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El juramento de un perro

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Por Luis Carranza Torres * y Carlos Krauth **

¿Quién puede discutir que estamos en tiempos de cambios? No caben dudas de que el cambio es necesario e inevitable, lo que obliga a adaptar nuestras conductas e incluso pensamientos a nuevas formas de vida. Sin embargo, no todo cambio está justificado ni tiene razón de ser. Esta realidad se aplica a todos los ámbitos, incluidos los más formales.

Una práctica histórica que se ha ido respetando, aunque evolucionando, es la toma de juramento. Con un origen religioso, fue adoptándose esta costumbre por la sociedad civil, como una exigencia o requisito que deben cumplir aquellas personas que pretenden adquirir ciertos derechos, ejercer algún cargo o función, o contraer alguna obligación.

Como hemos dicho, esta práctica ha ido variando a lo largo del tiempo, hecho que se refleja en la modificación o ampliación de sus fórmulas. Desde el tradicional jurar por Dios, la Patria y los Santos Evangelios se ha incorporado una variedad de patrones que respetan los sentimientos y diversas creencias de los individuos. Así llegamos en la actualidad -entendemos, de una manera desproporcionada- a escuchar que se jura por cualquier cosa; hasta hemos escuchado a legisladores jurar por Maradona u otros personajes históricos.

Entendemos que el cambio respetuoso de las convicciones individuales en materia de creencias cardinales era necesario, como también creemos que el jurar por trivialidades o por motivos fútiles, le quita seriedad y valor al compromiso de ejercer con responsabilidad y honestidad la función y los derechos y obligaciones que se adquieren a partir de su formulación.

Hace unos días nos dimos con una noticia que nos ha dejado más que sorprendidos: en el Poder Judicial de Neuquén, se le tomó juramento a un perro.

Conforme informa el portal de noticias neuquino “jus”, el perro llamado “Oreo” se incorporó al poder judicial de esa Provincia “para que preste servicios en el Área Infanto Juvenil del Gabinete de Psiquiatría y Psicología Forense del Poder Judicial de la provincia”. Ese ingreso ocurrió en el marco del convenio de colaboración celebrado entre el Ministerio Público Tutelar de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Tribunal Superior de Justicia de Neuquén. La idea es que sirva “como un recurso terapéutico destinado a los niños, niñas y adolescentes que concurren a dicho organismo, para participar de una entrevista en cámara Gesell, por ser víctimas o testigos en alguna investigación judicial”. Participaron del acto la presidente del Tribunal Superior de Justicia, María Soledad Gennari, el vocal Germán Busamia y la defensora General Vanina Merlo, entre otros funcionarios judiciales de distinta jerarquía.

Más allá de lo útil y necesario que seguramente será el uso de Oreo en la terapia que se siga a menores, entendemos que la toma de juramento es una muestra de sobreactuación que afecta la seriedad de la justicia y del acto de juramento en sí.

En este último caso, porque el jurar significa un compromiso de entidad que adquiere una persona que se supone que tenga la capacidad de comprender lo que está haciendo. Hacer que un animal jure desacredita el acto, que -vale aclarar- ya es criticado por muchos que sostienen que es una imposición atentatoria contra los derechos individuales. ¿Se le podrá hacer algún reproche ético o legal a Oreo si no cumple debidamente con su función?

Llama a la reflexión, además, que en ámbito donde deba establecerse la verdad en situaciones realmente delicadas, se “actúe”, dicho en el mejor de los sentidos histriónicos, de tal forma una mentira. Porque si a alguien se le ocurre que realmente el can del caso puede jurar, que se ha llevado a cabo dicho acto entendiendo que se estaba prestando un juramento, estamos realmente en problemas.

El otro día, hablando con un veterinario reconocido, nos decía: “Querer los animales es una cosa, y tratarlos como si fueran humanos es otra muy distinta. Siempre entraña un problema, no del animal sino del dueño a nivel psicológico. Hay una carencia, un trastorno por detrás, nueve de cada diez veces. También resulta perjudicial para el propio animal, que tiene otras necesidades”.

Además, lo más grave a nuestro entender, es la imagen de poca seriedad que deja el Poder Judicial de Neuquén. Basta con ver el video que se ha viralizado por las redes y que puede ser visto sin problemas por cualquiera: cómo los presentes se ríen de lo que están presenciando -tal vez no en forma de burla, pero sí como si se tratara de una gracia-, para confirmar nuestra afirmación.

Entendemos que en tiempos en los que el Poder Judicial ocupa los peores lugares en la consideración de los ciudadanos, sus miembros deben actuar con seriedad, decoro y austeridad. Ésa es una de las maneras en las que recobrará el prestigio perdido y que se condice con las necesidades de seguridad que le debe brindar a los ciudadanos y con el esfuerzo de muchos de los miembros del Poder Judicial que se toman su trabajo con la responsabilidad que corresponde.

(*) Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas.

(**) Abogado. Doctor en Derecho y Ciencias Sociales.

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