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La compleja problemática de las importaciones

Por Salvador Treber. Exclusivo para Comercio y Justicia
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En toda la historia del desarrollo económico argentino, dos “cuellos de botella” acompañaron las diversas etapas de aquel y fueron frenos virtuales para una mayor expansión

Por Salvador Treber

Hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, en septiembre de 1939, Argentina era reconocida como “el Granero del Mundo”, rol que no dejó de cumplir en todo su transcurso y en los primeros tres años posteriores, pues tanto el Reino Unido como Estados Unidos, con su propia flota mercante organizada en convoyes custodiados por buques de guerra, siguieron adquiriendo los excedentes exportables de trigo, maíz y de lino (era el primer productor mundial de esta oleaginosa). Por el contrario, dejaron de proveernos de bienes manufacturados y ello impulsó la instalación de fábricas con técnicas bastante primitivas para cubrir, en la medida de lo posible, la demanda interna.
Durante el primer quinquenio de los años 50 (siglo XX), la radicación de las fábricas de automotores y tractores en los alrededores de la ciudad de Córdoba constituyó un importante hito; aun así, la maquinaria agrícola y los mencionados vehículos de pasajeros y carga, en especial provenientes del nuevo gigante norteamericano, integraron en alta proporción las adquisiciones en el exterior. Pero la industria nacional, en su esfuerzo para diversificarse, se hizo muy dependiente de los bienes intermedios disponibles mediante crecientes cantidades de las importaciones que ampliaron su tipología y tonelaje en forma notable.

Por supuesto, el tipo de cambio vigente y los requisitos para disponer en cantidad suficiente de dólares generados por exportaciones, radicaciones extranjeras y operaciones de crédito pasaron a integrar el circuito interno-externo. Incluso en los períodos más favorables, la disposición de buenas cosechas se convirtió en la máxima garantía para que ese esquema funcionara sin demasiadas dificultades. La intensificación de las relaciones comerciales con Brasil y el desarrollo integrado de la rama automotriz expandió dicha actividad, aunque nos hizo acentuadamente dependientes de autopartes y repuestos del país vecino.
La complementación de las once empresas extranjeras que participaron, radicadas en ambos países (tres estadounidenses y francesas, dos alemanas y japonesas y una coreana) dada la diversa dimensión territorial de población, mercado y desarrollo industrial; y la integración -el acuerdo adjudicó alrededor de 70% a las localizadas en Brasil y 30% a nuestro país-, hicieron que este programa funcionara razonablemente bien hasta 2014. Luego, nuestro gran vecino entró en una profunda crisis recesiva y redujo al mínimo las importaciones, especialmente de unidades terminadas. Tal circunstancia puso de manifiesto las facetas más vulnerables de esa integración e impuso drásticas disminuciones a la fabricación en territorio nacional, que tuvo como consecuencia la no utilización de la mitad de la capacidad instalada.

La evolución más reciente
En el transcurso de este siglo, especialmente desde 2005 hasta 2013, se advierte una acelerada evolución creciente de las importaciones, pues en el primer año precitado ascendieron a US$28.686 millones y en el segundo llegaron a US$74.002 millones, o sea 2,6 veces más, con una media anual de incremento de 23,45%, el más veloz proceso en tal sentido de toda la historia económica del país. Si se acota el período analizado hasta 2011, cuando virtualmente se alcanzó un nivel muy semejante -US$73.922 millones-, la media anual de aumento fue de 22,58% para la misma relación con dos años menos.
Si se opta por seguir esa evolución estableciendo la comparación porcentual entre las importaciones anuales y el respectivo producto bruto interno (PBI), la máxima relación pasa a verificarse en el año 2008, en que equivalen a 14,15% del PBI y, curiosamente, para el año siguiente baja a sólo 10,24%, guarismo que se mantiene en niveles similares hasta el registro de 12,5% correspondiente al año en curso.

Lo preocupante al respecto es que durante el trienio 2014/16 las importaciones exhiben otros tantos retrocesos; a punto tal que se calcula que llegarán a no más de US$55.800 millones en 2016. Es indispensable además, para una evaluación correcta, lo más ajustada posible a la realidad, recordar que hasta el 10 de diciembre ppdo. la regulación oficial del tipo de cambio lo mantuvo en una paridad por debajo de $10.
Luego de esa fecha eliminaron los controles y se ha optado por someterlas a lo que la conducción económica denomina “las leyes del mercado” aunque, pese a ello, los exportadores, protagonistas centrales, ya están clamando por una próxima devaluación, para lo que presentan como una caída en términos reales. La introducción del régimen de licencias ha tendido a ordenar ese flujo de bienes provenientes del exterior pero no a seleccionar ni limitarlo. En consecuencia, hay áreas en que la producción local sufre la desigual competencia externa; lo que en reiterados casos causó el cierre de empresas y el despido sin indemnización de su personal.
Debe advertirse de que en los primeros tres trimestres del presente año hubo un descenso global de 6,7% respecto a igual lapso del año 2015, y se estima que tal merma en esa medida se mantendrá al término del cuarto. Seguramente el bajo nivel de actividad, que viene generando un signo negativo de crecimiento al año en curso, ha forzado una paralela automática contención de las importaciones, aunque dio lugar a una modificación en su composición. En efecto, la introducción de bienes de capital e intermedios se ha contraído en ambos casos, pero los bienes de consumo crecieron sustancialmente llegando a representar un hasta ahora nunca conocido 11,4%, que virtualmente duplica la proporción anual histórica.
Sin la posibilidad de poder evaluar en forma aproximada su relevancia cuantitativa, han sumado dos nuevas vías. Una de ellas puede apreciarse mediante una caravana de autos que se extendió por 12 kilómetros (25.000 vehículos) para hacer compras en Chile durante el “fin de semana largo” de octubre ppdo.; especialmente en pos de adquirir ropa, calzados, celulares y diversos aparatos electrónicos a mitad de precio sin tener, al retorno, que hacer ninguna rendición ni pago extra. La segunda es el de compras “puerta a puerta”, que ha revolucionado la habitual tranquilidad que se enseñoreaba en las oficinas del Correo Argentino.
En efecto, sus depósitos están abarrotados de encomiendas de los proveedores minoristas del exterior, donde fueron adquiridas, para ser enviados al domicilio de los respectivos compradores en el país. Cabe aclarar que en esas dependencias se gestionan envíos de hasta dos kilos como máximo y con un “valor declarado” máximo de $200 (muy difícil de verificar), o los denominados “courriers”, que pueden pesar hasta cinco kilos. Para comprender cabalmente lo que significa esta modalidad importadora debe señalarse que actualmente y en forma continuada, los paquetes a entregar ascienden a unos 400 mil.

Efectos inmediatos y mediatos
Una consecuencia de lo expuesto, que agrava la actual situación, es el hecho de que las importaciones de bienes de capital han reducido su volumen y valor. En 2015 representaron sólo US$11,4 mil millones, y en 2016 se estima que no superarán US$11 mil millones; cifras que contrastan con los US$17,2 mil millones que totalizaron en 2013. Por su parte, los bienes de consumo valuados por las dos vías que se han agregado, hace tres años ascendieron a US$4,3 miles de millones y en 2016, pese a la muy importante baja de la actividad general, treparon a US$6,4 mil de millones. Este cambio sustancial gravitó en una desmejora en la capacidad productiva interna y correlativa pérdida de ventas minoristas de bienes de consumo (tanto inmediato como durable).
Los rubros que más han puesto de manifiesto esa situación son los electrónicos, la identificada como “línea blanca”, vestimenta y juguetes, que son las áreas donde la producción nacional ha sido desplazada en mayor proporción. También se puede apreciar en gran magnitud en automotores nuevos, debido a la correlación en la fuerte reducción de los exportados a Brasil. En el curso de este año, de manera generalizada en el mercado internacional, se detecta una caída en los precios que, curiosamente, no inciden en los que están pagando los consumidores, por lo cual la única explicación racional es que los importadores y mayoristas de esos rubros han incrementado notoriamente sus resultados positivos.
Otra “novedad” que ha conmovido la respectiva área operativa es el anuncio del retiro del mercado de cuatro modelos de automóviles de menor porte que se venían produciendo aquí. Pero esa decisión no los erradica, pues seguirán siendo provistos por las fábricas con sede en Brasil. Por tal circunstancia, en tiempos de recesión no superada, la cesión de una franja de compradores potenciales se hace inexplicable, salvo la existencia de un acuerdo interempresarial que no puede ser revelado por sus posibles puntos oscuros que lo fundamentan.
A todo lo antes citado debería agregarse la eventual introducción de un régimen especial para encauzar la introducción de productos provenientes de China que, en ciertas áreas, está acorralando y llevando a la quiebra a productores locales que no pueden contra ellos. El caso más patético es el del acero a nivel ecuménico, que el conocido diario estadounidense The New York Times analizó refiriendo que en dicha rama industrial “de 2005 a 2015 la participación de China en la producción de acero creció de poco menos de la tercera parte, a la mitad”. Por otro lado, sus exportaciones se cuadruplicaron e inundaron los mercados de todos los continentes con precios imposibles de permitir intentar competencia alguna.
Para realizar un estudio integral del tema “importaciones” es indispensable tener muy en cuenta que toda buena metodología que pretenda compararlas con las de otros orígenes alternativos, sólo en términos monetarios (dólares), no será integral y pecará de insuficiente. Ello es así porque los precios han variado en forma muy contradictoria y es posible que por cantidad de unidades no se adviertan mayores cambios e incluso hayan subido; como es el caso en Argentina del número de heladeras eléctricas importadas. Si por el contrario, se verifica la evolución de los precios de introducción, ellos puedan estar distorsionados por maniobras de “dumping”.
Para hacer aún más complejo el análisis completo y los pronósticos futuros, se deben incorporar, por su crucial incidencia, la cotización y su más probable evolución. El caso de Chile es muy significativo pues este elemento hace competitiva la exportación que realiza a varios países de los bienes que no se fabrican dentro de sus límites pero que ha aprendido a distribuir con marcado éxito.

 

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