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EEUU vs. China: no es la política, es la economía

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La reciente decisión del Gobierno de Estados Unidos de aumentar los aranceles a los vehículos eléctricos y otros productos de tecnologías limpias provenientes de China tendría serias consecuencias negativas para los esfuerzos globales de descarbonización y la transición hacia una nueva matriz energética, opinó el investigador cordobés y profesor universitario José María Resiale.
La Administración estadounidense anunció recientemente un aumento de los aranceles a diversos productos chinos como vehículos eléctricos, baterías, células solares y microchips para la industria tecnológica, que en el caso de los coches eléctricos pasarán del 25 al 100 por ciento a partir del 1 de agosto, según información difundida en las últimas horas por la Oficina de Comercio Exterior del Gobierno del país norteamericano.
«Los nuevos aranceles impuestos por EE. UU. no deberían entenderse solo como una cuestión comercial, sino en el marco de una disputa tecnológica, dado el papel cada vez más competitivo del país asiático y su capacidad de producir bienes de alta tecnología», sostuvo un investigador cordobés especialista en industria automotriz china, en una entrevista con la agencia china de noticias, Xinhua.

A la medida de Tesla
La medida «afecta los objetivos globales de descarbonización y avance hacia una matriz energética más consonante con el medio ambiente», enfatizó el también profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).
Para el experto, la decisión se produce en medio de los incentivos fiscales a las firmas fabricantes norteamericanas para producir vehículos eléctricos o plantas de baterías de litio, los cuales no serán aplicables «sobre aquellos vehículos que utilicen insumos de países que son motivo de interés para Estados Unidos, haciendo claramente una referencia a China».
En versión de Resiale, dicha medida afectaría inclusive la competitividad de la propia industria norteamericana, ya que se reduce la posibilidad de permitir una cooperación intraindustrial entre empresas chinas y estadounidenses con el propósito de abaratar costos, dada la ventaja competitiva de China.
«Este panorama, considerando este reciente incremento en los aranceles, limita la disponibilidad de vehículos eléctricos en el mercado estadounidense y concentra la demanda en determinadas marcas, principalmente y fundamentalmente Tesla», apuntó Resiale.
«Si a ello sumamos el interés del sector petrolero estadounidense por frenar la transición hacia la electromovilidad, me parece que el camino hacia la descarbonización que pretende seguir Estados Unidos en fechas señaladas de 2050 no va a ser sencillo», agregó el también investigador en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

La ventaja tecnológica oriental
Resiale destacó la ventaja mundial actual del país asiático en toda su cadena de valor, afirmando que «en cuanto a los vehículos eléctricos, es China quien posee la ventaja competitiva, y no solo en cuanto a los vehículos eléctricos terminados, sino también a sus componentes. Me estoy refiriendo fundamentalmente a las baterías, uno de los insumos más importantes para la fabricación de los coches eléctricos».
Explicó que «China es líder en el desarrollo de baterías LFP (litio-ferrofosfato) que son entre un 20 y un 30 por ciento más baratas que las baterías NMC (níquel, manganeso y cobalto), y que también tienen entre dos y tres veces más de tiempo de vida útil».
Según ahondó, las baterías NMC son las más utilizadas en la mayoría de los vehículos eléctricos que no son chinos, por lo que el actual dominio tecnológico ha permitido a China fabricar vehículos a un menor coste, lo que se traduce en que estos pueden salir al mercado a un precio más bajo en comparación con los fabricados por la competencia.
Además, subrayó que la medida atenta contra las propias necesidades de la industria del país norteamericano para ganar terreno en la producción de este tipo de autos.
«Se puede advertir en las inconsistencias entre lo que son las necesidades a nivel industrial de Estados Unidos, de poder tener acceso a tecnología que permitiría reducir el coste final de los vehículos y, por otro lado, los diferentes intereses políticos en el marco, además, de un año electoral en Estados Unidos», señaló.
La medida estadounidense podría ser replicada por la Comisión Europea, que también está evaluando la imposición de aranceles a los vehículos chinos, ante lo que el experto también refirió que la competitividad de las firmas chinas es superior a las automotrices tradicionales de Europa y de Estados Unidos que, a su juicio, no han podido alcanzar ese grado de desarrollo.
«Entiendo que el imponer aranceles podría permitir a algunas economías, por un tiempo, justamente ganar tiempo para impulsar el desarrollo de vehículos eléctricos por parte de las firmas locales, pero también, desde mi parecer, va a ser muy difícil alcanzar el grado de competitividad de los vehículos eléctricos chinos en un plazo de tiempo corto», expresó Resiale.

Un camino de décadas
«Los esfuerzos individuales de las empresas pueden llevar varios años de investigación y de desarrollo y de conocimiento que se va acumulando; además, China tiene ya una historia de más de dos décadas invirtiendo en investigación y desarrollo de estos vehículos y también se distingue por una convergencia de intereses entre el mundo de la política y el mundo de los negocios», añadió.
Asimismo, refirió que China ha logrado que una variedad de empresas desarrollen autos eléctricos ofreciendo al mercado distintas marcas y modelos, algo que se distingue de la producción en países occidentales, donde el segmento generalmente está cubierto por una sola empresa.
Consultado sobre el desempeño que está teniendo China respecto del avance hacia la electromovilidad y los objetivos globales de descarbonización, el investigador señaló que las acciones del país asiático conducentes a la meta de neutralidad de carbono para 2060 demuestran que «están en camino de lograrse».
«Por ejemplo, entre 2012 y 2022 la participación de las energías limpias en la generación total de energía pasó del 7 por ciento al 17 por ciento, mientras que el consumo de carbón se retrajo 17 puntos. Entonces es cierto que aún queda mucho trabajo por hacer, pero también no se puede ocultar que China realmente está trabajando en pos de alcanzar los objetivos que ya señala», remarcó.
«China se encuentra en un proceso de transición que pretende modificar su matriz energética, transformar pautas de consumo y esos esfuerzos están siendo notorios; estos esfuerzos además se han traducido, por ejemplo, en el desarrollo de estas nuevas tecnologías que están permitiendo combatir el cambio climático, lo que constituye, sin dudas, un aporte en general para toda la comunidad», concluyó el experto.

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