En Argentina, trabaja uno de cada 10 niños de entre 5 y 15 años

Algunos lo hacen en más de un lugar, sea para el mercado, para el autoconsumo o en labores domésticas intensivas. En el caso de los adolescentes de 16 y 17 años, esta cifra llega a 31,9% en el país

“El 10% de los niños y niñas de 5 a 15 años de todo el país realiza al menos una actividad productiva. En el caso de los adolescentes de 16 y 17 años, esta cifra llega a 31,9% a nivel nacional. Los principales motivos que los impulsan al mercado laboral están relacionados con la ayuda familiar y la necesidad de ganar dinero para sus gastos y los de su hogar”, afirma la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (EANNA), realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) y el ex Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, actual Secretaría de Gobierno de Trabajo y Empleo, con datos de 2016 y 2017.
En números absolutos, el relevamiento sostiene que cerca de 764 mil niñas y niños han realizado al menos una actividad productiva en la semana de la toma de datos.
La encuesta muestra que las distintas formas del trabajo infantil y adolescente están más extendidas en las zonas rurales. El trabajo mercantil tiene mayor presencia relativa en las áreas urbanas de las regiones Noroeste (NOA) y Noreste (NEA), y en áreas rurales de las regiones Pampeana, Cuyo y NEA. “Los trabajos más habituales entre los niños y adolescentes urbanos son el trabajo en negocios, talleres u oficinas por dinero y la construcción y reparación de viviendas. En las adolescentes urbanas tienen más prevalencia el cuidado de niños y personas mayores o enfermas, la limpieza de casas y la elaboración de comidas o productos para vender”, detalla el relevamiento.

En tanto, en las zonas rurales, más de la mitad de los niños y niñas que trabajan se dedican al cultivo o cosecha de productos para vender, el cuidado u ordeñe de animales, la ayuda en la construcción o reparación de otras viviendas y la ayuda en negocios u oficinas.
Las actividades principales entre los adolescentes rurales son el cultivo o la cosecha de productos con fines de venta, la ayuda en negocios, comercios o almacenes, la construcción o reparación de viviendas, la producción de ladrillos y el ordeñe y cuidado de animales de granja o de campo. Finalmente, con respecto a las actividades domésticas intensivas en el ámbito rural, son las adolescentes quienes se dedican en mayor grado a la realización de quehaceres domésticos y al cuidado de miembros del hogar.

Alejamiento de la escuela
En cuanto a la intensidad de la jornada laboral es un indicador que compite con el rendimiento educativo: entre los más chicos (5 a 15 años), un porcentaje menor en términos cuantitativos (8,5% en lo urbano y 6,1% en lo rural), pero con alta significancia social, desarrolla jornadas de 36 o más horas semanales a una edad en la que la mayoría de sus pares participa de forma exclusiva en el sistema educativo formal.
En tanto, entre los adolescentes de 16 y 17 años, la jornada de trabajo a tiempo completo se intensifica: algo más de uno de cada cuatro varones (26,3% del medio urbano y 26,6% del rural) equipara su tiempo de trabajo con el de un adulto ocupado de tiempo completo.
El estudio evidencia condiciones de trabajo desfavorables: a alrededor de uno de cada tres lo cansa la actividad que realiza; cerca de uno de cada tres señala que siente exceso de frío o calor al efectuar su trabajo; y una de cada cuatro niñas y niños urbanos desarrolla su actividad en la calle o algún medio de transporte.

La presencia de trabajo nocturno se intensifica en el medio urbano, principalmente entre las mujeres (16,6% de las de 5 a 15 años y 19,2% de las de 16 y 17 años declaran trabajar por las noches), a causa, fundamentalmente, de los trabajos de cuidados que ellas realizan. Entre las conclusiones del informe, se advierte que las brechas de ingresos laborales entre mujeres y varones adultos comienzan en la niñez y se profundizan en la adolescencia: mientras que las niñas —tanto urbanas como rurales— ganan un salario medio 22% inferior al de sus pares varones, entre las adolescentes la brecha salarial se intensifica. El salario medio de una adolescente urbana es 40% inferior al de los varones, mientras entre sus pares rurales la brecha alcanza 58%.

Condiciones peligrosas para los adolescentes

Son principalmente los varones quienes trabajan en condiciones ambientales precarias, las cuales pueden tener un mayor impacto en su salud. El 39,1%  dice trabajar en lugares donde hace mucho frío o mucho calor; 34% declara que hay polvo en su lugar de trabajo; 26%, que hay mucho ruido y 13,1% manifiesta que hay olores fuertes.

Destaca el empeoramiento en las condiciones del medio ambiente de trabajo en los adolescentes varones en comparación con los niños de hasta 15 años. En el caso de las mujeres, si bien con menor incidencia, casi 20% declara trabajar en condiciones de
temperaturas extremas. Adicionalmente, algunos adolescentes mencionan el uso de ciertos elementos de seguridad para protegerse de los riesgos que puede implicar el desempeño de su trabajo.

Expectativas

También se indagó sobre las expectativas de todos los niños y niñas (trabajen o no) para cuando cumplan 18 años de edad. Cuatro de cada diez (41,1%) desea dedicarse exclusivamente al estudio, con mayor propensión de las niñas (46,5% versus 35,9%). La
preferencia de trabajar exclusivamente al cumplir los 18 años de edad está más presente entre sus pares varones (24,8% versus 12,7%).

Incidencia por regiones: el norte, el más desfavorecido

En todas las regiones de Argentina hay trabajo infantil, pero la incidencia es mayor en el norte, donde se registran los índices de pobreza más elevados, así como también en las zonas rurales. Sin embargo, los mayores números absolutos de niños que trabajan se dan en la zona centro (regiones GBA y Pampeana) y, dentro de ellas, en las áreas urbanas y periurbanas.
La información que brinda esta investigación permitirá el diseño y elección de los instrumentos de políticas públicas que posibiliten distinguir diferentes situaciones, y apuntar a cada problemática con distintas herramientas.
La incidencia de este fenómeno se distinguen tres agrupamientos: el NOA y el NEA, con tasas mayores a 10%; el Gran Buenos Aires, la zona Pampeana y Cuyo, con tasas entre ocho y 10 por ciento; y, finalmente, la Patagonia, con tasas inferiores a ocho por ciento.
Esta lógica espacial de incidencia del trabajo infantil, mayor en el norte y menor en el sur del país, se verifica tanto en las áreas urbanas como en las rurales, y para las distintas modalidades de trabajo, su distribución por sexo y otras características, salvo algunas excepciones.
El trabajo mercantil entre los niños, niñas y adolescentes tiene mayor presencia relativa en las áreas urbanas del NOA y el NEA, y en áreas rurales de las regiones Pampeana, Cuyo y NEA. Las actividades de autoconsumo son más relevantes entre los adolescentes rurales del NEA y la región pampeana, y las actividades domésticas intensivas, con prevalencia femenina, cobran relevancia entre aquellos residentes urbanos del GBA, NOA y Cuyo, y rurales del NOA y NEA.

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