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“Sabía que lo iban a matar y me pidió que tuviera mucha fuerza”

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La viuda de Pablo Balustra relató las torturas que sufrió su marido cuando estuvo detenido, sus infructuosos pedidos de ayuda a la Iglesia y su largo peregrinar para encontrar el cuerpo.

“Pienso que mi vida a partir de ahora puede cambiar, espero justicia señor, espero justicia, esto es lo único que hoy puedo hacer por mis hijos y mis nietos (…) le agradezco la oportunidad de poder estar hoy acá”, le dijo Rosario Rodríguez al juez Jaime Díaz Gavier cuando terminó de declarar en la sexta audiencia del juicio a Jorge Rafael Videla y a Luciano Benjamín Menéndez, junto a otros 29 represores.

Rodríguez es la viuda de Pablo Balustra, una de las 31 víctimas que murieron en los fraguados intentos de fuga, durante la última dictadura militar. Tenía dos hijos cuando su esposo fue detenido el 17 de julio de 1975. Su marido era delegado de Obras Sanitarias y militaba en la Juventud Peronista, era un hombre “humilde”, “buen padre” y el “amor de mi vida”, según Rodríguez se encargó de contarle al tribunal.

Su testimonio dejó un sabor amargo a todos los que escucharon en la sala de audiencias cómo fue su largo peregrinar para intentar salvar a su esposo. Entre ellos estaban sus hijos, Pablo y Enriqueta, que tenían 5 años y 6 meses, respectivamente, cuando su padre fue detenido por los militares.

Balustra estuvo varios meses preso en la ex D2, después fue trasladado a la UP1, lugar donde su mujer pudo visitarlo hasta el golpe de Estado del 24 de marzo del 76. Según contó, recién lo volvió a ver dos meses después, cuando el hermano de otro detenido le avisó que estaba internado en el Hospital de Urgencias.

“Fui con mi madre y mi hermano y allí estaba, era un pegote total, tenía un olor impresionante, tenía mugre de muchos días, no podía mover su brazo ni su pierna, hablaba mal, le dimos de comer, comía con desesperación (…) yo no me quería mostrar mucho porque estaba clandestina ahí adentro (…) me dijo que extrañaba a sus hijos, que él sabía que lo iban a matar y que tuviera mucha fuerza”, recordó.

Después de ese episodio, Balustra volvió a la cárcel hasta que lo mataron. “Un día fui a verlo y me dijeron que había sido trasladado, ahí comenzó la larga peregrinación”, aseguró la mujer.

Puertas cerradas
Durante una semana Rodríguez buscó a su marido. Dijo que pidió ayuda a monseñor Primatesta pero nunca la atendió. Finalmente, el Tercer Cuerpo del Ejército le entregó un certificado de defunción para que retirara el cuerpo de su esposo de la morgue del Hospital Córdoba. “Cuando me levantaron la sábana, ahí pude ver el cuerpo de mi marido, la persona que tanto quería. Tan pulcro era; lo vi lleno de pasto y arena (…) le faltaba el ojo izquierdo y tenía un hueco acá, en el medio de la frente, pedí que me mostraron el resto del cuerpo, pero no quisieron y me lo entregaron a cajón cerrado”, dijo, entre lágrimas.

La mujer recordó que en la morgue había unos 25 cuerpos, todos NN, que no habían sido retirados por sus familiares.

Además de Rodríguez, también declaró ayer Marta Díaz, viuda de Eduardo Bártoli, y María Cristina Díaz, hija de Eduardo Florencio Díaz.

Otra vez contra Rueda
Al comenzar la audiencia, el ex D2 Carlos Yanicelli volvió a cargar contra el presidente de la Cámara Federal de Apelaciones de Córdoba, Luis Rueda. Tal como lo hizo la semana pasada, presentó una nueva fotografía en la que aparecía Rueda junto a él, su hermano -el abogado Raúl Yanicelli-, el también acusado Luis Alberto Rodríguez y otras personas, en una supuesta reunión de Inteligencia en Aeronáutica.

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