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El debate ausente sobre el futuro de la ciudad

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Córdoba, la hermosa ciudad fundada por Jerónimo Luis de Cabrera, eligió. Hemos sido testigos-protagonistas de una de las peores campañas electorales de las que se tenga memoria. Ninguno de los candidatos propuso ideas innovadoras, planes integrales de desarrollo a corto, mediano y largo plazos para nuestra aldea. Mucho menos definiciones concretas sobre qué modelo de ciudad proponían para los cordobeses.

Una vez más se han negado a exponer ideas, planes y programas. No lo hicieron. Uno de ellos, en un encuentro accidental, nos increpó por el tenor de las preguntas que, en tiempos electorales, les alcanzamos a todos los candidatos. En ese dialogo circunstancial, con aire de perdonavidas, el personaje quiso darnos cátedra de cómo hacer nuestro trabajo. “Sólo debías preguntar -dijo con su habitual aire de perdonavidas- sobre el transporte, las cloacas, el barrido, la limpieza y el alumbrado urbano. Lo tuyo es subversivo”, concluyó.

La ciudad es un poco más compleja de lo que se trasunta en los medios de comunicación. No merece la simplificación a la que la sometemos. Hacerlo es pretender engañar deliberadamente al ciudadano común. La naturaleza de la ciudad debe estar en constante debate, como también su importancia o su función dentro de una matriz de crecimiento y desarrollo. Negar esa posibilidad, insistimos, es limitar la libertad de discutir y cambiar algunas instituciones que gobiernan, dirigen y participan en proyectos e iniciativas. El uso del suelo, eficiente y sostenible, es uno de esos grandes temas. La planificación y urbanización de la ciudad fue otro de los temas ausentes en la discusión ciudadana.

Haberlos incluido en el debate de campaña habría permitido a los habitantes de la ciudad de Córdoba entrever el grado de dificultad que resulta cuando se elaboran los planes de desarrollo, de ordenamiento territorial, que en su entramado involucran propósitos inmobiliarios con fines económicos y financieros que, por lo general, “destruyen el medio natural, lo cual hace ver un vacío en la elaboración de un estudio que determine las implicaciones sociales, ambientales, culturales y económicas de las construcciones.”

Quizá podría cambiarse este estado de cosas; hace falta que se reoriente la concepción política sobre la ciudad y el territorio, logrando entender nuevas formas de lo urbano: la idea de ciudad-región, en términos no sólo físicos sino económicos, políticos, sociales y culturales. Es elemental saber qué significa Ciudad, establecer su importancia estratégica, poniendo sobre la mesa distintas visiones o puntos de vista, profundizando discusiones, citando o escuchando a los que han aportado desde su área de conocimiento para que el habitante decida aprehenderlos, generando nuevos valores culturales y novísimas visiones de la ciudad global, la ciudad local, la ciudad competitiva, la ciudad gobernable y la ciudad sostenible.

Los candidatos a intendente que dirimieron supremacía el domingo pasado han guardado silencio sobre estos temas trascendentes. ¿Lo hicieron por ignorancia? Quienes así lo crean no podrán alegar su propia torpeza. Se resisten a enfrentar una discusión seria sobre lo urbano. Mucho más cuando existe un enorme debate sobre cómo pensar las ciudades y cómo integrarlas en un mundo que exige creatividad y compromiso.

El debate es antiguo. Tiene la antigüedad del hombre. Discute los mismos problemas que tienen las modernas ciudades y urbes. Por ello los administradores locales no tienen excusas. La definición de la ciudad y la determinación de sus dificultades y límites de crecimiento son esenciales. Han sido cuestiones ampliamente debatidas por las universidades, por institutos profesionales o investigadores independientes cuanto organismos oficiales. ¿Para cuándo la opinión fundada de los partidos políticos y de las organizaciones no gubernamentales que tienen como objeto de estudio las cuestiones urbanas?

La improvisación, en nuestra ínsula, campea. Horacio Capel, en su trabajo Las transformaciones de los núcleos urbanos, enseña que «las funciones urbanas (…) van necesariamente unidas a actividades industriales y de influencia comercial y administrativa, aparecen cuando estas funciones suponen una acumulación de hombres cuyas necesidades, así como la posibilidad de satisfacerlas, determinan la independencia del principal sector de actividad respecto a los sectores rurales dependientes -cuando éstos existen-. Es esta independencia dominante lo que constituye el único rasgo común entre los diversos tipos de ciudades de los países subdesarrollados y de los países agrarios».

Max Weber, en su obra Economía y Sociedad, que deberían conocer acabadamente nuestros administradores -y aspirantes-, incluye un capítulo especial en el cual estudia y propone la tipología de las ciudades, llamada por él «la denominación no legítima», en donde distingue la ciudad de Occidente de la ciudad de Oriente, la ciudad de linaje en la Edad Media y de la antigüedad, la ciudad plebeya, la democracia antigua y medieval, para mostrar que no existe un solo tipo de ciudad sino una enorme pluralidad, proponiendo diferentes clasificaciones y funcionalidades de la ciudad que tienden a moldear los procesos económicos, políticos, sociales, culturales de las personas. ¿Será oportuno abordar el futuro de nuestra querida Córdoba de la Nueva Andalucía y proponer soluciones racionales?

 

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