Desestiman mala praxis en caso de deceso por hemotórax espontáneo

El tribunal rechazó la apelación promovida por la madre del paciente y enfatizó que no se probó la responsabilidad del médico anestesista, en tanto se trató de un hecho inesperado e imprevisible

“Ni la mera frustración de la expectativa de recuperar la salud o el hecho de que surjan secuelas que empeoren el cuadro o circunstancias que ocasionen, en el peor de los casos, el fallecimiento, llevan por si solas a considerar que ha mediado culpa en la atención del paciente. Ello, por cuanto el tratante sólo compromete un accionar diligente y la aplicación de todos los medios a su alcance que la ciencia proporcione para obtener una curación o mejoría, según sea el caso, y no puede comprometer que no mediarán complicaciones o que habrá de producirse la cura”.
Bajo esa premisa, la Sala I de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil confirmó el rechazo de la demanda por mala praxis que A. E. promovió contra el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y médicos del Hospital General de Agudos “Bernardino Rivadavia”.
El hijo de la actora falleció a raíz de un hemotórax espontáneo, cuando fue sometido a una intervención para corregir una desviación del tabique nasal.
El tribunal estableció que tampoco podía atribuirse culpa si el tipo de patología, la posibilidad de curación, las diversas vías de abordaje en cuanto al tratamiento a seguir y/o la ausencia de protocolos específicos llevaban a una discusión científica en la que los profesionales no han arribado a un consenso médico.

“No se acreditó la responsabilidad del médico anestesista, en tanto se trató de un hecho inesperado e imprevisible”, enfatizó la alzada.
En ese sentido, basado en la totalidad de los peritajes realizados tanto en el expediente llevado a su conocimiento como en la causa penal, indicó que quedó probado que el paciente presentó un hemotórax espontáneo que derivó en un cuadro de “bradiarritmia de comienzo súbito”, generando un paro cardiorrespiratorio y, posteriormente, su fallecimiento.
Al igual que el a quo, concluyó que resultó imposible para los médicos intervinientes detectar a tiempo el hemotórax espontáneo que presentó el hijo de la reclamante, el que -según fue afirmado “categóricamente” por la totalidad de los especialistas- resultó un hecho inesperado e imprevisible.
“No se trata, aquí, de sumar conclusiones periciales sino de evaluar su resultado según las reglas de la sana crítica”, expuso el tribunal, recordando que en materia médica -y en cualquier intervención que requiere una anestesia total- pueden presentarse riesgos y complicaciones que no necesariamente guardan relación causal con la actuación del profesional sino que se deben a “contingencias propias de la naturaleza”; máxime teniendo en cuenta que una intervención exitosa se ve influida por factores propios del riesgo quirúrgico u otras circunstancias imposibles de prever y controlar.

A su turno, la accionante alegó que el fallecimiento de su hijo se produjo por falta de un cuidado adecuado de la vía aérea, la ventilación y la oxigenación durante la intervención quirúrgica. Apuntó contra el anestesista y otro médico, a quienes acusó de no se percatar del estado de hipoxemia, lo que cercenó las posibilidades de una reanimación exitosa.
El juez de grado rechazó la demanda con fundamento en la falta de prueba de una conducta negligente o demostrativa de impericia ya que, tanto el Cuerpo Médico Forense que dictaminó en la causa penal como el experto médico designado, no atribuyeron nexo causal entre el deceso y el accionar médico.
Sin éxito, al recurrir, la actora reprochó la “inadecuada” valoración de las experiencia de los médicos y demás elementos de prueba.

El tribunal estableció que tampoco podía atribuirse culpa si el tipo de patología, posibilidad de curación, los tratamientos a seguir y/o la ausencia de protocolos específicos llevaban a una discusión científica en la que los profesionales no han arribado a un consenso.

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