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El blue sube 10% en lo que va del año y presiona a la inflación

HACIA ARRIBA. El aumento del precio del dólar dificulta los objetivos de Sergio Massa.
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Cotiza a más de $380, monto 10% superior a los $346 que costaba el 2 de enero y 21% por encima de los $314 con los que inició diciembre. Por esta presión, consultoras estiman la inflación de enero en 5,5%

El dólar libre (blue) superó esta semana $380 y en lo que va de enero y acumula una suba de 10%. Los tipos de cambio financieros también acompañaron la suba, especialmente el contado con liquidación, que terminó a $358. Aunque no puede hablarse de un desborde, en el Ministerio de Economía observan con inquietud que la brecha cambiaria otra vez volvió a superar 100%, lo que implica entrar en una zona más riesgosa. Uno de los principales efectos de esta nueva escalada del tipo de cambio es sobre el índice de inflación.

Detrás de la mayor presión sobre el tipo de cambio aparece la tradicional fuerte emisión monetaria de diciembre y la demanda de divisas de turistas que viajan al exterior. Al mismo tiempo, aumenta la preocupación por las dificultades crecientes del Banco Central para mantener el nivel de las reservas, sobre todo por el menor ingreso de dólares que habrá en 2023 a causa de la sequía que afecta a todo el país: en la primera quincena del año, las exportaciones de trigo cayeron 82% interanual, según la Bolsa de Comercio de Rosario.

Los datos preliminares del mes en curso muestran que el índice de precios subirá un nuevo escalón, después de haber marcado 5,1% en diciembre. Las estimaciones de algunas consultoras que miden la evolución de la inflación y se acercan en sus pronósticos al dato del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) muestran un piso de prácticamente 5,5%, que podría terminar más cerca de 6% según el comportamiento de algunas variables en la última semana del mes.

La suba del tipo de cambio claramente no ayuda al plan de desinflación que quiere llevar adelante el ministro Sergio Massa, quien no solo sostiene la meta de 60% anual sino que además insiste en que en abril el índice debe comenzar con un “3″ adelante, lo que hoy ya se anticipa de difícil cumplimiento.

El aumento de la brecha aumenta la expectativa de devaluación futura y también provoca más remarcaciones por aquellos que se quieren cubrir. Quizás el presidente Alberto Fernández hacía referencia a eso cuando habló recientemente de “inflación autoconstruida”: un reflejo de preservación y supervivencia. La falta de insumos importados por la escasez de dólares solo agrava los problemas, no solo porque cae la actividad económica sino porque incentiva fuertes remarcaciones: los pocos productos se venden más caros ante la falta de alternativas, el desenlace lógico de la escasez, tal como se aprende en cualquier curso de economía.

No es casual que consultoras y bancos que participan del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) calculen que la inflación de 2023 volverá a rozar 100%, muy lejos del pronóstico de 60% que el Gobierno fijó además en el Presupuesto 2023. Incluso algunas entidades como JP Morgan estimaron que este año la inflación podría terminar en 112%, muy lejos de las estimaciones de Massa.

La presión cambiaria y la suba de la brecha provocan mayores efectos sobre la inflación. Un posible índice de enero de 5,5% representaría el segundo rebote consecutivo desde el 4,9% de noviembre. Los alimentos no ceden a pesar de Precios Justos, y la carne ya empieza a recuperar el terreno perdido, lo que sumará presión en los próximos meses.

El Gobierno se enfrenta a dos situaciones bien diferenciadas en el comienzo del año. Por un lado, las acciones tuvieron un arranque espectacular en 2023, aceleraron incluso la tendencia alcista de los últimos meses del año pasado. Los bonos también operan en máximos de más de un año y algunas series sobrepasaron US$36, cuando a mediados del año pasado habían caído debajo de US$20. El riesgo país cerró a 1.825 puntos, manteniendo una tendencia a la baja.

Pero por otro lado aparecen datos que muestran mayor presión inflacionaria que afecta de manera directa el objetivo de Massa de promover una mejora del poder adquisitivo mediante los aumentos salariales pero al mismo tiempo una desaceleración de los aumentos de precios. Sin aumento de la productividad es imposible subir salarios sin que se trasladen a los precios.

A esto se le suma otro dato negativo de la actividad económica divulgado por el Indec: en diciembre hubo una nueva caída, ahora de 2,6% respecto al año anterior y de 0,7% con relación a noviembre. De esta forma, se avizora un escenario de estanflación, prácticamente una constante desde hace un lustro.

El anuncio del programa de recompra de deuda tuvo como objetivo no solo promover una disminución mayor del riesgo país sino aumentar la oferta de divisas, pero solo logró anestesiar el tipo de cambio por unos días ya que posteriormente retomó la tendencia alcista.

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