“La política económica va a ser casi una construcción del día a día”

El economista aseguró que el punto de equilibrio que se alcanzó con la política monetaria es artificial e indicó que el “puente” que se construirá hacia uno “sustentable” se hará de manera “artesanal”, probando medidas

Por Cecilia Pozzobon – cpozzobon@comercioyjusticia.info

Invitado por la Cámara de Comercio Exterior de Córdoba (Cacec) para disertar sobre “Argentina: El Plan de Estabilización. Balance parcial a dos meses de la puesta en marcha”, el economista Juan Pablo Ronderos, de la consultora Abeceb, dialogó con Comercio y Justicia y brindó un panorama sobre la economía nacional para 2019.

-¿Qué análisis se pueden hacer de la economía argentina?
-La palabra más importante hoy en la política económica es “estabilización”. Es lo único que está en la cabeza de los hacedores de política económica del Gobierno nacional, por ende, es el principal objetivo. Cualquier otro está en tercero o cuarto orden. En ese sentido, hay que pensar lo poco que puede hacer y está haciendo el Gobierno hoy para torcer lo que pasa en términos de actividad económica. Esta etapa es una etapa que va a seguir así por los próximo tres y seis meses, y eso va a hacer que tengamos un 2019 marcado por la heterogeneidad.
Será un primer semestre muy malo y uno segundo recuperándose, con una heterogeneidad sectorial en el que estarán mejor aquellos que se han visto favorecido por las exportaciones, o tienen un marco regulatorio propio o que tienen una recuperación como la del sector agropecuario luego de sortear un escenario muy malo. Ellos son los que van a empezar a mostrar crecimiento desde antes, mientras que los sectores que son más “mercadointernistas” van a tener un mal primer semestre y un segundo recuperándose de a poco.

-Respecto de la estabilización, el mundo no ve ese proceso y eso se evidencia en el índice del riesgo país ¿qué falta para que el índice baje y podamos decir que estamos estabilizados?
-Que nos crean. El riesgo país muestra lo poco confiados que están en que somos capaces de torcer las cosas. El mundo tiene que terminar de “comprar” la capacidad del Gobierno de ejecutar el plan económico. En la credibilidad actúan varias cosas: una es la fiscal, otra es la social y política en un año electoral, otra es la cambiaria que actúa en el mismo sentido (hasta hace poco el Banco Central tenía muy poca capacidad para intervenir) y después la incertidumbre puramente política (hoy por hoy el Gobierno no está en su mejor momento, según numerosas encuestas de opinión pública que indican que existe un escenario probable de que el Gobierno no gane las próximas elecciones).
Entonces, todo ese mix de no credibilidad, más el riesgo electoral, hacen que el riesgo país esté donde está, pese a que están cubiertos los vencimientos de todo 2019 y a pesar de que los resultados de los primeros meses del plan de estabilización son positivos. Además, existe algo adicional y es que este punto de equilibrio que se alcanzó no es sustentable, porque no se puede seguir equilibrando la macroeconomía como hasta ahora a costa de una actividad que se desploma.

-¿Cómo se arranca sin salirse del equilibrio?
-La verdad es que no se sabe cómo va a ser el camino. Creo que ni el Gobierno sabe. Va a ser casi una construcción artesanal la de este puente entre el equilibrio artificial y uno sustentable. Va a haber que ir probando la baja de tasa para ver cómo reacciona el dólar y cómo reacciona la actividad y cómo la actividad se aguanta o no lo político. La política económica va a ser casi una construcción del día a día.

-¿Cuáles son las preocupaciones que les llegan desde el sector privado?
-El nivel de actividad es la número 1, luego todo lo que impacta en ella, sobre todo la tasa de interés. En algunos casos también preocupa la competitividad afectada por las retenciones a las exportaciones y el financiamiento. Y, a largo plazo, la necesidad de saber hacia dónde va la política del Gobierno sobre la apertura comercial, la relación con Brasil, entre otras. Esas preguntas hacen notar que muchas empresas, las que no lo hicieron ya, quieren saber cómo adaptar sus modelos de negocios.

-Qué difícil transformar un modelo de negocio cuando se supone que la economía va a ser tan artesanal…
-Sí, es cierto, pero también es cierto que es mejor hacerlo en este momento y no cuando la cosa ya esté mejor, porque la transformación lleva su tiempo. En algún momento hay que tomar la decisión y, a veces, cuando las cosas duelen, es más fácil. Me refiero a decisiones como reducir costos, buscar nuevos mercados, reducir personal, entre otras y eso para empresas que estén sanas, porque aquellas que están más complicadas, más que pensar en un cambio en el modelo de negocios deben pensar en un plan para sobrevivir. En ese sentido, creo que el año que viene debe ser un año para prepararse, para aprovechar la recuperación o los números positivos que van a comenzar a aparecer recién a fin de año.

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