Lara y su familia (II)

 Por Marta Belucci*

En la entrega anterior presentamos este caso, del cual brindamos un resumen: Teresa y Raúl son los padres de Ana y abuelos de Lara (13); siempre vivieron todos juntos. Teresa pidió la mediación, cuya causal de remisión fue “Delegación del ejercicio de la responsabilidad parental”. Se realizaron varias audiencias. Citó a su hija y a Luis, el padre de su nieta. Raúl también fue a las audiencias.
Teresa explicó que el motivo de su pedido era ordenar todo lo relativo a Lara, quien estaba a su cuidado y de su esposo desde hacía tres años. Ana, en reunión privada, dijo que siempre dependió económicamente de sus padres y que cuando nació Lara se buscó un trabajo para satisfacer las necesidades de la niña. Ella y Luis no convivieron, pero que él siempre estuvo presente en la vida de Lara. Desde hace tres años Ana vive sola porque encontró un trabajo fijo. Lara siguió viviendo con sus abuelos, ya que la vivienda de su madre no se adaptaba para ellas dos.
Reconoció la generosidad de sus padres por el amor y cuidados a Lara, también el carácter fuerte de su madre. Entendía su pedido y preguntó que si al firmar, Luis y ella perderían a Lara como su hija. Destacamos que siempre serían sus padres y tendrían los derechos y obligaciones que como tales les acuerda la ley.
Reunidos con Teresa, repitió su deseo de dejar por escrito todo lo relativo a su nieta. Con la autorización y colaboración de sus padres hablamos con Lara, desenvuelta, alegre y comunicativa. Estaba conforme de vivir con sus abuelos, dijo que sabía que la querían mucho y por eso su abuela exageraba sus cuidados; que con su papá se llevaba muy bien y que le gustaría vivir con su mamá, quien le había prometido que pronto sería posible.

Continuando con el relato, en la audiencia Luis brindó absoluta comprensión y colaboración; ya
había consultado a un abogado y por eso se presentaba con confianza y compartía al pedido de Teresa y Raúl; lo consideraba una buena oportunidad para la tranquilidad de todos los que son parte de la vida de Lara. Dijo que sabía que lo que se firmaba era por un año, que entendía que Lara estaba en una edad difícil, la preocupación de Teresa y Raúl y que necesitaba reforzar su comunicación con Ana.
A otra audiencia concurrió Raúl, el abuelo. Se manifestó alegre, cordial, comprensivo de la necesidad de Ana de independizarse económicamente, de la alegría que en la casa brindaba su nieta -que es la única, según aclaró-, pero que necesitaban ordenar las cosas legalmente porque dijo: “Es mucha responsabilidad; a veces hay que tomar decisiones de una salida, de una excursión o de llevarla al médico y darle algún remedio, entre otras cosas. Y también ordenar lo de los gastos”. Dijo que ya habían consultado un abogado, que estaban tranquilos y más seguros.
A otra audiencia, concurrieron los cuatro e hicimos una reunión conjunta. Fue extensa pero satisfactoria para todos. Conversaron con respeto, eufóricos por momentos. Les pedimos que se solicitaran entre sí aquellas cosas que necesitaban respecto a Lara y que consideraban que el o los otros podían tener. Teresa les pidió a Luis y Ana que tuvieran con ellos una comunicación más frecuente y más colaboración en las cuestiones de Lara. “Es por su edad, a veces nos pide cosas que nos cuesta decidir”, dijo.
Ana en esta reunión se presentó con una actitud más segura, se la escuchó más y con firmeza. Explicó que la consulta con un abogado le aclaró dudas y le dio una mirada positiva del presente y del futuro con su hija. Y le pidió a Teresa que no se apresurara a decidir sobre ciertas cuestiones, que le consultara a ella o a Luis y que Lara debía aprender a esperar sin exigir respuestas inmediatas, que ella lo hablaría con su hija.

Prometió conversar más con sus padres y con Luis también, ya que ambos reconocieron que en esta etapa de la vida de Lara ella los necesitaba unidos como sus padres. Luis y Ana acordaron con Teresa y Raúl una prestación alimentaria mensual para Lara; y por su edad decidieron continuar con el modo de contacto que estaban realizando, acordando con previo aviso alguna modificación. Así se hizo el acuerdo.
Consideramos muy positivo para el desarrollo de la mediación que las partes hicieran las consultas individualmente con un letrado. Esta situación les despejó dudas, los fortaleció a la hora de plantear sus requerimientos en la mediación y les hizo ver que los cuatro, desde diferentes lugares, en este momento formaban parte de la vida de Lara. Surgió claramente que todos y cada uno, sabía ahora cuál era su función, que todos necesitaban de todos, que la conversación era una herramienta fundamental.
Mientras hablaban se los veía como un equipo en el cual el ingrediente esencial: el amor por Lara, los motivaba e impulsaba hacia los mejores logros para ella.

Promos Naranja

* Abogada, mediadora