“Competitividad sin igualdad es un camino sin destino”

Jorge Colina, del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa)

Pese a que desde 2003 se produjo en el país una importante mejoría en la distribución del ingreso, que lo colocó muy por encima de otras naciones de la región, como Brasil o Chile, la consecución de mayores niveles de igualdad sigue siendo una materia pendiente para la economía argentina. Y esta asignatura debe marchar a la par de otro objetivo importante –en el cual también se avanzó, pero aún falta mucho-, que es la competitividad del aparato productivo nacional.

Según la perspectiva de Jorge Colina, investigador del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), “competitividad sin igualdad es un camino sin destino”, por lo que reclamó no quedarse solamente en la asistencia social como herramienta para mejorar la distribución del ingreso sino también intervenir sobre el mercado laboral, transformar la estructura tributaria y estrechar el vínculo entre el sistema educativo y las empresas. En ese sentido, consideró que la Asignación Universal por Hijo (AUH), implementada a finales de 2009, “es inoperante como herramienta para mejorar la distribución de los ingresos”, aunque valoró su efectiva llegada a las familias de menores recursos.

De paso por Córdoba, el economista abordó el tema, para lo cual retomó parcialmente la conferencia que ofreció la semana pasada en el último Coloquio de IDEA. Según su análisis, desde 2003 se registró en el país “un proceso sostenido de crecimiento de la igualdad”.

Medida la distribución de los ingresos según el Coeficiente de Gini -que establece un valor 0 a una sociedad plenamente igualitaria y un valor 1 para otra absolutamente desigualitaria-, Argentina pasó de un valor de 0,53 en 2003 -el año más desigual de las últimas cinco décadas- a otro de 0,45 en 2010. Esto significa, de acuerdo con la estimación de Idesa, que aún existe el mismo nivel de desigualdad que en el período 1992/94, pero en procesos francamente opuestos: por aquellos años la tendencia era el incremento de la desigualdad, y ahora es la inversa.

“Esta situación podría llegar a mejorarse un poco por la AUH, pero aún hay que esperar para verificar ese proceso, no lo conocemos”, indicó Colina. Con este desempeño en lo que respecta a distribución del ingreso, el país se ubica en una posición mucho mejor que Brasil -donde la desigualdad se redujo de 0,56 a 0,52 desde 2003- y que Chile -donde cayó de 0,53 a 0,51 en esos años-. “Argentina siempre tuvo mejor distribución del ingreso que Brasil y Chile”, aseguró el economista, quien aclaró también que de todas maneras el país está lejos de los niveles de igualdad que muestran sociedades como la italiana, la española o la finlandesa.

Impacto de la AUH
Según el análisis de Jorge Colina, los distintos planes de asistencia social llegan efectivamente a los hogares más pobres y su impacto se ha incrementado de manera rotunda a lo largo de 2010 a raíz de la AUH. Pero estos planes “no van a modificar la estructura de la distribución del ingreso; sirven para ayudar, pero no revierten la situación”, opina.

Entonces, su propuesta es transformar algunas de las características actuales del mercado laboral argentino y, sobre todo, “mejorar la tasa de participación de la población” en ese mercado, pues habría una enorme cantidad de personas -fundamentalmente en los hogares de menores ingresos- que no participan del mercado laboral -es decir, no tienen ni buscan trabajo, por razones muy diversas-. De hecho, por ejemplo, según los propios datos oficiales, en los hogares de menores ingresos cerca de 30% de los jefes de hogar no participa del mercado laboral y esa exclusión asciende a 60% en el caso de los cónyuges.

La otra variable a transformar, según Idesa, es el nivel alcanzado en el sistema educativo. “Si los chicos no terminan la secundaria, en su gran mayoría no van a participar del mercado laboral, y si lo hacen, van a ser informales”, sintetiza Colina. Para evidenciar la gravedad de la situación indica que si en 2003 ingresaron 735 mil jóvenes a la escuela secundaria en el país, de ellos sólo egresaron 268 mil en 2009, lo que evidencia que 467 mil jóvenes se retrasaron o abandonaron la secundaria.

Las salidas
“¿Qué hacen los países que pudieron combinar exitosamente la competitividad con la equidad?”, se pregunta Colina. Para sorpresa de muchos, descartó de entre esas naciones a Chile, donde los niveles de desigualdad se mantienen aún muy altos. “La salida ‘a la chilena’ no combina estos dos objetivos, al menos por ahora”, agrega.

Según el análisis de Idesa, estos países que lograron cumplir ambas metas, en primer término “basan sus estructuras impositivas en el Impuesto a las Ganancias de las personas, tratando de evitar los impuestos al empleo”. Nombró como ejemplos a Australia o Canadá, países industrializados que -al igual que Argentina- tienen economías basadas en sus recursos naturales.

Ellos evidencian una fuerte presión impositiva –medida con relación al PIB- sobre la ganancia de las personas -de entre 11% y 12%, cuando en Argentina es de 1,7%- y una baja presión sobre las cargas sociales –que no existe en Australia, es de 4,8% en Canadá y de 6,9% en Argentina- y otros impuestos que impactan sobre el proceso productivo -con una presión de alrededor de 12%, mientras en Argentina es de 20,4%-.

Por otro lado, los países que han hecho posible combinar competitividad con equidad “basan sus sistemas educativos en una vinculación estrecha y permanente con las empresas”, pues tienen un alto porcentaje de estudiantes secundarios que hacen prácticas en las empresas y continúan trabajando allí, sin pasar por la universidad. “El paso de los alumnos por las empresas es lo que genera empleabilidad. El sistema educativo argentino está muy pensado para quien tiene previsto y puede ir a la universidad, pero no para los otros”, opinó el economista.

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