El G-20 acordó reducir el déficit de poderosos, pero se afectaría a emergentes

Los países más industrializados reducirán a 50% sus rojos en tres años y estabilizarán sus deudas a 2016. Sin embargo, el retiro de los estímulos podría repercutir en los exportadores.

Sin un consenso unánime, la Cumbre del G-20 -que se desarrolló hasta anoche en la ciudad canadiense de Toronto- logró un acuerdo para bajar a la mitad el déficit del sector público en los próximos tres años, y “estabilizar o reducir” la deuda de los gobiernos en relación al PBI hacia 2016, aunque ello se hará en función de las circunstancias de cada país y al ritmo que se considere oportuno, como requisitos para reactivar la economía mundial.

La medida alcanzaría a los más poderosos, mientras que los emergentes que integran el grupo estarían exentos.

Angela Merkel, canciller alemana y principal promotora de que la política de consolidación fiscal sea prioritaria en esta fase de la crisis, indicó: “Es mucho más de lo que esperábamos. Que los países industrializados se hayan comprometido así, es un éxito”, dijo.

Sin embargo, sus palabras contrastaron con las de varios dirigentes de los países emergentes, incluida la presidenta Cristina Fernández, quien aseguró que “la política de austeridad es un desastre. Nosotros ya lo experimentamos en 2001”, haciendo clara referencia al impago de la deuda que se produjo aquel año.

Por su parte, el ministro de Finanzas de Brasil, Guido Mantega, indicó que “reducir el déficit a la mitad para algunos países es un ajuste draconiano. Cuando uno se pasa en la medicina puede matar al paciente”.

Al mismo tiempo, dijo que el objetivo de los países desarrollados de recortar el déficit y “la prisa en la retirada de estímulos” podría “amenazar” la recuperación económica mundial.

“En lugar de estimular el crecimiento, prestan más atención a los ajustes fiscales y, si son exportadores, estarán haciendo su reforma a nuestra costa”, aseguró en representación del presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, ausente por las inundaciones en Brasil.

La oposición de los emergentes -con niveles de déficit inferiores- quedará reflejada en el comunicado, ya que no se les aplicará el objetivo mínimo de déficit pactado por los industrializados. Sin embargo, y para lograr la estabilización de la economía mundial, el compromiso de éstos se encaminaría hacia la búsqueda de crecimiento dentro de las fronteras nacionales.

“Las economías con superávit harán reformas para reducir su dependencia de la demanda externa y concentrarse más en las fuentes domésticas de crecimiento”, indica la declaración, aunque sin mencionar explícitamente ningún país.

Modelo nacional

En tanto, en su discurso, Cristina abogó para que se considere al trabajo digno como “un ordenador social”, rechazó los ajustes como medida para paliar la crisis y reiteró su postura de reformular los organismos multilaterales de crédito. “Pude plantear la experiencia argentina y las recetas que luego de 2003 pusimos en práctica y que se tratan no de dogmas, sino de cuestiones empíricas”, explicó.

“Aquí quedó en claro que cada país es dueño de usar el modelo que más le convenga sin recetas que se le impongan desde fuera ni desde ningún organismo”, aseguró.

Además, sostuvo que en el plenario de los líderes mundiales “se vieron claramente las dos posturas, una que sostiene que no hay que realizar ajustes y seguir manteniendo las medidas contracíclicas asegurando el trabajo, y la otra que es la que está poniendo en práctica la eurozona y que vemos en Grecia y España, con los ajustes y las reducciones en jubilaciones, salarios y pensiones”.

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