Desarrollo y agua (I)

Desarrollo y agua (I)

Por Marcela Rodríguez (*) 

Sabemos desde que somos niños que el agua es un elemento indispensable para la vida, para su disfrute, para cuidarnos, para alimentarnos… Pero han pasado ya diez años desde que la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante la resolución 64/292, reconoció  explícitamente el derecho humano al agua y al saneamiento, reafirmando que éste y un agua potable limpia son esenciales para la realización de todos los derechos humanos. 

Esta resolución exhorta a los Estados y organizaciones internacionales a proporcionar recursos financieros y a propiciar la capacitación y la transferencia de tecnología para ayudar a los países, en particular a aquellos en vías de desarrollo, a proporcionar un suministro de agua potable y saneamiento saludable, limpio, accesible y asequible para todos. 

“El agua es un bien imprescindible para el equilibrio de los ecosistemas
y la supervivencia humana, y es necesario gestionarla
y cuidarla para que no se contamine ni se pierda”.

Papa Francisco, en mensaje enviado al director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), con motivo del Día Mundial del Agua, el 22 de marzo de 2019

El tiempo ha pasado y los datos siguen siendo alarmantes. Si bien se ha conseguido progresar de manera sustancial a la hora de ampliar el acceso a agua potable y saneamiento, existen miles de millones de personas (principalmente en áreas rurales) que aún carecen de estos servicios básicos. En todo el mundo, una de cada tres personas no tiene acceso a agua potable salubre, dos de cada cinco personas no disponen de una instalación básica destinada a lavarse las manos con agua y jabón y más de 673 millones de personas todavía defecan al aire libre.

La pandemia de covid-19 ha puesto de manifiesto la importancia vital del saneamiento, la higiene y un acceso adecuado al agua limpia para prevenir y contener las enfermedades. El lavado de manos, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es una de las acciones más efectivas para reducir la propagación de patógenos y prevenir infecciones, incluido el virus de la covid-19. 

Los organismos internacionales e instituciones como la iglesia Católica se han comprometido en el cuidado del planeta y contra su degradación, han ido expresando la necesidad de ver el problema del acceso al agua de todos y todas para el desarrollo de los pueblos: “El acceso a este bien es un derecho humano fundamental, que debe respetarse pues está en juego la vida de las personas y su misma dignidad” (Carta enc. Laudato si, 30). 

Como parte del desarrollo sostenible en la seguridad alimentaria, el agua es fundamental. El ganado y los cultivos necesitan agua para crecer, la agricultura requiere grandes cantidades para riego, además de agua de calidad para los distintos procesos productivos. Es por esto mismo que el sector agrícola se posiciona como el mayor consumidor de agua del planeta, dada su función productiva, no solo de alimentos sino también de otros cultivos no comestibles como el algodón, el caucho o los aceites industriales, cuya producción no deja de crecer. El riego demanda hoy en día cerca de 70% del agua dulce extraída para uso humano. 

En el año 1948, la Declaración Universal de los Derechos Humanos declaraba el derecho de todos a una alimentación adecuada, en las zonas rurales de muchos países en vías de desarrollo. Acceder a alimento adecuado depende de forma sustancial del acceso a los recursos naturales, incluida el agua, necesarios para su producción. En 2010, la Asamblea General de Naciones Unidas declaró el acceso seguro al agua potable y al saneamiento como un derecho humano, pero el derecho a la primera en el contexto del derecho al alimento es una cuestión compleja: mientras el agua de boca y el agua para cocinar sí se verían protegidas, no lo serían los niveles mínimos de agua necesarios para la producción de alimentos en algunas zonas. 

En 2050 habrá agua suficiente para producir los alimentos necesarios para una población mundial que superará 9.000 millones de personas, pero el consumo excesivo, la degradación de los recursos y el impacto del cambio climático reducirá el suministro de agua en muchas regiones, especialmente en los países en desarrollo. Así lo advirtió la FAO y el Consejo Mundial del Agua (CMA) en el informe «Hacia un futuro con seguridad hídrica y alimentaria» (Towards a water and food secure future), en el que pide políticas gubernamentales e inversiones de los sectores público y privado para asegurar que la producción agrícola, ganadera y pesquera se realice de forma sostenible y contemple a la vez la salvaguarda de los recursos hídricos. Estas actuaciones son esenciales para reducir la pobreza, aumentar los ingresos y garantizar la seguridad alimentaria de muchas personas que viven en las zonas rurales y urbanas, según destaca el estudio.

«La seguridad alimentaria e hídrica están estrechamente unidas. Creemos que desarrollando los enfoques locales y con las inversiones adecuadas, los líderes mundiales pueden asegurar que habrá suficiente volumen, calidad y acceso al agua para garantizar la seguridad alimentaria en 2050 y más allá», señaló Benedito Braga, presidente del CMA, en el 7º Foro Mundial del Agua 2015.

Hay suficiente agua disponible para las necesidades futuras globales, pero este escenario esconde enormes áreas de absoluta escasez, que afecta a miles de millones de personas, muchas de las cuales son pobres y desfavorecidas. Desde una visión-acción de desarrollo sostenible, son necesarios cambios fundamentales en la gestión y las políticas a lo largo de toda la cadena de producción agrícola para garantizar el mejor uso posible de los recursos hídricos y responder así a la creciente demanda de alimentos y de otros productos agrícolas. 

En nuestro país hay una política pública que comienza a dar pasos para ubicar el agua como derecho humano, en la agenda de la gobernanza. Por todo lo expuesto, el Poder Ejecutivo, mediante un decreto, decidió crear, en febrero de este año, el Instituto Universitario del Agua (https://www.telam.com.ar/notas/202101/542981-con-un-decreto-firmado-por-el-presidente-se-creo-el-instituto-universitario-del-agua.html). Este instituto, que fue soñado y diseñado desde hace mucho tiempo en nuestro territorio, hoy se hace realidad. Según surge del decreto, el Instituto Universitario del Agua tendrá una oferta académica amplia, con planes de estudio que abarcan las licenciaturas en Gestión de Recursos Hídricos y en Gestión Ambiental; las ingenierías en Recursos Hídricos y Ambiental; y las especializaciones en Gestión de los Recursos Hídricos, en Hidráulica Urbana, en Ingeniería Sanitaria y en Gestión de los Recursos Hídricos de Llanura, además de carreras de posgrado.

Gestionar, capacitar, concientizar, distribuir, generar políticas y tecnologías que se den en el marco del desarrollo sostenible, serán acciones que juntas capaces ser efectivas a la hora del cuidado de la “casa común”; y en este tema, será el cuidado, la redistribución y el saneamiento de nuestra agua lo que nos mantendrá en desarrollo y producción sostenible. 


(*) Licenciada en Enseñanza de Ciencias del Ambiente. Profesora de sociología e integrante de la Red de Mujeres en Diálogo Ambiental

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