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Reino Unido: el escándalo por el caso de la sangre contaminada ensombrece la memoria de Thatcher

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Entre 1970 y 1991 se vivió en el Reino Unido uno de los mayores escándalos de salud pública de su historia: unas 30.000 personas fueron infectadas con HIV y hepatitis como consecuencia de transfusiones de sangre contaminada

Entre 1970 y 1991 se vivió en el Reino Unido uno de los mayores escándalos de salud pública de su historia: unas 30.000 personas fueron infectadas con HIV y hepatitis como consecuencia de transfusiones de sangre contaminada. Los damnificados eran pacientes hemofílicos, muchos de ellos menores de edad, quienes no estaban al tanto del riesgo.

Recientemente fue publicado un informe que reveló que este drama podría haber sido evitado en gran medida. El informe acusa a autoridades médicas y gubernamentales de una serie de graves fallas, al concluir que el Servicio Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés) y el gobierno de Margaret Thatcher (quien murió en 2013) perjudicó «repetidamente» a las víctimas.

Siempre según el informe, liderado por Sir Brian Langstaff y publicado por el sitio National Geographic, las autoridades continuaron administrándolos a pacientes durante años, especialmente a niños hemofílicos, a pesar de que conocían los riesgos de transmitir infecciones virales por medio de la sangre y sus productos. 

Posible falta de stock

Uno de los factores que causó la tragedia fue el temor del gobierno de Thatcher de quedarse sin reservas sanguíneas para transfusiones, lo que lo llevó a continuar importando sangre contaminada de Estados Unidos, cuyas muestras pertenecían a presidiarios remunerados por ellas.

Según Langstaff, la tragedia «no fue un accidente»: las infecciones ocurrieron porque las autoridades, incluidos médicos, servicios de donación de sangre y gobiernos sucesivos, no priorizaron la seguridad del paciente. “La respuesta de las autoridades sirvió para agravar el sufrimiento de la gente”, remató Langstaff.

Indemnizaciones

En tanto, el actual gobierno británico inició el pago de compensaciones de hasta 100.000 libras a unos 4.000 sobrevivientes y sus familiares. Se espera que el monto de esos resarcimientos lleguen a miles de millones de dólares en el corto plazo.

Más allá de los números

La sangre contaminada con hepatitis C se habría usado hasta 1991, dos años después de que el virus fue identificado formalmente. Asimismo se reveló que alrededor de 1.250 personas con trastornos hemorrágicos, entre ellos 380 niños, fueron infectados con productos sanguíneos contaminados con VIH, de los cuales tres de cuatro murieron.

En tanto, otros 26.800 individuos también resultaron infectadas con hepatitis C después de recibir una transfusión de sangre, generalmente realizada luego de un parto, una cirugía o un accidente. Cinco mil personas también desarrollaron hepatitis C crónica como resultado de recibir productos sanguíneos contaminados.

Activistas

Activistas lucharon durante años para poner en evidencia las fallas oficiales y asegurar una compensación del Estado a las víctimas. La investigación se aprobó en 2017 y durante los últimos cuatro años se han revisado pruebas de 5.000 testigos y más de 100 mil documentos.

Ardua lucha

El abogado Des Collins, representante de 1.500 víctimas, calificó la publicación del informe como un “día de la verdad”. En tanto, Diana Johnson, una legisladora que hizo campaña durante mucho tiempo a favor de las víctimas, afirmó que esperaba que los responsables del desastre enfrentaran la justicia, incluido el procesamiento, aunque las investigaciones tomaron tanto tiempo que algunos de los actores clave bien podrían haber muerto desde entonces. “Tiene que haber responsabilidad por las acciones que se tomaron, incluso si fue hace 30, 40 o 50 años”, enfatizó.

La lucha por la justicia fue larga y ardua para las víctimas y activistas, quienes finalmente están esperando que el gobierno británico en cabeza del primer ministro Rishi Sunak anuncie una compensación de alrededor de mil millones de libras para los afectados. A pesar de este paso en la dirección correcta, la búsqueda de responsabilidad sigue siendo un tema central, con llamados a que los responsables de este desastre, aunque hayan pasado varias décadas, rindan cuentas por sus acciones.

Este trágico capítulo en la historia de la salud pública británica destaca la importancia de priorizar la seguridad del paciente, la transparencia en los procesos médicos y la rendición de cuentas en todos los niveles del sistema de salud para garantizar que tragedias como estas no se repitan en el futuro.

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