comicios no influyeron en las candidaturas nacionales, puesto que las principales fuerzas con posibilidades de acceso al poder se centraron en discursos y estrategias provinciales, con débil referencia a las disputas presidenciales, aunque mantuvieron una clara distancia respecto del kirchnerismo conforme el rechazo mayoritario -y multicausal- de la opinión pública cordobesa al gobierno nacional hasta ese momento.

Sin embargo, los resultados de las internas abiertas del 14 de agosto sorprendieron, con un triunfo importante de Cristina Fernández de Kirchner y con el segundo lugar para Hermes Binner, que dejó en el tercer puesto a Ricardo Alfonsín en la capital cordobesa.

Con los datos sobre los resultados electorales del 7 de agosto que ha publicado la Justicia cordobesa  proponemos observar las tres principales fuerzas políticas (sumaron 92,97 % ,con 646.614 votos) que disputaron la gobernación provincial, analizar la composición del voto e inferir las tendencias políticas predominantes en la ciudad de Córdoba.

Comportamiento
El voto es comportamiento y opinión.

Los análisis de sus determinantes tienden a destacar por un lado factores sociales, estructurales o psicológicos y, por otro, comunicacionales.

En la actualidad predominan estos últimos, partiendo de la premisa de que es el individuo quien decide y el conjunto de éstos los que orientan sus elecciones de acuerdo con elementos comunicacionales que se expresan en campañas electorales y se sintetizan en la exaltación de la imagen de los candidatos.

Esto se demostraría, por ejemplo, en el bajo caudal electoral de las fuerzas políticas con menores presupuestos.

En cuanto a los factores estructurales o sociales que orientan el voto, podemos observar la posición en que quedan las tres fuerzas políticas principales con los candidatos que encabezaron las preferencias el 7 de agosto.

Cabe destacar que lejos de las luchas antioligárquicas que dieron origen y sentido al radicalismo y al peronismo, con el transcurso del tiempo ambos se han conformado como movimientos políticos con una composición social policlasista.

Esta misma característica se visualiza en el Frente Cívico de Luis Juez, conformado mayoritariamente por grupos de extracción peronista y radical.

Esto indica que no se encontraría en el ADN de estas fuerzas políticas una representación -exclusiva o excluyente- de clases sociales.

Sin embargo, los resultados electorales por barrios de la capital permiten señalar las tendencias de los tres principales candidatos y partidos en la representación social.
Con respecto al progresismo y al conservadurismo en las fuerzas políticas podríamos decir que en el imaginario político las diferencias se resuelven a partir de factores sociales, culturales, ideológicos y de trayectorias históricas.

El carácter progresista de aquéllas estaría dado, entre otros factores, por su identificación popular; su penetración amplia en la sociedad; sus posiciones de control o atenuación de los poderes del mercado; las posiciones igualitaristas;y la promoción de la democracia participativa como horizonte.

Grupos
Por otra parte, el carácter conservador de las fuerzas se visualiza en la identificación con grupos sociales medios altos y altos; su penetración focalizada en espacios sociales vinculados con dicha identidad; sus posiciones de liberalización del mercado e institucionalistas y la promoción de una democracia representativa del tipo delegativa o más restrictiva en términos de participación.

En las internas abiertas y simultáneas del 14 de agosto, los cordobeses de la capital mayoritariamente votaron en el sentido de opciones progresistas o de carácter popular, representadas en esa oportunidad por Cristina Fernández de Kirchner, Hermes Binner y Ricardo Alfonsín.

Entre los interrogantes a dilucidar el próximo 18 de septiembre está el de la volatilidad del voto o la selectividad del electorado de acuerdo con cada elección. Pero las elecciones municipales merecen un análisis previo y posterior diferenciado ya que no habría correlación entre las tres fuerzas en un escenario en el que el peronismo se presenta claramente dividido entre Riutort y Campana; el juecismo, que corre detrás con aproximadamente 7 % en la intención de voto y Ramón Mestre quien se orientaría hacia un claro triunfo con 30,7 % de la intención de voto según la encuesta publicada por Gustavo Córdoba.

¿Representan estas fuerzas políticas a distintas clases sociales? ¿Podemos ubicarlas en esquemas progresistas o conservadores? ¿Las posiciones tomadas por los candidatos en distintos temas arrastran a un plano ideológico determinado a las fuerzas políticas?

Éstos son algunos de los interesantes interrogantes para estudiar, pero en este momento lo que más nos motiva es saber quién ganará el domingo 18 y si podrá rápidamente dar rumbo a la estructura municipal devastada por la ausencia de una gestión eficiente durante tantos años.

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