El mediador, principal herramienta del proceso

Por Gabriela Magris * - Exclusivo para Comercio y Justicia

La posibilidad de utilizar cualquiera de las herramientas que aprendimos durante toda nuestra capacitación para ser mediador -e incluso durante el ejercicio propiamente dicho de tal actividad-, depende de que “yo” (el mediador) esté en condiciones de aplicarlas bien y en el momento adecuado.

Cuando los mediadores nos encontramos ante situaciones difíciles, debemos recurrir a dos cuestiones muy importantes para sobrellevarlas y avanzar en el procedimiento: mantener la conexión y apelar a la confianza.

1. Conexión a) Si estoy conectado conmigo mismo, si sé lo que me pasa y cómo funciono en las interacciones con las partes, puedo intervenir en mí mismo internamente, ajustarme, y entonces mi capacidad para operar desde el rol de mediador crece exponencialmente. b) Si estoy conectado con los otros, me resulta mucho más fácil “leerlos” y construirme hipótesis sobre lo que les pasa y de qué manera podría intervenir en ese momento. Y darme cuenta de si mi hipótesis funciona o es rechazada y debo cambiarla.

2. Confianza a) Si siento confianza en mí mismo y que estoy habilitado para hacer lo que estoy haciendo, tengo a mi disposición todas las herramientas de mi profesión. b) Si he generado confianza en las partes, y ellos me han habilitado para intervenir en su conflicto, tengo a mi disposición todas las herramientas de mi profesión. Si ellos desconfían de mí como mediador, cualquier cosa que yo quiera hacer será resistida.

La conexión es algo que se siente y no que se piensa y emerge del hecho de que nos importa la gente; es necesario “tener ganas” de conectarse, hace falta “disposición” y apertura para aceptar al otro como alguien diferente y disponibilidad para mantener la atención puesta en él. El respeto (mirar y volver a mirar al otro) es el eje de la conexión; activadores de la conexión, entre otros, son: la mirada que encuentra al otro en el contacto visual, (los ojos son la ventana del alma); los gestos y la actitud corporal que ayudan a entablar una danza de interacción con el otro y crear afinidad, porque hay sentires comunes; la escucha que genera la sensación de ser escuchado, advirtiendo los estados de ánimo y necesidades del otro; la cortesía y un ambiente hospitalario; actuar con “transparencia y espontaneidad” (quitarse las máscaras).

Si bien hay poco escrito sobre la “confianza”, me parece oportuno enumerar algunos de los activadores tanto de la confianza como de la desconfianza, que surgieron del trabajo en taller de un grupo de mediadores experimentados. Se pueden concentrar en el análisis del tipo de lenguaje, mirada, preguntas o discurso; entonces generará confianza un lenguaje corporal distendido y comprometido, una mirada tranquila, atenta, franca y sostenida, preguntas cálidas y un relato fluido y espontáneo. También activará la confianza que el mediador no se vea improvisado, demuestre preparación previa a la reunión y se predisponga responsablemente para dirigir el proceso.

Las situaciones difíciles en mediación son tales porque sucede un “asalto emocional” que afecta a alguna de las partes y/o al mediador. La única manera de abordarlo es articular una fuerte conexión, un sentimiento de confianza y concentrarse en cómo manejar esa situación difícil, así la conexión permite entender qué pasa, uno se conecta consigo mismo y se puedes ver, se conecta con el otro y lo puede ver. La confianza permite intervenir. En uno mismo, genera contención y habilita para dar el siguiente paso. Generar confianza en el otro permite darle contención y habilita para producir un cambio en la situación. Enfocarse en manejar la situación difícil marca el rumbo a seguir.

Puesto en la práctica, si aprendemos a conectarnos con nosotros mismos, a conocernos como personas y como profesionales y a tenernos mayor confianza, podremos enfrentar las situaciones difíciles sabiendo que son tales porque algo de nuestra identidad se moviliza en ellas. Y si entendemos qué es -por ejemplo, sentir descalificación o temor- podemos aplicar alguna reestructuración que pueda servir en ese momento, tal como “este señor me descalifica a mí porque él tiene miedo” (reencuadre) o “es normal que ella me grite porque no aprendió otra forma de reaccionar” (normalización) o “mi temor es un reflejo que viene de situaciones personales que en realidad ya he superado y esta situación concreta es sólo un eco vacío de contenido” (connotación positiva). La reestructuración es para generar cambio. Y el supuesto operativo es que en el sistema mediación, si el mediador puede operar un cambio positivo en sí mismo, modifica el sistema positivamente, generando una opción de salida en la interacción con el otro.

Porque en definitiva, el ejercicio de la mediación es un asunto de personas, de seres humanos que lidian con sus limitaciones, con sus supuestos limitantes, con sus traumas y sus emociones entramadas en interacciones en las que nuestra tarea y nuestro compromiso es desenredar lo posible para facilitar el crecimiento.

* Abogada, mediadora

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