“Nuestros jóvenes van a pelear con otras armas”

Rosario Quispe, referente de la Asociación Warmi Sayajsunqo, disertó en el marco de una Jornada de Economía Social que organizó la Universidad Siglo 21. Es líder de una organización que trabaja en la Puna con microcréditos y que cuenta con tres mil socios. Apunta a la formación universitaria de las nuevas generaciones.

Rosario Quispe vive en Abrapampa, un pueblo de 11 mil habitantes ubicado a cuatro mil metros de altitud, en Jujuy. Hace 10 años fundó la Asociación Warmi Sayajsunqo, locución que en quechua significa “mujer perseverante”. Visitó Córdoba en el marco de una actividad organizada por la Universidad Empresarial Siglo 21. Comercio y Justicia dialogó con ella para conocer un poco más su experiencia de trabajo y militancia en la asociación.

– ¿A qué se debe su visita a Córdoba?

– Hemos venido invitadas por la Universidad Siglo 21. Me acompañan compañeras que llevan administración, para conocer la institución con vistas de trabajar en formación.

Por el momento ellos estaban trabajando con los 25 chicos que estaban becados pero a partir de julio van a abrir muchas más carreras. Yo estoy contenta de que haya más posibilidades para los chicos. Siempre digo que venir a Salta, Jujuy, Córdoba o Tucumán es mejor porque no pierden sus raíces, sus valores, sus familias. Creo que va a ser mucho mejor para los chicos, para estudiar con más alegría. La inauguración de la sede universitaria en la Puna ha abierto muchas expectativas, no sólo en la Puna. Como institución ya han enviado grupos de estudio de Estados Unidos y otros países pidiendo conocer la experiencia de las comunidades aborígenes en julio del año que viene.
Eso va a ir acompañado de la posibilidad de que nuestros jóvenes vayan a conocer otros países y puedan intercambiar estudios. Esperamos tener algun día el 1% de lo que tienen acá, en la Puna, una ciudad universitaria. Allá nos falta infraestructura.

– ¿Cuáles son hoy las principales reivindaciones de Warmi Sayajsunqo?

– Lo primero es el territorio. No nos olvidaremos nunca. Por eso creo que alguna vez después de una pelea desigual decidimos armar esta universidad. Los chicos van a pelear con otras armas. Imaginate que van a volver 72 chicos de Cuba, que se han hecho médicos, más los abogados, hemos trabajado sin nada durante muchos años y estamos dejando una institución con prestigio asi que ellos tienen la obligación moral de hacer mucho más de lo que hemos hecho nosotras. Espero que los chicos vuelvan sabiendo muchas cosas y se hagan cargo de la Warmi. Lo más importante es que hoy las comunidades están organizadas. Hoy llamás a una reunión y tenés a 300 personas.

La Warmi nuclea a 85 comunidades y más de tres mil socios. Tenemos un poco más de dos millones de pesos andando en las comunidades pero para lo que somos es poca plata, no podemos cubrir todas las expectativas que tiene la gente. Entonces van esperando.
Arman su cadena de créditos, gente que siembra mucho y en mayo, junio y julio no ocupan la plata y en noviembre sí la necesitan, entonces vamos regulando, organizando.

– ¿Cómo funcionan los créditos?

– Tenemos un fondo común en cada comunidad, una comisión que la organiza, un líder y un tesorero. En una asamblea deciden a quién le dan la plata viendo las prioridades. La devolución es mensual.

Creo que el microcrédito es la única manera de avanzar porque si vas a pedir a un banco, te piden garantías, con altos intereses. Es imposible. Tenés que tener un bien para sacar aunque sea dos mil pesos. Además te estás organizando. La gente se queda enganchada para siempre. Se hacen grupos de personas que, aunque después no les des plata, se hace difícil que se desarmen. También hay fondos comunales que los llamamos inactivos, de gente mayor que necesita ayudas puntuales.

– ¿Cómo sostener los créditos en el tiempo?

A lo largo de nuestra experiencia, comenzamos a entregar créditos pequeños, después pasamos a créditos más grandes y ahora pasamos a otros donde ya te podés hacer una gomería o una casita. La posibilidad de darle a una persona los recursos para que ponga su empresa creo que es la mejor. No dependés de nadie, no tenés que estar haciendo lo que te digan ni comiendo lo que te manden sino que podés sostenerte solo. Ése es nuestro gran desafío. Hacer que nuestros compañeros tengan sustento diario.

– ¿Cómo ves la acción del Estado?

– Yo creo que ayuda llegó, llegaron proyectos a la Puna. Estoy de acuerdo que se paguen los planes sociales, que se ayude a la gente, a las mamás con hijos, lo que me parece es que hay que hacer que esa gente produzca algo. Me acuerdo del Plan Trabajar I y II. Era bárbaro porque tenías que presentar un proyecto y se han hecho muchas obras en las comunidades: salas de primeros auxilios, canchas, hasta iglesias han hecho en la Puna.

– Warmi nació como una organización de mujeres. ¿Qué les dirías a las mujeres argentinas que están hoy desesperanzadas?

– Creo que tenemos un país maravilloso y rico. No hay que desesperarse. Lo único que hay que hacer es trabajar todos los días, buscar dónde y cómo. No creo en las cosas mágicas que vengan y te las den. Nosotros lo hemos hecho a pulmón. Hoy la mitad de las chicas que están trabajando, el 80 por ciento del tiempo que trabajan en la Warmi no se los paga nadie. Laburamos todos los días y a pulmón.

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