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Una flexibilidad indispensable en el ámbito universitario

Por Salvador Treber - Exclusivo para Comercio y Justicia

Por Salvador Treber - Exclusivo para Comercio y Justicia

Por Salvador Treber

En el pasado mes de julio comenzó a regir el “acuerdo de reconocimiento académico”, suscripto en mayo pasado, tendiente a facilitar el pase de los alumnos que inician sus estudios en una universidad y deciden, por cualquier causa, continuarlos en otra, con pleno reconocimiento de las materias ya aprobadas. Debe recordarse que casi hasta fines del año 1958 funcionaban sólo seis universidades, todas dependientes de la jurisdicción nacional. Eran gratuitas, de acuerdo con los lineamientos de la histórica Reforma de 1918.
La primera universidad creada fue la de Córdoba, en 1616. Transcurrieron más de dos siglos desde entonces para que se fundara la de Buenos Aires, que data de 1822, y es con amplitud la primera por cantidad de estudiantes. De los aproximadamente 1.650.000 que cursan, nada menos que 313,7 miles (19%) lo hacen en la de Buenos Aires. Además, debe tenerse muy en cuenta que es la más numerosa de toda América Latina, desplazando a la cuatro veces centenaria de nuestra ciudad de Córdoba, que totaliza 110,7 miles (6,7%) y sigue ocupando el segundo lugar en el país; muy levemente por encima de la de La Plata, que aparece en tercer término con 109,7 miles (6,6%).
Resulta obvio que, actualmente, para cumplimentar el nuevo e importante cometido habrá que hacer un trabajo especial que permita compatibilizar carreras y planes. La evolución en cuanto a casas de altos estudios, se agilizó notablemente cuando en el Congreso se aprobó el famoso “artículo 28” de la respectiva ley, que permitió al sector privado incursionar y entregar títulos habilitantes en esa área de tercer nivel. Obviamente, éstas son pagas y, por tanto, muy selectivas pues la inmensa mayoría de los estudiantes que surgen de las capas medias de la población no podrían afrontar esa situación. En cambio, los cursos o carreras de postgrado que permiten acceder a una especialización en determinados y específicos temas que amplían el escenario para el ejercicio de las profesiones suelen ser pagas tanto en las universidades públicas como privadas.
El alto número de ellas se explica por el deseo de evitar en todas las provincias, aun las más pobres, el éxodo de sus jóvenes hacia los mayores centros urbanos con el objeto de acceder a los estudios superiores; especialmente porque, en alta proporción, luego de obtener el título, suelen no volver para instalarse en sus lugares de origen. Esto sucede en todo el mundo y en el Reino Unido se ha logrado atenuar mucho esa situación mediante el dictado de ciclos de actualización y perfeccionamiento gratuitos para los que no cambien de domicilio.

Escalonamiento por número de estudiantes
Pese a su carácter especializado, debe incluirse en cuarto término la Universidad Tecnológica, que ha convocado a 84,5 miles; mientras que por propios méritos se sitúa en un expectante quinto escalón, con 77,4 miles de alumnos, la que existe en la ciudad de Rosario. En la sexta posición se ubica la de Tucumán, con 63,3 miles. Cabe aclarar que todas las detalladas son notoriamente más numerosas que la Empresarial Siglo XXI, la universidad privada más concurrida que, como todas las demás de esta índole, es paga. Esta última aparece en el séptimo rango, con 61,1 miles, lo que implica 16,2% de los 377,5 miles que registran en conjunto todas las de este carácter.
Tras ellas, siempre por cantidad de alumnos, se alinean otras cinco nacionales, entre el octavo y 12º lugar, que son la del Nordeste, con 48,4 miles; del Litoral, 46,6 miles (antes incluía a Rosario); La Matanza, con 41,3 miles; Lomas de Zamora, que registra 34,6 miles, y de Cuyo, con 32,5 miles. Recién, como 13ª se encuentra la segunda privada denominada Universidad Argentina de la Empresa, con muy explícita y restringida finalidad, que tiene 32,4 miles para satisfacer los requisitos convenidos con las firmas, que consisten en concretar prácticas en las mismas. De esta forma se adecuan, amplían, modifican o incorporan los nuevos requerimientos de dicho sector productivo.
En el escalón general 14º se halla la del Comahue, con 32,1 miles; la de Salta, en el orden 15º, que registra 29,9 miles; la de Quilmes, situada en el 16º lugar, que reconoce tener 25,8 miles de alumnos, seguidas por dos privadas en los puestos 17º y 18º que son la Universidad del Salvador, con 25,4 miles, y la Universidad Abierta Interamericana, que registra 21 miles. En el tramo subsiguiente surge en el lugar 19º la quinta privada, la Católica de Salta en la que cursan 24,7 miles de estudiantes; seguida por otras tres estaduales en los rangos 20º, 21º y 22º, que corresponden a la de Mar del Plata con, 22,l miles; San Juan, con 21,6 miles, y Misiones, con 21,4 miles; cerrando este grupo en el puesto 23º la sexta privada, que es la Católica Argentina, con 18,1 miles.
Con niveles de entre 20 mil y 15 mil alumnos, ocupando los puestos 24º al 32º, figuran otras ocho públicas y una privada, ésta en el rango 28º, que permite patentizar fundadamente la proporción y dimensión de las 32 que operan en el campo universitario argentino. Al margen de las precedentemente especificadas existen alrededor de otras 70 que, unitariamente, tienen mucho menor número de alumnos que cursan en ellas, sólo juegan un cierto rol en el interior del país pero en cuanto a la evaluación nacional pierden toda significación.

Problemas y eventuales soluciones
Sin duda, el principal problema estriba en que alrededor de 70% de los jóvenes ingresantes abandona sus estudios, especialmente en los primeros tres años y 40%, al término del primero. Respecto a los que siguen, sólo 12% los completa en el tiempo considerado “normal” y el resto los retarda en hasta el doble de años. De esa manera, los índices de graduación son muy bajos y así están considerados en todos los ámbitos especializados a escala mundial. Como una virtual singularidad, unos 45 mil provienen de países vecinos. Incluso otros cinco mil, la mitad europeos, cursan posgrados o estudios de especialización en universidades públicas argentinas que ellos reconocen por su calidad.
Los factores que convergen y gravitan son muy variados pero es conveniente tener presente que el grado de formación en el nivel medio o secundario es globalmente bajo y, por tanto, conspira contra el cursado superior, por lo que se califica como “falta de base suficiente”. Son relativamente pocos los que procuran ponerse a la altura de lo que exigen las circunstancias y ello impulsa al abandono prematuro. Otra faceta considerada importante e irresuelta se refiere a lo que evalúan como la “estructura rígida del esquema universitario”, que no facilita la movilidad entre fuentes de estudio. Este aspecto es el que se procura corregir con este nuevo acuerdo, pero el momento hay que quedar a la expectativa sobre los futuros resultados ya que el éxito de esta iniciativa será una conquista muy valiosa frente a lo que se reconoce como tradicional falta de dinámica en toda la formación de tercer nivel. Han anunciado que se adoptará un sistema de “créditos”, siguiendo el esquema europeo actual, que extiende certificaciones respecto a los conocimientos que les permitan a los alumnos continuarlos en otra u otras universidades tanto públicas y privadas.
Hay quienes son pesimistas en este aspecto, tildándolo de “intrascendente”, aunque no ofrecen otras alternativas. Otro de los interrogantes a este régimen de flexibilización estriba en que no hay mucha seguridad de que los profesores estén no sólo capacitados sino también convencidos de que se trata de una necesidad prioritaria

Las perspectivas de la próxima década
Argentina ha optado de hecho por un “modelo” que alienta el ingreso al ámbito universitario pero que se caracteriza por el elevado número de abandonos prematuros contra el de egresados. Se suele graficar este proceso como una pirámide truncada de amplia base y escasa altura provista por una estrecha cima. Los especialistas sostienen que es la modalidad más costosa y no crea igualdad de oportunidades como se arguye. En el esquema antagónico, como rige en Brasil, se efectúa una estricta selección para acceder al ingreso pero en los años que cursan los que desertan son muy pocos. Este criterio se grafica como semejante a un cilindro en que la boca de entrada es muy poco más amplia que la de salida.
Pese a que inexplicablemente nadie lo menciona, la proliferación de universidades coincide con una generalizada baja de calidad en la gran mayoría pues es totalmente imposible disponer de sendos cuerpos de profesores de elevada calidad. Una buena cantidad de estos profesionales, dentro de la misma semana, viajan a varias de ellas para atender; obviamente con dedicación bastante menor que la adecuada. Ello coadyuva a que la eficiencia y el nivel sean inferiores; sólo las diez más concurridas logran preservar sus respectivos cuerpos docentes, concentrando sus esfuerzos sin dilapidar energía y tiempo.
Esta problemática explica que sólo dos tercios de las casas de altos estudios hayan firmado el acuerdo, entre las que se incluyen nuestra universidad, las de Tucumán, La Plata y del Nordeste pero no la de Buenos Aires que, muy diplomáticamente, ha preferido preservar incólume su nivel, alegando la necesidad de estudiar el tema y consultar al conjunto de sus docentes, por el grado de posibilidades que tienen para extender su actual gestión.
Otro tema que conmueve al medio es relativo a la eventual posibilidad de integrar y complementar formalmente la gestión actual de las altas casas de estudio públicas y privadas. El tema es muy delicado y, en general, se ha mostrado más interés en hacerlo con las públicas de otros países tanto de Latinoamérica como de Europa Occidental.
De acuerdo con todo lo antes mencionado, se advierte que no hay falta de acción y sólo se pretende no dar pasos apresurados o en falso. Pero, como musitó Galileo Galilei al enfrentar el castigo mortal, que lo obligó a tomar la cicuta por considerarse pecado sus adelantos científicos, en ese caso también e pur si muove.