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¿Quién asesinó a John Fitzgerald Kennedy?

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El asesinato del presidente estadounidense John Fitzgerald Kennedy (JFK) sigue despertando curiosidad. Proporciona elementos suficientes para mantener vivas un sinnúmero de versiones que abrevan en teorías conspirativas de diverso tenor. Razón por la cual se han abierto nuevas investigaciones financiadas por seis universidades europeas. Investigaciones que cuestionan todos los trabajos norteamericanos. Se resisten a creer que la muerte del presidente de Estados Unidos fue obra de un loco –Lee Harvey Oswald (LHO)- como se ha tratado de instalar desde tiempos de la fracasada Comisión Warren que, presidia Earl Warren, presidente de la Corte Suprema de Estados Unidos, e integraban los congresistas Hale Boggs, demócrata de Luisiana y Gerald Ford, republicano de Michigan, los senadores John Sherman Cooper, republicano de Kentucky y Richard Russell Jr., demócrata de Georgia; el ex director de la CIA, Allen Dulles y el ex presidente del Banco Mundial, John J. McCloy.

El escepticismo se trasluce en los primeros papeles a los que hemos tenido acceso. Especialmente en las comisiones e conformadas por intelectuales independientes, que no desechan la idea de que LH fue instrumento inconsciente o chivo emisario de una conspiración derechista, que habría invertido millones de dólares para cometer el magnicidio y garantizar un pasar más que decoroso a los familiares de Jack Ruby, el personaje que sello la boca del asesino “conveniente”.

Lo investigado hasta ahora permite aseverar que todo el trabajo realizado por los norteamericanos se basa en las precipitadas conclusiones “de algunos periodistas en las horas siguientes al atentado presidencial y al asesinato de Oswald, en la ciudad de Dallas, famosa por su conservadurismo y su resistencia a las medidas de integración racial del gobierno de Kennedy. Cuestión que despertó desconfianza de toda Europa, porque `la prensa norteamericana ha olvidado su noble tradición de veracidad y espíritu democrático, aceptando el triste papel de instrumento publicitario del FBI y de la policía de Dallas para incriminar a Oswald (…) quien no tuvo oportunidad de defenderse´.”

Los investigadores explican que existe un arsenal de documentos no analizados por los pesquisas norteamericanos. Escritos que permanecen inéditos en la biblioteca de Bertrand Russell, que presidio una comisión investigadora independiente del asesinato del presidente Kennedy. A los que deberán sumar los que pertenecieron a Thomas G. Buchanan, aquel periodista nacido en Baltimore, que fue expulsado del Washington Star en 1948, cuando admitió pertenecer al Partido Comunista.

Buchanan usó muchos de esos papeles en su libro Who Killed Kennedy? (¿Quién mató a Kennedy?), donde sugiere que:

1. El autor del crimen fue en realidad un millonario tejano llamado Mr. X.

2. Oswald fue un infortunado cómplice.

3. Los disparos no fueron efectuados por Oswald sino por dos pistoleros, uno instalado en el Depósito de Libros Escolar de Texas y otro en un puente, algo más adelante. El libro de Buchanan, que se convirtió en best seller,- es casi desconocido en Estados Unidos. ¿Un caso de censura no investigado?

También importa el repositorio del abogado Mark Lane, cuyo estudio de Manhattan apareció destruido cuando recorría Europa afirmando que el asesinato no fue cometido por Oswald. Ocasión que aprovechó para asegurar que la muerte de Kennedy fue el producto de una triple conspiración en la que participaron los racistas sureños, los generales del Pentágono y algunos altos dirigentes de la CIA. Aseverando que el o los asesinos “fueron instigados por mentes enfermas”.

Es objeto de cuidadoso estudio el libro The Red Roses of Dallas (Las Rosas Rojas de Dallas), titulo inspirado en el ramo de rosas rojas que llevaba la esposa del presidente asesinado. Su autor –Nerin Gun- sugiere que Oswald mató a Kennedy, por cuenta y orden de Fidel Castro.

Teoría que ha vuelto agitar el exilio cubano en su afán de obstruir las negociaciones entre los presidentes Raúl Castro y Barack Obama.

“La mayoría de los europeos no es tan ingenua –leemos en un antiguo número de la revista italiana Vie Nouve- como para aceptar cualquier teoría exagerada, pero la propia historia de Europa, plagada de conspiraciones e intrigas, hace que resulte difícil para un europeo creer que Oswald llevó a cabo semejante empresa sin ayuda de nadie. En Italia, donde Julio Cesar conoció el rigor de los puñales y Maquiavelo elevó la confabulación a la categoría de arte, todos esperan confiados que se descubra, a corto plazo, a los verdaderos asesinos”.

“Para los franceses, que desde hace mucho tiempo están familiarizados con el crimen ideológico, el origen de la cuestión se remontó al arresto en Rusia del profesor Frederick Braghorn, de la Universidad de Tale, acusado de espionaje. Según la versión francesa, la CIA aseguró solemnemente a Kennedy que Braghorn no era espía de la organización, pero al regresar de Rusia, el profesor habría informado al presidente que su actuación obedeció a ordenes de la Central de Inteligencia”, se afirma.

El presidente, indignado, amenazó disolver la CIA. Poco tiempo después, el organismo de seguridad descubrió los planes del atentado de Dallas, pero no le informó a Kennedy. ¿Los espías, que consideraban a JFK como su peor enemigo, fueron los responsables de la muerte?

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