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Argentina debe triplicar la inversión en investigación y desarrollo

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Hay una relación directa entre crecimiento económico y fondos destinados a I+D, cantidad de doctorados otorgados y patentes registradas

Por Javier De Pascuale  – jdepascuale@comercioyjusticia.info

Este diario cronicaba la semana pasada el lanzamiento de la plataforma Mercado de Innovación Argentina (MIA), una página web (www.mia.gob.ar) que permitirá impulsar mediante el financiamiento colectivo (crowdfunding) proyectos innovadores científicos y tecnológicos de interés público. Una iniciativa impulsada por el Estado, con el apoyo de instituciones financieras (el Mercado de Valores, la Bolsa de Buenos Aires y la red Link), que busca ampliar las vías para el financiamiento privado de la investigación y el desarrollo (I+D) en el país.
Sin dudas, se trata de una iniciativa interesante para que los desarrolladores de invenciones y patentes puedan pasar de la zona de proyecto a la de aplicación, sobre todo en lo relativo a aplicaciones industriales. En verdad, son muy escasos en Argentina los financiadores privados de la investigación y el desarrollo; queda en manos de universidades e instituciones especializadas públicas aquejados por restricciones presupuestarias varias prácticamente el grueso del financiamiento de la I+D en el país.
Aunque hay empresas privadas que apuestan decididamente al desarrollo investigativo (por poner un ejemplo absolutamente desconocido para el público, en la cordobesa Porta Hnos. se desempeñan más de 40 investigadores), lo cierto es que la inversión en I+D no termina de instalarse como un renglón obligado en toda empresa que busque generar condiciones de competitividad que le aseguren sustentabilidad futura en un ecosistema económico cada vez más globalizado y abierto a la competencia mundial.

La evidencia de los números es incontrastable: las economías exitosas son aquellas que más invierten en educación, ciencia y tecnología. Si bien no hay garantías de que una patente pueda convertirse en fuente de riqueza, sí es evidente que hay una relación directa entre las economías que más crecen, el número de doctorados que suma y las patentes que registra anualmente.
China, un país que hace 40 años, fruto de lo que se conoció como la Revolución Cultural -que en los hechos fue una contrarrevolución-, en 1978 apenas tenía un puñado de estudiantes de doctorado y casi cero patentes, hoy tiene la mayor cantidad de invenciones y de doctorandos del mundo. Y es el país que más desarrollo económico logró en las últimas décadas.
Supera el millón de patentes, duplica a los Estados Unidos y marca una línea que buscan seguir India, Rusia e incluso Brasil, por mencionar las potencias económicas regionales que en tiempos de capitalismo versión siglo XXI apuestan cada vez más porciones de su Producto Interno Bruto (PIB) a I+D.
¿Y por casa cómo andamos?.. es la pregunta que aún requiere respuesta, a decir verdad. Según cifras de la WIPO, la organización mundial de la propiedad intelectual que el Banco Mundial toma como referencia para sus informes, Argentina pasó en los últimos diez años del puesto 34 en el ámbito mundial en producción de patentes, al puesto 43. Bajamos de 1304 patentes hace poco más de diez años a 889 en 2015, un descenso de casi 32% en pocos años que profundiza la tendencia a la baja, ya constante, registrada desde 2006.
Los números de la economía explican en parte este fenómeno: el país invierte 0,61% de su PIB en I+D, contra un promedio mundial de 2,17% del PIB. Aunque la cifra argentina es superior a la de otros países de la región latinoamericana, es absolutamente insuficiente para responder a los requerimientos del desarrollo nacional, que si no apuesta decididamente por triplicar su inversión en ciencia y tecnología (y, a juzgar por las opciones presupuestarias del Gobierno nacional hasta ahora, no lo hará), no logrará una inserción equilibrada en el devenir económico global y profundizará su destino dependiente y subdesarrollado.