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La economía argentina y su perspectiva

Por Salvador Treber. Exclusivo para Comercio y Justicia
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Se trata del último análisis difundido, que incluye una visión harto negativa para 2016, cuando se supone habrá una continuidad de problemas que el FMI sostiene como vigentes.

Argentina se ubica como 21º potencia en el contexto de las 207 que conforman la comunidad mundial pero por el número de habitantes/km2 queda desplazada al lugar 74º; aunque en Sudamérica es la segunda, después de Brasil. Durante el lapso de seis años comprendido entre 2003 y 2008 registró un incremento del producto bruto de nada menos que +52,8%, el mayor en los 200 años de vida independiente. En el período subsiguiente (2008/2014) hubo dos años casi nulos (2009 y 2012) que bajaron el promedio en forma notoria pues el acumulado ascendió sólo a +26,4%. En el año en curso, el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima un indicador de +0,3%, con un pronóstico que después lo hace caer aún más, en 2016, ya que se ubica en -0,7%.

La situación general es harto compleja y en los cinco continentes los niveles de crecimiento se han desacelerado, afectando, sin excepción, las diversas economías. El caso más claro corresponde a Europa Central y Occidental, donde la recesión data del año 2008 y se mantiene sin lograr la tan deseada «normalización». Es evidente que el nivel de actividad general en la denominada «zona euro» sigue a un ritmo muy bajo y en muchos países que la componen las tasas anuales tienen signo negativo o apenas positivo.

Los dos países más importante son Alemania y Francia, que sumados equiparan y equivalen a la actividad de los otros 17. A su vez, como países fuera del «área del euro» están el Reino Unido, Suecia y Suiza. Los analistas que antes creían que esa coyuntura se superaría en dos o tres años, ahora han cambiado su posición y consideran que no habrá mejora alguna hasta comienzo de la próxima década. A los problemas propios, ahora se suma el millonario éxodo de quienes huyen de Siria y, en forma casi unánime, apuntan a dirigirse a Alemania, cuyo gobierno receptará 1,5 millón de migrantes.

En la reunión del FMI se conoció un informe relativo a la calificación de cada uno de los componentes de la respectiva región en el planeta y de las perspectivas para el año 2016.

Allí los delegados argentinos se enteraron de las consideraciones que ese organismo depara a nuestro país. En cuanto a la probable evolución, se estima que en el año actual el crecimiento será no mayor de +0,4%, pero sostienen que sus autoridades deberán en el próximo encarar el severo ajuste que determinan como imprescindible para poder reiniciar la tarea reactivadora lo antes posible.

Obviamente, una serie de integrantes de equipos que pueden ser convocados al comienzo del próximo gobierno vienen preparando un conjunto de medidas para generar una sólida recuperación y sumarán su experiencia a la gestión gubernamental con el objeto de consolidar las áreas más significativas y a la par desarrollar áreas funcionales, en especial relativos a energía, transportes y comunicaciones. Por su parte, las obras que se proyectó localizar en la Patagonia tienen una muy alta posibilidad de que, además de las ya iniciadas, sumen otras para cubrir el programa de los dos primeros años de mandato.

Un nuevo factor de impulso
Los negociadores chinos han comprometido capitales destinados a tres centrales hidroeléctricas que, en la actualidad, son ejes de las radicaciones del citado país asiático en Argentina, estando virtualmente concretada la adquisición de trenes de último modelo para equipar y modernizar totalmente el servicio. Con tales inversiones llegarán a totalizar US$80.000 mil millones, con los cuales se convierte China en el máximo ejecutor en las áreas mencionadas.

El momento actual es muy favorable para concretar ventas masivas al gran país asiático, dado que su gobierno está empeñado en reeducar y trasladar hasta 2025 alrededor de 250 millones de trabajadores, que serán destinados a 25 nuevas ciudades que se están creando al efecto. Pero no disimulan la preocupación por haber exigido en demasía sin encarar en el momento oportuno las tareas de renovación de la tierra, que determinó un grave proceso de descomposición en la gran mayoría de los campos que venían siendo explotados, sumado al uso excesivo de fertilización química y un grave estado de deterioro y agotamiento de los recursos hídricos pues insistieron en mantener el nivel de actividad sin advertir el daño que ese accionar causaba.

Ello no tiene otra forma de reparación que tratarlas en forma intensiva aunque el esquema está respaldado por ingentes subsidios; 4/5 de la superficie prácticamente se «exprimió» y ya no responde a su reiterado laboreo.

Con la disposición de equipos y maquinarias de último modelo no será indispensable reservar más de 50 millones de agricultores para cumplir las tareas, aunque no pueden aspirar a una gran cosecha propia hasta que se termine el ciclo renovador. Este proceso para disponer de las tierras en condiciones aceptables y reiniciar la explotación se podrá recomenzar recién para fines del año 2025. En el ínterin las autoridades chinas están obligadas a realizar compras casi totales en el exterior para alimentar a su población, y los que podrían atender a semejante demanda son muy pocos países (Canadá, México, Brasil y Argentina, de América). En cambio, a Estados Unidos no se lo incluye pues, si bien puede, no está dispuesto a asegurar sin la continuidad de un decenio ninguna otra condición que el precio de mercado.

En nuestro país, debe recordarse que hasta 1950 los productos que los agricultores elegían prioritariamente estaban encabezados por el trigo y el maíz, sumando inicialmente como tercero complementario el lino, del cual nuestro país fue, en su momento, su mayor productor mundial hasta que EEUU resolvió incursionar con intensidad en dicho cultivo. Recién en 1970 se introdujo la soja y desde entonces, en vez de cultivo complementario, pasó a ser cada vez más importante. En la cosecha 2002/03 se llegó a 30 millones de toneladas y en 2013 se duplicó esa cifra, ubicándose en el primero y segundo lugares EEUU (105 mill./tn.) y Brasil (96 mill./tn.).

El mercado internacional actual
En la actualidad se está en una situación de notoria incertidumbre en la economía mundial y, en general, todos están muy atentos a lo que se decide en Pekín. Argentina tiene, sin ampliar su producción, la posibilidad de proveer alimentos a 400 millones de personas y, si sus agricultores oyen el llamado, en menos de un quinquenio podría acelerar el proceso productivo y duplicarla; es decir, llegar a 775 millones de toneladas, con lo cual cubriría virtualmente lo que buscan en el exterior.

Resulta obvio que nuestro país requiere acelerar su proceso de industrialización pues, de otra manera, no se aprovechará debidamente la oportunidad de promover a estadios superiores de producción que consolide las condiciones de crecimiento que se pueden encarar si se pactan términos de intercambio en función de la evolución de la economía en su conjunto. En muchas áreas o especialidades, la calidad y características de ellas coadyuvan a armonizar el equipamiento existente con el nuevo, que debe facilitar acceso a áreas todavía no desarrolladas de manera adecuada.

Si se busca investigar cuál ha sido la evolución en la primera mitad del año en curso del comercio internacional, se advierte que se retrajo -11,4%, y con un máximo de -15,6% cayó la producción agraria en la Unión Europea. En Estados Unidos la baja fue sólo de -6,3%, mientras que en Asia, sin China, la merma le hizo perder -8,7%. En el caso de EEUU, durante los primeros siete meses de 2013 el saldo favorable creció US$72.000 millones, cifra que en iguales fechas de 2014/15 hicieron lo propio en US$144.000 y US$ 302.000, respectivamente.

Con ese escenario mundial y las reservas que tiene China para hacer compras masivas, seguramente evitará la relación con Estados Unidos, debiendo elegir sus proveedores. Dentro de ellos, Argentina está en posición preferencial para atender a las necesidades agrarias del «gigante chino». Dado que se han hecho las primeras las primeras operaciones, es de suponer que se formalizarán los pedidos por períodos más extensos.

Se abrirán, por tanto, nuevos horizontes y no sería raro que se solicite a nuestro país la provisión de un volumen muy superior que obligue a extender la superficie sembrada. A su vez, el mercado chino podría ser un puente proveedor para impulsar el crecimiento del sector manufacturero argentino y utilizar su amplia versatilidad para completar su respectivo circuito en las ramas más sofisticadas.

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