El sector vitivinícola exige políticas sectoriales para recuperar su crecimiento

Un caso de particular interés es el de ese tipo de vino, que los últimos dos años registró una caída de ventas de 17 por ciento frente al 15 por ciento del resto

Frente al complejo contexto actual por la caída del consumo, la cadena vitivinícola -conformada por 800 bodegas y 17.000 productores de uva, distribuidos en 18 provincias argentinas y con llegada a más de 120 países- requiere de políticas sectoriales específicas para recuperar su crecimiento en el mercado interno y externo.
Así lo manifestó Ángel Leotta, presidente de la Corporación Vitivinícola Argentina, quien reveló una caída importane en las ventas del sector.
Un caso de particular interés es la del vino espumante, que los últimos dos años registró una baja en la venta de 17% frente al 15% del resto de los vinos.

“Este tipo de vino se encuentra actualmente camino a perder una modificación impositiva que le permitió, en el período 2005/2015, a través del Programa de Expansión del Sector Vitivinícola, invertir durante diez años el equivalente a 125% del impuesto, agregando además que las referidas inversiones no podrían ser inferiores a 150 millones de pesos: en esos diez años se invirtieron más de 1.700 millones de pesos”, subrayó Leotta.
Este programa hizo posible crecer significativamente tanto en volumen fraccionado como en cantidad de bodegas, pasando de 22 millones a 45 millones de litros, y de 61 bodegas fraccionadoras de espumantes a 133, en 2016.
“Es decir que el crecimiento estuvo motorizado por un aumento del número de empresas que ingresaron al negocio de los espumantes, pasando de un mercado muy cercano a la concentración a uno diversificado”, agregó el directivo.
Además, el análisis de las ventas por color señala que más de 91% correspondió a vinos espumantes blancos y el restante 9% a rosados y tintos.
“Estos datos son importantes porque el incremento en las ventas de vinos espumantes blancos (la mayor proporción) ha contribuido al equilibrio del mercado de uvas, especialmente de las blancas, como así también a elevar los ingresos de un sector de la producción primaria que se ha visto en dificultades en los últimos años”, reveló Leotta.
Por otra parte, se registró una oferta más diversificada que ha incorporado cambios en la presentación, opciones con menor graduación alcohólica y mayor presencia en diferentes segmentos de precios, mostrando esto último que los vinos espumantes no son ya productos de lujo.
Así, aquéllos adquieren mayor participación en el mercado argentino: del 1,7% del total de vinos despachados en 2005 pasó a representar 4,8% en 2016.
“Pero esa realidad podría cambiar si no se logra que el vino espumante quede definitivamente fuera del ámbito de aplicación de la Ley de Impuestos Internos a los productos suntuarios”, destacó.

Desde sus características intrínsecas como producto derivado de la uva, el vino espumante es un tipo de vino y por ello demandan que no debería tributar impuestos internos, tal como ocurre con el resto de las bebidas vínicas.
“Más aún, el vino argentino fue declarado por Ley 26.870 como la Bebida Nacional, título que incluye a los vinos espumantes, y que representa otro fundamento para eliminar su gravamen interno ya que el objetivo central es la promoción de las economías regionales relacionadas con la vitivinicultura y una carga tributaria va a contramano de ese objetivo”, concluyó el empresario.
En conclusión, el sector manifiesta que “resulta imperioso adecuar la legislación a las características que han adquirido los vinos espumantes argentinos en los últimos años y contribuir desde las políticas tributarias a su promoción y expansión por el bien de la Argentina”.

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